Sábado 16 enero 2010 6 16 /01 /2010 21:43

Estúpida genética estúpida

 

Cada que me veo en el espejo por la mañana antes de bañarme observo cómo ha pasado el tiempo. El cuerpo no perdona ni una, y si bien el mantenimiento que le des es fundamental, la verdad es que tarde o temprano todo se arrugará, colgará o bien aumentará o disminuirá de manera extraña. A mis casi 30 años y acercándome a lo que estadísticamente es la mitad del camino, miro con ansiedad hacia dónde voy. Ni modo. Mi problema sin embargo no es con la edad ni sus efectos, sino con la marca genética que cargo, y que mi pequeño vástago (¡Oh, Mateo, perdóname!) también indudablemente lleva con él. Al pequeño le salen llantitas una encima de otra y se le junta gordito donde simplemente en un hombre no va. Herencia de su padre, quien a su vez lo heredó del suyo, y así de generación en generación estaremos condenados a pasar la antorcha del sello genético hasta que los muy proporcionados genes de algún sueco o sueca nos hagan el paro y terminemos con esto de una vez por todas. Algunas observaciones al respecto:

En cuanto a la cintura se refiere, la rondana esa que se forma justo por encima de la línea del pantalón no nos molesta tanto a los hombres. Lo que sí molesta es cargar con rondana sobre rondana, de tal manera que de espaldas, a la distancia y sin camisa parezcas más un Bubulubu que un magnífico ejemplar masculino del Homo Erectus. Yo por eso aborrezco al “Hombre Michelin”, tanto es mi desprecio que cuando salen sus comerciales procuro siempre mirar hacia otro lado. ¿El lavadero? El que quiera ver un lavadero que vaya y se compre alguna revistucha de esas de chismes de los famosos donde salen reliquias como los ex integrantes de Garibaldi, Eduardo Yañez o Pablo Montero en calzones imposibles por pequeños. Yo eso del lavadero nunca me lo conocí, y si lo tengo, ha de emular más a una pila de lavar llena de ropa sucia. Alguna vez tuve el estómago plano, pero tenía 21 años y estaba en la pura flor de la edad.  Desde ahí acumulé tanta vitalidad como mi sedentarismo de oficina me lo ha permitido. Y desde entonces todo parece de bajadita, pero como en tobogán.

Hablando de los muy masculinos pectorales, el término “man-boobs” desde que alguien lo pusiera de moda me parece inquietante e indigno. No hay que ser un genio para saber que, ejercicio o no, los que cargamos con ese peso lo tendremos hasta el final de nuestros días. La única salida es convertirse en fisicoculturista y con base en tortura de gimnasio y anabólicos poderosos arriesgarse a la esterilidad y esperar que se te pongan cuadradas. Pero todos sabemos que eso nunca sucederá. Sí, podrán bajar de talla con una buena dieta, pero nada más. Por esto hay tantos hombres en las playas caminando con los hombros hacia atrás y los brazos bien separados como si trajeran pistolas en las axilas. Es para disimular las chichis.

Importantísimo para tantas y tantas mujeres, el trasero es también un elemento genético que, trabajo aparte, es como es en su forma y figura por herencia. La forma y la tendencia a crecer o no la determina tu información genética y nada más. Sí claro, haciendo “desplantes” en el Gym puedes ponerlo más firme, pero siendo honestos a la única persona que le importa es a la mujer que guste de darte un apretón de vez en cuando, y eso no siempre ni a todos sucede.  El problemita viene con los que, sin deberla ni temerla, simplemente no tenemos nalgas ni para llenar un pantalón recto de Zara. En mi caso particular: vengo tan mal equipado en esa zona que de milagro no me veo “curvo-pa-dentro” cuando estoy de perfil. Los pantalones anchos tipo “Worker” de GAP o parecidos me nadan, aunque sean mi talla de cintura, y los de vestir con el “tiro” amplio me hacen ver como niño que necesita un cambio.

En la playa todos estos problemas  se agravan. Voltear a ver a los panzones con envidia no es precisamente lo más digno.  Sin camisa es mejor caminar despacio y la verdad: primero muerto que corriendo.  Que te tiemble la carne al moverte es de las experiencias más acomplejantes del mundo y sentirte como Gelatina Pronto pasadita de agua es simplemente triste. Lo chistoso es que cuando te pones el traje de baño y te vez en el espejo, lo primero que te viene a la mente es lo que tragaste anoche…como si por una pinche cenita hicieras ver mal tu traje de baño. En la playa ver pasar a señores de más de 40 años con un físico atlético envidiable saca a relucir lo peorcito de tu ser, cuando te descubres a ti mismo pensando cosas como: “Pinche viejo, ojalá le de un infarto en el gimnasio”, o bien: “Viejo pendejo, se ha de creer Julio Iglesias”.

Creo que ya me tengo que poner a dieta.

 

 

Héctor Daniel

Por Hector Grave - Comunidad: Escritores amateur
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Jueves 26 noviembre 2009 4 26 /11 /2009 15:43

Mateo ríe, crece y aprende

Mi pequeño heredero anda suelto. Se ha convertido en un monstruo gracioso con el que simplemente no me puedo enojar. Corre por toda la casa, grita, agarra juguetes y los avienta, abre los cajones y se lleva mis relojes a lugares inalcanzables para personas de más de 80 cm de estatura, avienta zapatos al WC, guarda sus botellas de lecha vacías donde van los calzones limpios y baila al ritmo de la canción de Two and a Half Men. En poquísimas palabras: el niño hace lo que quiere. Creo que mi hijo es feliz.

Ayer padecí mi primer episodio de estrés paterno porque resulta que mi pequeño ya está en edad de que lo inscribamos en la escuela. En realidad es “Maternal”, pero por lo que veo la cosa se pone un poquitín competitiva. Adrianita fue en calidad de “Reina Madre” del pequeño heredero a la escuela a pedir informes. Según me cuentan el escuincle fue invitado a pasar a un salón con niños de dos añitos de edad en clase. El niño se integró de maravilla, de inmediato corrió a alguna mesita de trabajo y se sentó a jugar con unos bloques y otras personas pequeñas de similar condición. Adrianita “La Reina Madre” sufrió su primer revés de ingratitud infantil porque según me cuentan el pequeño heredero pa’ pronto le mandó decir adiós con su manita y le dijo algo que traduce como “ahí mañana nos vemos Jefa…” que nadie, sino los Reales oídos de su madre, alcanzó a distinguir. La cosa no terminó ahí. Como se aproximaba la “hora del lunch”, los pequeños alumnos comenzaron a sacar de sus loncheras sus alimentos. Dice también el informe que recibí que Mateo se abalanzó sobre una pequeña niña vecina porque osó sacer de su lonchera un juguito “Ades”, elixir infantil favorito de Mateo y al que solamente él puede tener acceso. Aquí entró todo un proceso de negociación con el niño, con la pequeña poseedora legítima del juguito en medio, la maestra como mediadora y Mateo imponiéndose con base meramente física. A Adrianita “La Reina Madre” se le caía la cara de vergüenza, y fue solo por azar del destino que decidió buscar en su bolsa tamaño pañalera familiar (y que corroboro es más efectiva que la de Félix El Gato para sacar de ahí justo lo que necesitas) para encontrar un “Ades” igualito al que mi retoño pretendía descaradamente robar. Nunca falla. Cuando quiere uno exhibir los buenos modales de sus hijos, son los hijos los que lo exhiben a uno. Pero el pequeño heredero es precisamente eso: pequeño. Ya aprenderá. Un bebito no tiene modales, es simplemente un bebito. Y este es bueno.

Por higiene no batallamos. Al pequeño Mateo le fascina bañarse, tanto que si ve un depósito con agua corre a chapotear en él así llámese cazuela, tina de baño, lavamanos o escusado. ¿A qué niño no le gusta el agua? El mío cuando es hora de bañarlo corre a donde ponemos su tinita e intenta solito meterse en friega al agua caliente. Necesita ayuda naturalmente. Antenoche precisamente, como estaba muy caliente el agua, lo metí agarrado de las manos para que se fuera acostumbrando a la temperatura. Su respuesta fue tibia, con un ligero quejido de incomodidad, para luego ponerse a hacer pipi mega descaradamente en la tina y en mi persona. El pequeño heredero se moría de la risa, mientras yo intentaba perfilarlo de ladito con más enjundia que efectividad. Cuando por fin pude ponerlo de lado, el muy cabroncito ya había terminado, y decidió sentarse de lleno en su tina a disfrutar de su baño. Se seguía riendo. No existe otra persona en la faz de la tierra que me pueda mear encima y que encima de todo, me parezca lindo.

El niño también ya sabe coquetear y venderse bien. La semana pasada estábamos en Applebee’s y el mocoso sacó a relucir todo el catálogo de monerías para llamar la atención de una niña de 15 años en una mesa de atrás. Para hacerle honor a mi hijo: la niña estaba bonitilla. Sí, Mateo es tan solo un bebé, pero no por eso va a tener mal gusto. Mientras Adrianita “La Reina Madre” intentaba llamar su atención para darle de comer, Mateo la esquivaba hábilmente para ver a su conquista y hacerle ojitos, carcajadas fingidas y estudiadas, hola con su manita, “pon pon” y una combinación de todo esto. Ya que la chica volteaba, mi hijo se regocijaba riendo a carcajadas y derrochando felicidad. Adrianita “La Reina Madre” no tuvo más que batirse en retirada al aceptar que, como es natural en esta vida, pronto otras mujeres entran en los ojos de los hijos y que lo acababa de presenciar no era sino la punta del iceberg. Al retirarnos del restaurante mi pequeño heredero buscó a su conquista para decirle adiós, hasta la próxima baby, a lo que ella correspondió con esa ternura que solo las mujeres le pueden expresar a los bebés. A su madre nada de esto le causó gracia, pero fue demasiado tarde desde el momento que su primer hijo fue varón. Su padre orgulloso por supuesto, nada como ver a su retoño desenvolverse con soltura.

Volviendo a la escuela: pues que resulta que los aceptan desde los dos años, que tienen que saber comer solos, que es preferible que ya no use pañales y quién sabe qué tantas otras exigencias que con mi hijo acercándose al año y medio de vida no veo para cuando. Nomás faltó que me le pidieran hablar inglés y saber hacer macros en Excel…mi niño todavía no aprende nada de esto, pero sabe hacer unas cuantas otras cosas que con gusto les comparto:

1) Sabe dar abrazos con mucho cariño a su madre y a su padre.
2) Sabe hacerle la barba a sus Titas para que lo dejen desmadrar la casa o comer dulces.
3) Sabe morder y lanzarse con todo cuando algo no le parece.
4) Sabe ligarse chicas mayores que él, y eso, mis estimados lectores, es oro molido.
5) Sabe armar sus mega blocks en torres para luego hacerlas pedazos jugando a Bebé Godzilla.
6) Sabe auto castigarse en su sillita de castigo cada que jala un cable y que sabe que no debe.
7) Sabe correr, jugar y reír, y por sobre todas las cosas y personas de la tierra, sabe hacerme felíz.

Escuela o no, mi niño crece, ríe y aprende y yo soy, sin lugar a dudas, el padre más orgulloso del mundo.



Héctor Daniel

Por Hector Grave - Comunidad: Escritores amateur
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Lunes 16 noviembre 2009 1 16 /11 /2009 23:42

Atrapado en las décadas pasadas

 

Yo crecí en los ochentas  y viví mi adolescencia en los noventas. Cuando hago una retrospectiva sobre lo estupendas y ridículas que fueron estas décadas no puedo más que sonreír. Fue en 1984 cuando me enamoré de mi maestra del Kinder y comprendí que no te podías casar con tu maestra del Kinder…porque no. Fue en 1987 cuando tuve mi primer par de tenis Converse y no los tiré hasta que me dejaron de entrar. Fue a finales de esta década cuando tuve mi despertar sónico-musical con Queen y “rockié” (esta palabra no existe, pero una vez más, no me interesa) por vez primera en mi vida con “Dragon Attack”. Fueron los noventas donde viví mi adolescencia, y para bien o para mal, me convertí en el hombre que soy. ¿Qué si me gustan estas décadas? No, no me gustan. Las amo.

Como sé que mis seis lectores (esto se lo tumbé al buen “Catón”, quien alega tener cuatro lectores. Yo creo que los míos son seis) también son de mi generación (y si no lo son sé que también recuerdan la época con cariño), les comparto un pequeño checklist. Si te queda el saco en 3 o más de estas declaraciones: mi estimado amigo, al igual que yo, estás atrapado en las décadas pasadas. Un saludo a mis hermanos y a Pancho.

 

Sabes que te quedaste en los ochentas  o principios de los noventas…

 

·         Si cuando se volvieron a poner de moda los tenis “Vans”, en vez de comprar unos, corriste a tu closet y desenterraste los tuyos que llevan 20 años arrumbados con etiqueta de reliquia y monumento… tendrías que saber que tenis con lona amarillenta no son sinónimo de buen fashion, sino de nostálgico empedernido…

·         Si piensas que toda la música electrónica se denomina “tecno” y te refieres a ella con desprecio porque los verdaderos hombres escuchaban Judas Priest, Kiss o Alice Cooper

·         Si no escuchabas Pet Shop Boys o Culture Club porque se te hacía muy Gay, pero te gustaban George Michael y Freddy Mercury y encima de todo te sorprendiste cuando supiste que habían salido del clóset (¿?)…

·         Si tu idea de una buena golosina son unos “Krankis”…

·         Si piensas que “Don Galleto”, “El Tigre Toño” y “El Magito Sonrics” son mascotas de producto vigentes…

·         Si eres hombre y suspiras cuando piensas en un Thunderbird Supercargado, un Cougar  XR3 o un Cutlass Eurosport y crees que nada levantaba tantas mujeres  por kilómetro como esos autos…

·         Si crees que no ha habido mejores personajes animados que los “Looney Tunes” y encima de todo el Demonio de Tazmania te parece simpático…

·         Si hay una conversación futbolera y te clavas con Emilio Butragueño y Miguel González “Míchel”, y si le vas al Guadalajara crees que nunca ha habido un mejor defensa central en México que Demetrio Madero…

·         Si tu primer CD player pesaba más de 2 kilos y medio y usaba alguna cantidad entre 4 y 8 pilas AA que consumía antes de terminar de escuchar Hysteria de Def Leppard

·         Si guardaste tu equipo modular de sonido porque tiene una torna mesa  y si lo tiras: ¿con qué vas a escuchar tus LP’s de vinil?...no importa si llevas años sin escucharlos y muy probablemente si se quedaron en casa tu mamá ya se los regaló al Padre Cuéllar…

·         Si te emocionaste con la secuencia de baile final de “Flashdance”, te marcó el dramático desenlace de “The crying game” y alguna vez pensaste que Emilio Estevez, Kevin Bacon, Kyra Sedgwick y Matt Dillon iban a ser superestrellas taquilleras de Hollywood…

·         Si creciste enamorado de Lucerito (pero Chispitaaaaa, no llores por favooooor)…

·         Si usaste patillas y peinado de James Dean secretamente emulándolo no a él sino a Eduardo Capetillo quien comprobó la fórmula ganadora con el look comprometiéndose y casándose con Bibi Gaytan…y el que me diga que nunca le gustó Bibi Gaytan: MIENTE.

·         Si te peinabas con algún producto horroroso como “Super Punk” o  Mousse “Studio Line” de L’Oreal…

·         Si viste “Rosa Salvaje”, “Quinceañera” y “El Extraño Retorno de Diana Salazar” por el Canal de las Estrellas y tu concepto de Super Villano es ni más ni menos que Catalina Creel…

·         Si conoces las canciones de José Luis Perales y al escucharlas viajas en el tiempo a casa de tus padres o tus abuelos (dimeeeee….¿por qué la gente no sonríe?....¿por qué los niños maltratados?....¿por qué los hombres malheridos?....dimeeeee)

·         Si en tu casa hay fotos de tu papá con peinado de Jose Luis Rodríguez “El Puma” y de tu mamá con peinado de Silvia Pinal en “El Amor de María Isabel”.

·         Si te tocó ver DeporTV por primera vez  por IMEVISIÓN y te emocionaste ante la perspectiva de que Televisa tuviera competencia, solo para desilusionarte de TV Azteca…

 

Luego le seguimos. ¿Alguna sugerencia para enriquecer la lista?

 

 

Héctor Daniel

 

 

 

 

 

 

 

 

Por Hector Grave - Comunidad: Escritores amateur
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Jueves 29 octubre 2009 4 29 /10 /2009 23:36

El baño

 

Un cuarto de baño tiene las más diversas connotaciones. Para algunos es sinónimo de descanso, sobre todo para las damas que gustan de los baños calientes con sales, tinas de hidromasaje, tratamientos para la piel o el cabello y otras monerías muy femeninas que de vez en cuando son atendidas por personas no tan femeninas también.  Para otros es meramente funcional: van, hacen su negocio y se salen de inmediato, como si cobraran y al mismo tiempo fuese una pérdida de valiosísimo tiempo. En mi caso el baño es un momento personalísimo y de paz, en el baño estoy aislado del mundo que me rodea y en él puedo tener conversaciones internas tanto profundas como estúpidas de muy alto nivel. Comparto aquí mis observaciones particularísimas en torno a ese mágico y mundano lugar que por cualquier razón todos visitamos en múltiples ocasiones a diario.

 

El baño en casa

No existe lugar alguno en casa que supere en sentimiento de pertenencia al  baño. No hay nada como MI baño. Hay quien tiene fijaciones con su cama, su almohada (y viajan incluso con la suya a bordo de camiones y aviones) o incluso, con alguna cobijita vieja de la infancia. Yo no, mi fijación es con mi baño. Recuerdo cuando recién me mudé a la casa donde actualmente vivo que tardé aproximadamente dos meses en lograr esa sensación de confort físico y mental con el excusado nuevecito que tuve el “privilegio” de estrenar. Es como sentarse en un excusado de hotel…es decir, funcional, pero plenamente insatisfactorio. Además tenía esa sensación de asepsia que solo los laboratorios médicos tienen. De espanto. Lo bueno es que nunca he sido tímido con los baños públicos o extraños. Ahora mi baño es mi trinchera y cuartel general. No lo cambio por nada. De hecho todavía cuando voy a casa de mi madre necesariamente me meto a mi antiguo baño y siento el confort nostálgico de visitar el nido, pero nada más. Eso sí: la tasa es muchísimo más grande que en mi casa, lo que me gusta. Nada como estar “a tus anchas”…literalmente.

La regadera es otro negocio. En casa de mi madre tenían de esas regaderas de “cebolla” clásicas marca Helvex, que por mucho son las más convencionales y excelentes realmente regando la totalidad de tu cuerpecito. Alguna vez mi mamá decidió comprar unas de Betterware que eran ahorradoras. Lo que ahorraban de agua se traducía en una cantidad equivalente de mentadas de madre a la hora de bañarme, porque mojaba más una meada de perro que la miserable regaderita hecha en China. Más de alguna vez consideré bañarme a jicarazos como en los ranchos o bien, conectar un pedazo de manguera como la del jardín para lograr algo de más presión y un chorro de líquido más firme. Nunca lo hice. Ahora en casa, donde ya pago el agua, tengo regaderas ahorradoras. Pero no son Betterware.

El lavabo en casa de mis padres me era irrelevante. Tenía un grifo curvo y un par de llaves independientes para el agua que cada 3 meses “se barrían”, lo que te dejaba en la penosa situación de tener el agua corriendo y no poder cerrarle. Negociazo para el fontanero. Ahora en casa extraño el anterior, porque tengo un mono-mando de esos que están de moda. Me costó unos 16 madrazos bien dados en el rostro cada que me inclinaba con la cara enjabonada para enjuagarme. El maldito mono-mando está centrado y en el ángulo correcto para dificultar la operación de aproximar el rostro de manera segura. Pero se ve bonito.

 

El baño público

Los que vivimos en una oficina sabemos que parte fundamental de tu comodidad en el empleo es adaptarte con éxito al baño. Conozco gente muy cercana que nunca “hace” en la oficina, en cambio llegan matándose a su casa a horas insospechadas con tal de obtener algún alivio. Mi caso nunca fue así, con esa falta de timidez, que por lo general ejercito, entro y salgo con naturalidad del baño más cercano. Si bien nunca será igual que el de mi casa, el hombre es criatura de hábitos. Por ejemplo, yo tengo identificadísimo “mi escusado”. Hay como ocho por lo general, pero yo tengo el “mío”. Creo que esto no es otra cosa que territorialidad cavernícola en acción después del ejercicio evolutivo de miles de años.

Otro detalle es el mecanismo para bajarle al baño.  ¿De palanca? Ni pensarlo, una cosa es medio sentarte en una tasa pública y otra muy distinta es poner tus manitas en contacto con el público equipo. Por fortuna los baños públicos de oficina a los que ahora me enfrento son ni más ni menos que automáticos. Se supone que “se bajan” solos cuando te levantas. La verdad es que no siempre es así. ¿Nunca has estado sentado en un baño automático y a mitad de la transacción el baño decide que ya terminaste y “se baja” solo? Me ha llegado a pasar hasta tres o cuatro veces en un sentón. Además de que desorienta, de vez en cuando salpica, lo que no solo es indeseable sino simplemente frío. Caso contrario cuando terminas, te levantas, y el pendejo sensor no se da por enterado. Yo he llegado a emular que me siento y me vuelvo a levantar varias veces con el propósito de engañarlo y activarlo, lo que pensándolo bien es una pendejada monumental, porque no puedes engañar a lo que no razona, y que yo sepa, los escusados de nuestra era aún no lo hacen.

El asuntito de los sensores se traduce también a los lavabos. En un arranque híbrido de higiene y ahorro de agua, alguien decidió quitar las llaves y poner sensores automáticos para que caiga el agua. No me he encontrado un solo lavabo público donde funcionen bien y a la primera. Nunca he sabido si es un problema con mi estatura, mi postura frente al lavabo, mi ejercicio de aproximación de manos al sensor, o una combinación de los anteriores. Peor aún cuando veo gente entrar y salir usándolos sin problemas, conmigo con las manos llenas de un jabón sospechosísimo sin utilizar. O todos los sensores de baño conspiran contra mí, o yo soy el problema. Aún no lo decido.

 

 

El baño rústico

No me refiero a un mexicanísimo y campestre baño de casa de campo, sino a la ausencia de. Sí, los aficionados al campismo o a cualquier actividad en exteriores como se debe sabrán mejor a lo que me refiero. La falta de un baño propiamente reta de manera directa la capacidad del individuo en necesidad. Es un ejercicio sin igual de manejo de crisis, resolución de problemas, practicidad y sentido común. Aquí los varones traemos todo que ganar frente a nuestras contrapartes femeninas, y no me refiero solamente al equipamiento que Dios en su infinita sabiduría nos otorgó, sino al descaro natural que solemos tener los hombres. ¿Pararse en la carretera a orinar en la orillita? Por supuesto. ¿Baño de gasolinera? Por supuesto. ¿Qué me truene la vejiga porque las circunstancias no se apegan a mi concepto del pudor?  No way Jose. Yo he estado presente – pero a la distancia - en operaciones delicadísimas donde con ayuda de varias mujeres, toallas de playa, arbustos salvajes convenientemente cercanos o lejanos y un ejercicio de sacrificio del amor propio, señoras de las más diversas edades han tenido que ponerse “en cuclillas”. Si la cuestión no fuera tan seria para todos, sería graciosísima. De hecho, creo que lo es, pero no he encontrado a nadie con el valor o la desfachatez de reírse de semejante ejercicio.

En alguna ocasión que visité el Estadio Jalisco cometí la estupidez de estacionarme en el muy conveniente estacionamiento que tienen frente a La Plaza de Toros. La cantidad de aficionados saliendo del estadio ese día, combinado con el macro desmadre que el nuevo macro bus que recorre la Calzada Independencia originó desde su inauguración ocasionó un colapso del tránsito para salir del estacionamiento. Pasada una hora (¡UNA HORA!) de aguantarme las ganas de orinar, decidí salir a buscar un baño. Como sacrifiqué una hora de mi vida dentro del carro esperando poder salir, cuando recorrí los locales alrededor del estadio no encontré ninguno abierto. Ninguno. Lo único que pude localizar fue un puesto de tortas ahogadas, donde si bien no pude orinar, sí pude comerme un “parecito”. Estaban malísimas pero buenísimas (cualquier persona que haya ido al estadio y se haya tomado tres grandes me va a comprender de maravilla). Regresé al auto solo para confirmar que apenas el tránsito se había movido escasos 50 metros. Como no vi alternativa, y en un ejercicio de solvencia del que me enorgullezco, utilicé uno de mis buenos vasos conmemorativos de las Chivas que traía de recuerdo y me desahogué. Ipso facto me arrepentí de haber comido tortas ahogadas y no haberme podido lavar las manos. No derramé ni una gota, lo llené hasta el filo (iba a escribir “hasta el pichelito”, pero los vasos no tienen). Con el vaso lleno me bajé del auto y, con perdón de Dios, de Greenpeace y de mi maestra de civismo, lo abandoné junto a un arbolito. ¿Piensas que soy un asco? Antes de juzgarme, ponte en mi situación. ¿O a poco nunca has estado tronando, literalmente, porque no tienes dónde?

Camino a casa dos horas después, conducía y me reía solo, pensando que quizá algún borrachín local se encontraría mi vaso conmemorativo de las Chivas lleno hasta el tope de algo que, curiosamente, se veía idéntico al salir que al entrar.

 

 

Héctor Daniel

 

 

 

Por Hector Grave - Comunidad: Escritores amateur
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Miércoles 7 octubre 2009 3 07 /10 /2009 00:51

Mala publicidad

 

 

No hace muchos días una amiga (y esposa también de un muy buen amigo) me pasó una liga de un video de comerciales de televisión ochenterísimos que alguna vez fueron del dominio público. Me divertí muchísimo viéndolos. Lo primero que me saltó a la vista es que fueron épocas más inocentes. Así recordé cómo no me parecía idiota que un niño llevara a su abuelita a “Burger Boy” donde todo mundo bailaba y cantaba, y comprobé como un “jingle” no tiene que ser inteligente en lo más mínimo como aquel de Gelatina Dany donde un tucán (iba a decir “pelícano”, estos también “se me confunden”) bailaba con unos niños al ritmo de: “!Destapa-tapa-y-ataca-tacaaa….Gelatina Daaa-aany!”.

 

Cuando recapacité lo malos que eran los anuncios en aquél entonces no pude evitar notar que los de ahora, con sus honrosas excepciones, siguen siendo notables por malos; algo que no solo se sufre en la televisión, sino en los medios impresos, en nefastos espectaculares, en la radio e incluso en camiones y taxis. Además de ser un juego de manipulación nefasto, los anuncios contaminan, y si son malos, muchísimo peor. Algunos incluso me parecen inquietantes. Algunas recolecciones al respecto:

 

 

El Cerdito Caníbal

 

Virtualmente en cada puesto de carnitas del país hay un letrero, luminoso o no, donde un cerdito estilo “Porky” con un mandil y una cucharona le da vueltas a un cazo: el cerdito está haciendo carnitas. Recuerdo haber sido muy pequeño cuando razoné por primera vez que no era normal que un cerdo cocinara cerdo. Cuando pregunté a mi mamá por qué razón tenían uno en el letrero, mi madre contestó algo así como: “Porque las carnitas son de cerdo”…respuesta para nada convincente, si acaso de lo único que me podía convencer era de que los cerdos son caníbales y si eres cerdo entonces está bien cocinar a tus congéneres. Desde entonces cada que me topo con un letrerito de estos no puedo evitar padecer un ligero lapsus donde lejos de parecerme simpático, el maldito anuncio me parece ligeramente siniestro. Aplica igual para los pollos.

 

 

El testimonio de Andrea Legarreta

 

Hay gente simpatiquísima y en términos generales la conductora y mala actriz Andrea Legarreta lo es. Pero ¿qué carambas hace anunciando productos de limpieza para el WC? Además la dinámica del comercial es de lo más torpe:

 

Primero llega Andrea con un camarógrafo a la puerta de una casa aleatoria a tocar el timbre. Acto seguido la joven y atractiva ama de casa (que es la misma que la del comercial de “Fabuloso”) abre la puerta. Andrea le pide usar su baño. La atractiva ama de casa accede. Entonces se meten todos al baño: ama de casa, Andrea y camarógrafo. Andrea se la hace  de pedo a la ama de casa porque el baño está puerquísimo, a lo que ésta lejos de encabronarse le responde con cara de vergüenza que limpia con un chingo de productos ¡todos los días!, a lo que Andrea con cara de “no no no, ni madres reina, lo que pasa es que eres una puerca” le demuestra con ayuda de un “líquido demostrador” que en efecto, el baño está peor que letrina de Puente Grande y que para eso ella le recomienda….etc. etc. etc.

 

¿Debo decir más? Es tan estúpido que me parece insultante. Lo mismo pasa con Diego Shoening recomendando jabón para la ropa. ¿Cuándo se convirtió en una autoridad de la blancura y suavidad el más looser de los Timbiriches?...ahora que si me lo dijeran Erik Rubín o Sasha Sökol, pues bueno, le daría una oportunidad a su producto…

 

 

Sí, ir al baño es justo y necesario

 

Hace algún tiempo descubrí unos yogures para beber buenazos (les juro que quise escribir “yoghurts”), con fruta, lactobacilos y un montón de cosas bien saludables. Si a esto le sumas que su contenido en carbohidratos era el más bajo de todos los productos similares (sin contar los dietéticos), me volví fan. Así durante un buen tiempo consumí regularmente Activia de Danone. Todo bien…hasta que aparecieron unos anuncios nefastos de mujeres hablando entre sí de cómo se sienten unas “sucias por dentro” mientras tiran verduras echadas a perder a la basura y comentan que hay que “depurarse” regularmente…lo que en realidad traduce a que las viejas esas del anuncio de normal están estreñidas. Ahora aborrezco los Activia, gracias a los comerciales ahora más parecidos en mi mente al Metamucil y menos parecidos a una golosina mañanera como solían serlo. Y todo gracias a Laurita Flores y algún mercadotecnólogo sabiondo…

 

 

Clight  y el coro de pigmeos refrescantes

 

Aquí hay mujeres guapas en hamacas, caminando por jardines, entre flores, arena y muy en contacto con la naturaleza mientras beben Clight y escuchan un coro de pigmeos cantando:

 

¡I ee ie eeeeuuuooo! ¡U’maaaa! Ieee i eeeee uo!

 

Me molesta sobremanera, sobre todo porque el producto trae una orientación mercadológica totalmente femenina y yo en verdad disfruto del Clight. No, nunca he escuchado a los pigmeos cantar mientras bebo.

 

 

¿Por qué la dieta empieza con quien no la necesita?

 

Estos anuncios son evidentemente para mujeres, y entiendo a lo que le quieren “pegar”, pero también me parecen irresponsables, falsos y manipuladores. Se trata de los alimentos dietéticos, donde la gente de los anuncios es la primera en NO necesitar una dieta evidentemente. El del cereal Special K me parece particularmente vergonzoso, donde mujeres con cinturas diminutas en ropa interior o deportiva y camisetas ligeras se suben a la báscula y voltean los ojos hacia arriba con expresión de ligera tragedia por haber subido algo que en mi mente (y en sus caderas) si es que se ve, serían como 75 grs….después de semejante hallazgo las mujeres de los comerciales se dedican a comer “Special K” mientras ríen, hacen ejercicio y son felices para al final, levantar miradas ansiosas de hombres que en efecto notaron la diferencia de utilizar “El Programa Special K”. La realidad es marcadamente distinta, donde chicas a las que les aprieta la ropa recurren a un cereal que las hace infelices al comer (porque quisieran comer chilaquiles o quesadillas o lo que sea que les guste), no hacen ejercicio y andan mal humoradas por el día, con hambre y miseria. Independientemente de si funcione o no el mentado cereal, cuando veo sus anuncios me pregunto si socialmente no serán responsables de colaborar a un problema mayor: cada que veo una chica con un evidente y físicamente notable desorden alimenticio deseo que se les exigiera a estas compañías abordar su publicidad con mayor responsabilidad. También cuando veo mujeres ser infelices por un “problema” de peso que no existe me cuestiono hasta dónde llegaremos.

 

 

El desodorante invencible

 

Hay uno que me fascina por ridículo y se me ha vuelto un placer culposo. Me refiero al anuncio de Lady Speed Stick, donde una heroína de nombre “Barbara Blade” después de bañarse se pone desodorante y combate el mal vestida como Lara Croft. Notables me parecen las secuencias donde se desliza desde las alturas con las axilas usando unos lienzos o donde se rasura la bisagra con un cuchillo de Rambo. Me muero de risa cuando lo veo, y en verdad, ¡oh Señor, perdóname!: casi lo disfruto. Son los peores anuncios de desodorante que he visto en mi vida. Mención honorífica para los de Axe. Estos sí saben lo que venden y cómo venderlo.

 

 

La Coca-Cola une a la familia

 

Esto trasciende la simple publicidad: es un fenómeno social en México. Los comerciales de Coca-Cola (originados en México) tienden a proyectar una familia enorme, con abuelos estilo patriarcas, nietos, nueras, comida deliciosa, felicidad, risas etc. etc. El que Coca-Cola se haya colocado como un producto familiar e indispensable en la mesa no solo es comercial: es cierto. Me pregunto si fueron ellos quienes lo comenzaron todo o bien fuimos los mexicanos quienes volvimos esto una realidad en vida y en los anuncios. ¿Malos anuncios? No creo. ¿Malos hábitos alimenticios? Sí. Definitivamente.

 

 

Héctor Daniel

Por Hector Grave - Comunidad: Escritores amateur
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