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El blog de Hector Grave

El Despertar de la Fuerza

21 Diciembre 2015, 12:19pm

Publicado por Hector Grave

(¡ESTE POST CONTIENE SPOILERS! SI NO HAS VISTO STAR WARS: EL DESPERTAR DE LA FUERZA, QUIZA NO QUIERAS LEERLO)

El Despertar de la Fuerza

Llevar niños pequeños a una función de cine de media noche es una pésima idea. Excepto cuando la película es Star Wars, entonces es la mejor idea de toda la Galaxia.

Iba mentalizado a ver caer dormido al Príncipe Juan en cuanto la película se pusiera densa con “La Fuerza” manifestándose misteriosamente en algún pantano del espacio ideal para entrenar a un Jedi e iba doblemente mentalizado a salirme de la sala cuando menos dos veces a llevar a un escuincle a hacer pipí urgentemente. Sucedió lo segundo, una vez. En cuanto a lo primero: no estuvo nadie ni cerca. La película no tiene ni un solo segundo denso, ni se pone lenta, ni le sobra nada, ni le falta. Funciona perfectamente bien, visita todos los lugares comunes y rivaliza en hechura y factura con las mejores.

Mientras esperábamos en la sala a que comenzara, pasadas las 12:10, abruptamente comenzó la proyección, se apagaron las luces, la gente gritó de entusiasmo, vimos el conocido “A long time ago, in a Galaxy far, far away…” y de ahí saltamos al conocido STAR WARS con su fanfarria y su estruendo. A mi izquierda el Principe Juan peló los dientes en una sonrisa como de monstruo con lentes 3D, a mi derecha Mateo el Noble vibró de la emoción y emitió un alarido de júbilo, temblor incluido, sonrisa imposible de reproducir. Y las letras amarillas fluyeron de abajo hacia arriba, perdiéndose en la infinidad del Universo, poniéndonos en antecedentes para lo que íbamos a presenciar y yo volteaba de derecha a izquierda y de izquierda a derecha, apretando sus manos y ellos las mías, viendo sus caras y viéndome en ellos, adulto ahora responsable de ambos, niño en la sala viendo la madre de todas mis fantasías infantiles desplegarse ante mi familia.

Me emocioné como no recuerdo haberme emocionado en un cine. No me emocionaba tanto quizá desde que vi al Príncipe de la Bella Durmiente enfrentar al Dragón o desde que vi al Supermán del gran Christopher Reeve volar al espacio para detener un misil nuclear. No lo sabría explicar, pero fui niño una vez más, conectado con los verdaderos niños en la sala, uno a cada lado, de mi mano, apretando fuerte Mateo, acurrucada más bien dentro de la mía la mano de Juan.

Todavía no empezaba la pinchi película y yo supe con satisfacción enorme que sería la mejor de todas porque nunca la había visto así, conectando dos generaciones, compartiendo una emoción, superficial por ser un espectáculo comercial en una sala cine, profunda por conectarnos en medio de un sentimiento común. Aquí es donde mucha gente no comprende de qué se trata esto. Se trata de conectar por medio de algo que se ama con los que se aman. Es irrelevante si ese “algo” es profundo o no.

Tuve el privilegio de ir a ver a Ringo Starr y su banda de los más notorios “has beens” en el Auditorio Telmex hace un año o dos y lo que vi fue fascinante. Vi generaciones conectando. Vi padres orgullosos con el cabello hasta la cintura abrazando a sus hijos muy contentos con el cabello también hasta la cintura, fotografiándose ante el escenario. Vi familias completas compartiendo un gusto en común. Los Beatles son poderosos en ese nivel. Aquella vez lo vi y quise sentirlo. Esta vez, en un cine, lo viví.

Fluyó de maravilla la energía y como tantos otros me enamoré de Rey y su frescura en la pantalla (Rey es la chica protagonista, no estoy diciéndole “Rey” a algún pendejillo, no se me confundan), me azoré con la enorme presencia de Kylo Ren y su súper imponente e innecesaria máscara con vocerrón incluida, me reí con Finn y sus pendejadas completamente naturales, me convencí de que BB-8 es la estrella más grande en la película y casi aplaudo cuando vi al enorme Han Solo aparecer en pantalla. Y luego vi todo lo que quería ver y le vi todos los defectos y me valió madre porque conectado de la mano de mis grandes hijos, por eso y nada más por eso, esta es la mejor puta película que he visto. Los villanos están completamente villanescos. Los héroes están completamente heroicos. Las batallas son las mejores palomitas visuales que he tenido en años. Y vi al segundo gran héroe de mi infancia caer y casi lloro con mi Mateo quien atinó a acurrucarse en mi brazo del impacto y yo no hallaba en quien chingados acurrucarme también y justó ahí sucedió.

Tembló.

Vibró el piso. Fuerte. Mal pedo. Y en mi mente me dije “Ay cabrón está temblando…¡PERO NOOOOOO, NO PUEDO CREER LO QUE ACABO DE VEEEEER, NOOOOO, POR QUEEEEEEE!” y dejé que fluyera la cinta y con el dolor de mi corazón de ver un pedazo de mi infancia morir en pantalla olvidé el temblor. Pero el pendejo súper eficiente Gerente del cine y los de Protección Civil NO lo olvidaron. Y a media batalla final de sables, la pantalla se congeló.

Y de manera muy bizarra todo valió madre.

Mi compadre-cuñado salió a ver qué pasaba y al regresar emitió un “vámonos…están evacuando” y la raza de toda la sala se prendió y entre abucheos y gritos exigía una razón y su pendejo yo aquí les dijo: “¡porque tembló!” y la rechifla volvió y cada quien agarró a sus hijos y adiós.

Escuchamos vagamente al pendejo súper eficiente Gerente decir a todos que para no poner a nadie en riesgo nos evacuaban. Lo escuchamos también decir que nos daría con el código un pase para por un mes regresar y ver la película. Imbécil súper competente, como si se pudiera resetear la experiencia. Y sin embargo, lejos de estar molesto, me encontraba feliz.

Con mis hijitos de la mano, pagamos el estacionamiento y nos fuimos a casa. Y a las 3 de la mañana entraron a la recámara y le reventaron a su madre todos los spoilers habidos y por haber de la película porque no lo podían creer y yo tampoco y con pesadez producto de un extraño y completamente esperado desprendimiento, me dormí.

Y regresamos el sábado.

Llevamos nuestras espadas láser a una función de matiné. No había nadie. Tuvimos un duelo de sables donde yo fui Kylo Ren y los príncipes fueron Jedis justo frente al mostrador de dulcería. Los vencí fácilmente, el Poder del Lado Obscuro y mis treinta y cinco añitos fueron demasiado para ellos y su débil entrenamiento de Padawans, escoria Rebelde. Les compré cubetas de palomitas gigantezcas, refrescos con vasos conmemorativos, unos chocolates y entramos a la sala con nuestros sables en la cintura.

Sentarse en el cine con un sable láser en la cintura es un mega pedo. Pero lo resolví así como los padres todo resuelven: con torpeza y un par de mentadas de madre.

Arrancó la proyección. Para mi sorpresa pusieron el corto de la película de Deadpool: ese donde el fantástico héroe de rojo dispara armas de fuego y empala cabrones con sus espadas, vuelan sesos y sangre de manera explícita, ese donde hay una fugaz pero clarísima escena de sexo salvaje contra una pared (sexo sobre actuado y grotesco y falso y sin amor, así como a los hombres NO nos gusta ver nunca en ninguna pantalla, ni en la del celular) y donde después de asesinar a varios malosos el héroe dice algo muy gracioso como “esta noche me tocaré”. Creo que los Príncipes jamás habían visto tanta chingadera tan inapropiada y en tan solo ¡DOS minutos! Hice una nota mental para hablar con el Gerente a la salida y con ansiedad paterna, intenté relajarme. Los príncipes ni enterados. Hice un intento (como casi nunca hago) por dar explicaciones que nadie me pidió y al ser ignorado olímpicamente supuse que todo estaba “bien”. Aflojé el cuerpo. UFF. Hasta que Juan pregunte enfrente de mi Suegra o mi mamá qué era lo que le hacían a esa señora en el cine y entonces sí, moriré del soponcio.

Comenzó la película (otra vez) y los príncipes se reían y volaron con las manitas cada que salía el Millenium Falcon. Le volví a ver todos los defectos (otra vez) pero me volvió a no importar. Es una pinche calca descarada de la original y eso la vuelve perfecta.

Y entre tantas y tantas cosas hice algunas notas mentales:

  • Me preocupé cada que vi correr a Harrison Ford porque sentí que sufriría una displasia de cadera en pantalla.
  • Vi a Carrie Fisher más chocha que Yoda en El Retorno del Jedi (Mateo no quería creerme que se trataba de la Princesa Leia, creo que todavía no me cree).
  • Me deleité con los malos y su rollo ese súper fascista, vibrando de emoción al disparar su súper arma desde el “Planetota de la Muerte” ese que construyeron y como cuatro planetas de un solo tiro destruyeron.
  • Vi cómo los Rebeldes se pusieron de acuerdo oooootra vez frente al holograma de la súper arma invencible de los malos y en menos de 3 pendejos minutos resolvieron EL plan para salvar a la Galaxia que no fue otra cosa que “les apagamos el escudo, les metemos navecitas por un agujerito, disparamos en el lugar correcto y todo explota a la chingada de volada” explicado por un bato asiático, como para darle mucha credibilidad como bien observó mi amigo Miguel.
  • Fantasié con la idea de que uno de los planetas destruidos era Naboo, ese imbécil lugar que en la superficie es más falso que el Venetian de Las Vegas y de donde salieron los estúpidos Gungans.
  • Soñé despierto la escena donde todos los Gungans voltean confundidos al cielo y dicen alguna estupidez abominable como “Misa ver fuego en el cielooooo” y ¡KABOOOOOM PUTOOOOS!” se acabó su estúpida raza para siempre, ¡PARA SIEMPREEEE!

Pero no fue así y destruyeron planetas como de otro municipio espacial.

Y por supuesto: los malos se escaparon prometiendo volver con más furia y mejor entrenamiento malvado, los buenos salieron victoriosos y se expresaron jubiloso afecto y al final vimos a quien todos queríamos ver (después de R-2 por supuesto). Luke en su rollo ese de “soy como Obi Wan” está perfecto. Por cierto lo mejor que pudo haber hecho fue haberse retirado a una vida de contemplación exiliada al Planeta Hawaii ese donde lo encontraron y no al Planeta Pantano-Inmundo- de-la-Chingada ese a donde Yoda se exilió. A menos de que como dijo mi amigo Israel: a lo mejor para él era como un Spa y todo es cuestión de perspectiva.

Me sentí inmensamente satisfecho.

A la salida del cine le dije a un cajero que por favor me trajera al Gerente. Muy amablemente salió un niño como de la edad y estatura de Mateo con corbata a atenderme. Le comenté sin molestia alguna lo que no me pareció en una función a las 10 de la mañana. Me escuchó como todo un caballerito, me dio por mi lado así como uno le da por su lado a los viejitos, yo me sentí MUY atendido, le di la mano y salimos del cine.

Llegamos a casa a jugar con los sables láser que traíamos en la cintura. Y fue uno de los mejores días de mi vida.

Héctor Daniel

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