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El blog de Hector Grave

La boda

16 Junio 2009, 08:45am

Publicado por Hector Grave

La boda


Casarse es una aventura sin paralelo. Es el día más extraño, más rápido y también el más eterno de todos. Es el día donde quienes se casan no tienen el control de absolutamente nada y van como en un bote sin remos a la deriva en la tempestad que la conforman la madre, la suegra, los invitados, la Iglesia con toda su majestuosidad, el reloj, la pompa y hasta las flores. El día de mi boda fue realmente especial.

Me levanté tarde pensando que con un buen desayuno me podría relajar hasta que fuera hora de vestirme y salir de casa. Qué insulso. Desde que me levanté no tuve más que correr, ir a hacer pendientes, recoger flores, terminar mi maleta, asegurarme que lavaran el carro y entrar en alguna nebulosa que modifica la percepción espacio-tiempo de la persona que se casa. Al levantarme ya teníamos visita, gente que estimamos y que son prácticamente familia. Desde ahí empezamos mal, por la visita no pude bajar en calzones a desayunar como me gusta - tuve que buscar un pantalón de pijama que no me ponía desde el '91 y bajar a ser felicitado. Llevaba dos meses sin parar donde TODO EL MUNDO me preguntaba: "¿Y estás nervioso?", a lo que se me antojaba contestar: "Para naaaada, esto de casarse es de lo más cotidiano del mundo, lo he hecho cientos de veces ¿qué tiene de extraordinario?" Qué pinches ganas de hacer conversación, de veras...

Cuando terminé de zamparme el desayuno me puse algo encima y salí con la florista. Me dió tres ramos de flores: que para la Iglesia, que para la Virgen, que para aventarlo...yo en ese momento estaba ya en neutral y dejando que el día me llevara a donde fuese. Los llevé a la casa los encargué con mi mamá y me metí a bañar. Cuando salí recuerdo que vi el traje rentado, me le puse enfrente y lo miré como quien reta a alguien a un duelo. Me lo puse y salí a mi habitación. Mi amigo Chavo ya había llegado: él me haría el favor de conducir nuestro auto y hacernos compañía en todos los trayectos. Cerramos la maleta a golpes y nos fuimos.

Cuando llegamos por Adriana, ella salió evidentemente incómoda con todo el "ajuar". La subimos al carro y ahora sí, el viaje que no termina comenzaba. La primera parada sería en el Panteón de Belén - lugar predilecto de muchos en Guadalajara para una sesión fotográfica previa al evento. Lo que a nadie se nos ocurrió fue preguntar dónde carajos estaba el Panteón de Belén. Al llegar a dónde pensamos que era, mi amigo Chavo se bajó del auto y caminó a la entrada. Despés de esperar unos minutos lo vi salir y gradualmente comenzar a correr. Algo estaba mal evidentemente. Se subió al carro y salimos de volada. El Panteón de Mezquitán estaba bueno para grabar una película de Frankenstein, pero no así para las fotos del mágico día de tu boda. Llegamos al panteón correcto y el fotógrafo ya nos esperaba. Mientras me sentía como idiota posando para la cámara, Adrianita desplegaba toda esa magia que solo las novias en su día despliegan. Parecía modelo en verdad, dandole al fotógrafo todo el drama que la cámara es capaz de asimilar, mirada perdida en el horizonte por aquí, sonrisa seductora Totalmente Palacio por acá....yo salía como Porky, saludando como idiota, pésima postura, sonrisa nerviosa....hasta que el fotógrafo decidió concentrarse en ella y me pidió amablemente que me hiciera a un ladito. Mientras que mi amigo Chavo practicaba como cargar con "la cauda" (la cola del vestido, se carga como hacen los romanos de las películas) de aquí para allá, a Adriana se le pegó un chicle color rosa en el vestido. Ella nunca supo, pero Chavo y yo batallamos por alrededor de 10 minutos para quitarlo...y no pudimos, de hecho creo que ahí sigue todavía. Adriana ni cuenta se dió gracias a la obra del Señor Misericordioso.

Al sair del panteón traiamos una hora de ventaja. Como la Iglesia se encontraba en el Centro de la Ciudad, Chavo sugirió llevarnos a matar el tiempo a "La Alemana". Se trata de una verdadera cantina, tradicional, algo golpeada por el paso del tiempo. La escena fue digna de revista: yo entrando como Paje Real abriendo la puerta, Adriana con el vestido de Novia / Princesa por entre las mesas, y Chavo como el Mayordomo de Su Alteza cargando "la cauda". Me acordé de los que se casan y van al Estadio...y nos sentamos. Pedimos una Chavela cada quien - campechanas, para el calor y los nervios. Mientras las tomamos a Adrianita se le antojó ir al baño...¡Horror! y ni como ayudarla. Todavía no se cómo le hizo, primero para meter todo el vestido al baño y segundo, para maniobrar dentro. La operación fue todo un éxito por lo visto, pero permanece como una de las grandes incógnitas de la historia de la humanidad.

Al salir la gente nos ofreció un aplauzo ligero, con felicitaciones incluidas. La cuenta fue cortesía de la casa, agradecí el detalle. Subimos al auto y nos dirigimos a la Iglesia. Como era pleno diciembre, afuera había un mercadito navideño. Me bajaron en la esquina, Chavo me prometió "dar la vuelta" para llegar con la novia como la costumbre dicta. Yo crucé el mercadito navideño con una sonrisa de confianza en mis labios. La gente me miraba de arriba a abajo y más de alguno intentó venderme churros. Llegué a la Iglesia por atrás y cuando dí la vuelta la gente ya se arremolinaba afuera. Saludé a muchos. Recuerdo divertido como mi suegra se movió de izquierda a derecha y de regreso...unas 32 veces. Estaba nerviosa. No la culpo, el peso del evento invariablemente recayó en ella, por más que uno quiera aligerar la carga, el peso del todo recae siempre en la madre de la novia.

Diez minutos después ya debíamos de haber empezado y de Chavo ni sus luces. Le pedí el teléfono a mi amigo Leo y le marqué al celular a Adriana. Mi suegra tomo el teléfono y le preguntó que dónde andaban y Adriana en un arranque de terror de esos de "¡Vas sólo!" le aventó el teléfono a Chavo. Yo nada mas recuerdo que se le ocurrió mencionar Avenida Revolución....eso es cuando menos como a 7 buenas cuadras de distancia. Me lo pusieron de vuelta y media al pobre, el Profesor Jirafales fue paciente con el buen Chavo del Ocho...no así la mamá de Adri. Finalmente llegó, subió el carro y al bajarse Adrianita lucía bellísima...y asustada. Su papá fue por ella. Nos formaron a todos y entramos. Yo parecía reina de la primavera, sonriendo, saludando y en menos de 2 segundos en mi mente llegué a mi lugar. Adrianita y su padre se tardaron algo más...a la güera le salió lo de rancho y ante la Iglesia tan larga y llena no quería entrar. No se qué le dijo mi suegro, pero le agradezco haber impuesto su autoridad de manera natural. Cuando llegaron al frente me dió su mano y algo me dijo, que por la intensidad del momento he olvidado (¿qué fue lo que me dijo? "¿Ahí te la encargo?", "¿Cuídamela?", "¿No se aceptan devoluciones?") no se, pero yo contesté con un "Sí señor" digno de las Fuerzas Armadas.

Pasó la misa, Adrianita se relajó, me sonreía. Al terminar fuimos con la Virgen, le ofrecimos un ramo y rezamos juntos. Terminamos y al voltear, listos para la salida: me cayó el veinte...Iglesia llena, muchas luces, muchas flores, música grandiosa y terrible por el estruendo...me casé. De salida a cada paso que daba sentí alivio. Sonreí a todos a los lados, agradecí mentalmente a todos los que vi. Subimos al auto y escapamos. Por mi me hubiera largado en ese mismo instante de viaje con ella y nada más, pero todavía teníamos una fiesta que atender. Todo se volvió nublado, abracé a cientos de personas que no conozco, me tomé fotografías con otros tantos, bebí mi champaña con gusto, bailé en el escenario, mi amigo el enano me cargó en hombros, lloré un poco de la emoción al salir cuando mis amigos de HP me despidieron con todo el ruido del que son capaces después de toda la fiesta de la que son capaces también...y en un parpadeo estabamos a bordo de un taxi rumbo al aeropuerto.

¡Que día.! ¿Y sabes qué? Daría una fortuna por volverlo a vivir.


Héctor Daniel













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