La vacación navideña
El árbol perfecto
El arbolito navideño perfecto no existe. Cuando recién casados me encargué de comprar uno de recién casados: artificial, chaparrón, medio flaco y en oferta. Le pusimos unas esferas verdes y naranjas y una extensión de luces del Costco de estas que no parpadean ni cantan: porque qué hueva.
Nomás tuvimos hijos y la historia cambió. El arbolito artificial y pinchurriento permaneció dos temporadas más, pero reforzado por una colección de 40 adornos / animalitos de peluche navideños, dos series de luces de colores adicionales que parpadean disparejas como con un tick psicótico nervioso, una colección de 20 figuritas de madera estilo “vintage” para decorar paredes yo creo…porque cuando se las cuelgas al árbol las ramas se van hasta el piso y el árbol se empieza a ver como desguanzado, además de que si se las dejas tienden a caerse al piso a las 3 de la mañana y te sacan un pedo de dimensiones colosales.
Esta navidad decidí comprar uno natural.
El pequeño detalle radica en que su seguro servidor es más alérgico que Paul Pfiffer en jardín botánico, lo que complicó un poquito las cosas y me provocó un catarro crónico de esos que agotan las servilletas, los kleenex y el papel de baño en un par de días. Sin contar el hecho de que todo el mundo me quiso curar una gripa inexistente con consejos útiles, extraños y otros francamente imbéciles, y aunado a la pequeña molestia que significa que mi papá nomás me escucha mormado y me manda a ponerme una chamarra (a mis 31 añitos...) la verdad es que el mentado árbol natural nos dio un buen servicio y aromatizó mi hogar más allá de mis alergias a adorable fragancia pino-terregoso que ahora ya está en mi lista cerebral de fragancias navideñas. Además le compré una base de estas re-utilizables así que siento el compromiso moral de seguir en la onda del árbol natural para desquitar mi compra.
El nacimiento
Pequeñito y donado por mi mamá (¿o fue acaso contrabandeado fuera de su casa?) el actual es de cerámica y se trata de la versión completa más básica: Un Señor San José, Una Virgen María, un Niñito Dios con pesebre incorporado, un burro, una oveja, un pastor, una vaca, un Melchor, un Gaspar y un Baltazar (que por cierto nunca he sabido cuál es cuál y aunque no me importa, siempre que lo desempaco me detengo a preguntármelo). Leyéndolo de vuelta parece un nacimiento muy completo, pero eso entonces menos explica por qué es que se ve tan pinchi en la casita esa de paja que lo ponemos en la mesita de la esquina. Ha de ser la falta de musgo y esta otra cosa musgosa que se le pone a los nacimientos.
El tema lo resolví comprando otro nacimiento: uno de Playmobil. La falta de pericia creativa para ponerlo y de ingredientes exóticos y perecederos como los musgos se compensa con monitos sonrientes y siempre bien peinados, un tejaban fácilmente sacudible* de toda mugre y polvo, una linterna de pilas que prende de verdad y el interés de mis hijos en el nacimiento por primera vez en sus vidas. Fue un éxito rotundo. Tan lo fue que cuando desmontamos la navidad en casa el nacimiento viejo se nos quedó arrumbado otros 15 días y nadie se había dado cuenta.
La cena navideña
¡Oh, maravilloso pavo! ¡Tú que desde la Nochebuena nos bendices con tu sabor y frescura y que para el 7 de enero nos tienes hasta la madre!
Y es que no se acaba. El de este año yo creo que más bien era avestruz o bien nos tragamos al Tinieblas de los pavos. Para la última semana me hice sándwiches tres noches al hilo. Lo terminé de matar con una variante mexicanísima que más bien fue estrategia como para quitarle el sabor a pavo con queso, aguacate, salsa huichol y pan blanco. Si, ya sé que suena bizarro. Sabía de poca madre.
Desde que estoy casado la cena navideña tiene otras dimensiones porque típicamente cenamos DOS veces – una en casa de mis suegros y otra en casa de mi mamá. Aplausos para ambas cenas, son maravillosas y tan memorables que me hacen esperarlas con ansia cada que se aproxima diciembre. Mención honorífica para el Plum Pudding: añeja delicia tradicional y casera ancestral de mi familia política. Por desgracia no puedo decir más porque no estoy autorizado ni tengo el apellido ni mucho menos los derechos, y no quiero que me censuren el blog a(demás creo que si hablo de más en torno a su preparación y tradición mi vida puede corre peligro…¡sssshhh!). Lo que sí les puedo decir es que es una alegría insospechada partirlo, prepararlo y comerlo, además de toda una experiencia participar del privilegio. Es como ser parte de un club muy privado que tiene un ritual exclusivo y muy dulce. Ya sé, ya sé: yo no soy ni exclusivo ni dulce. Me colé. :D
La vacación navideña
La temporada es magnífica en mi trabajo para tomar una semana y desconectarme del mundo del Microsoft Outlook y de las hojas de Excel. El pequeño Mateo tampoco va a la escuela naturalmente, por lo que es una época de disfrutarlo a él y a su joven hermanito-compinche a manos llenas desde las 7 de la mañanita y hasta las 8 de la noche que se andan durmiendo. Sí, esta es mi nueva definición de descanso. Como que no checa, ¿verdad? Ya sé. Pero se compensa con creces con ver a esas pequeñísimas personas disfrutar tu compañía como nunca en tu vida nadie te ha disfrutado jamás. Y se siente uno como muy importante. :D
El joven Mateo mostró interés por la cocina, ayudándome a preparar desayuno todos los días como huevito con jamón o hot cakes. Con ayuda de un banco se pone a mi lado y bate la masa con una cuchara, tira harina por todos lados, mete las manos nomás pa’ ver qué se siente para luego aburrirse y correr a sentarse a exigir que la comida ya esté lista…y cuando ya está lista entonces a exigir que ya esté partida… y cuando está partida a exigir que NO esté caliente…y es un ritual maravilloso. Cuando le gusta la comida lo celebra sacando un par de danoninos o petizoos del refri, porque como soy su compinche (o su pinche de cocina, todo depende) tengo que participar de la recompensa. Aborrezco los de moras azules y los de uva, pero NO tengo el valor de decirle a mi retoño que no me gusta y me lo trago sin hacer gesto y haciendo muy falsos sonidos de “¡¡¡mmmh!!!”
El joven Juan Pedro no muestra interés por la cocina, pero sí lo muestra por alimentarse solito. Se ríe y celebra la comida como buen hijo de su padre, pero se alimenta básicamente de manzanita, platanito, Gerber surtido y sopita de pollo. Todavía no tiene claro cómo funcionan bien las cucharas, por lo que justo antes de meterla en su boca la voltea para luego no explicarse cómo es que la comida acabó en su camisa y no en su boca…y la ve con ojos filosóficos. Si te arriesgas a intentar enseñarle o bien a darle de comer se pone bravísimo y lo más probable es que te va a intentar dar hasta con el plato. Yo lo dejo hacer y deshacer. Mi mamá le festeja que así sea, so pretexto de que “yo era igualito” y hasta me recomienda que le pongamos unos periódicos en el piso, pero yo nomás no me atrevo. Ni que fuera guacamaya.
Y luego jugamos
Mateo está en esa bellísima edad donde los objetos tienen personalidad y platican entre ellos. Por eso no es raro encontrarlo conversando con un carrito y un martillo platicando, saludándose, empujándose e incluso en un consejo sumario de carritos regañando y expulsando a otro mandándolo castigado “a la esquina”, pena máxima reconocida por la Suprema Corte de Justicia Materna y muy temida por los pillos. Luego a veces de repente a medio juego las leyes de la gravedad fallan y algún carrito o monito de Woody será levantado por los aires y pedirá ayuda a gritos para poder bajar, solo para ser salvado por Buzz u otro monito conducido por mi mano esta vez con heroica precisión y heroicas palabras como “¡Amigo! ¡Resisteeeeee!”
Juan Pedro por otro lado está en esa bellísima edad donde quiere jugar a ser su hermano. Lo admira muchísimo y quiere participar activamente en todo y hasta parece que se cree mucho porque estoy seguro que él cree que es Niño Grande :D Se sienta a jugar y se levanta, pisa los juguetes, atropella los carritos, avienta bloques y ocasiona un caos, lo que en el terreno de juego de Mateo es catastrófico y divertido porque los personajes sufren sorpresas inesperadas y hay drama.
El otro día jugábamos al “Puesto de Jugos y Café” donde con un montón de vasos infantiles en una mesita y algunos bloques, moldes y otros objetos simulábamos preparar capuchinos con canela, azúcar, sal, pimienta, chile y limón (porque parece que estos son los únicos ingredientes de los que Mateo tiene registro permanente). Mientras preparábamos un vaso de leche para mamá y usábamos un Megablock como salero para ponerle canela, se me hizo fácil recoger del piso un aro de estos Fisher Price que son de diferentes tamaños y que los bebés deben de poner en un poste de grande a chico. Y sucedió lo siguiente:
(Papá con expresión de negocios sacudiendo un aro de plástico amarillo encima de un vaso)
- Mateo: “¿Qué haces papi?
- Papá (con profesional postura de chocomilero experimentado): “Estoy poniéndole chocolate en polvo a la leche de mamá”
- Mateo (con expresión desorientada): “No papi. Eso es un toy de bebé…”
- Papá en “play mode”: “¡No hijito! ¡Es un bote con chocolate!”
- Mateo (con seriedad): “Papi…...NO”
- Papá (con la cola entre las patas): “Perdón hijo….”
Poquito faltó para que me dijera pendejo. Creo que por eso siempre que jugamos yo soy su asistente.
Héctor Daniel
· El autocorrector idiota de Microsoft Word insiste en que quiero escribir “sacudidle” :D JAJA!