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El blog de Hector Grave

Ahí vienen los treintas

23 Junio 2009, 15:55pm

Publicado por Hector Grave

Ahí vienen los treintas

 

 

Tema invariable en todas las reuniones con personas de mi generación es la edad. Estamos lejos de ser viejos, pero la verdad de las cosas es que por simple aspecto: estado físico, vestimenta, cabellera, mirada, ojeras y todo lo que cargamos con pesadez o ligereza, poco a poco calificamos menos en la calle como jóvenes. Mi caso particular es quizá distinto – yo siempre he desplegado al “señor” que llevo dentro con alegría. Sin embargo hay generalidades en las que caemos más o menos todos, y aunque algunos lo nieguen: nada detiene el paso del tiempo ni puedes evitar parecer lo que pareces. El problemita aquí es que no hay un reconocimiento en tiempo real del cambio, es decir, te das cuenta ya que pasó (suspiro).

 

La música, que en mi caso es muy importante, fue donde primero lo noté. Poquito a poquito le entiendo menos a las estaciones de  radio, no tengo ni idea de quién canta lo que está de moda y si me topo con algo como “Los 40 principales”, para mí son “Los 40 perfectos desconocidos”. Mis estaciones de radio ahora son “Señal 90” (90.7 FM) y “Extasis Digital” (105.9 FM). Escucho más noticias porque realmente las quiero escuchar, me someto al análisis tendencioso de Pedro Ferriz con gusto en las mañanas y le he encontrado un gusto extraño a “Qué tal Fernanda”, mejor conocida como “Fernanda Familiar”.

 

Paso por la calle o en algún centro comercial  y me topo con “la moda”. Me parece salida de un pinche circo la mayoría de las veces. Veo escuincles con gorras de camionero chuecas, niñas con faldas imposibles de tan cortas, hombres con “bolso”. Cuando paso por la sección de cosméticos no solo me quieren ofrecer la última fragancia para caballeros de BOSS o Paco Rabanne, sino cremas para la cara, exfoliantes, antiarrugas y demás productos de belleza. Entiendo, pero no comprendo. Cada que se me acerca una vendedora o demostradora en Fábricas de Francia me dan ganas de repelerla con gas pimienta (me hace ruido que soy mercado meta de cuanta pendejada rejuvenecedora tengan en existencia). Al comprar ropa sucede algo distinto: más de la mitad de la sección de caballeros en la tienda me está restringida por la simple y sencilla razón de que muchas veces no quepo en las pendejas tallas que manejan. Lo encuentro insultante. Y las opciones aquí son andar a la moda pareciendo “zwancito” o simplemente no andar a la moda. Me quedo con lo segundo (al que no sepa lo que es un "zwancito", lo invito a pasar a la sección de salchichonería en el súper).

 

El concepto de diversión también varía. Cuando antes me era indispensable salir a ciertos lugares, la verdad es que ahora prefiero tener una reunión en casa. Valoro más la conversación, la compañía y el tiempo, y menos el ajetreo, el ruido y la exposición. Eso sí: de repente un día me acosté a la una de la madrugada y al día siguiente en la oficina parecía que me había aventado de un tren andando. Antes sin problemas llegaba a clase de 7 AM después de una muy buena fiesta, mientras que ahora una simple desvelada con un six y me siento morir en la oficina. El cine o rentar una película en viernes no es opción, es deseable. Un buen restaurante supera por mucho un antro y unos tragos tranquilos con los amigos representan el punto alto socialmente hablando de la semana. ¿Bautizo o boda? Excelente, creo que jamás habían sido tan divertidos.

 

Hacer ejercicio se convierte en una actividad extraña poquito a poquito. Por más que hagas o no, de repente ya se dicen cosas como “lo hago por salud”, cuando antes la intención era plena vanidad o diversión. Una buena jugadita de algún deporte y amaneces como recién madreado por “Manny Pacquiao” (el mejor boxeador hoy por hoy, para quien no esté al tanto). Hasta mis más atléticos amigos y contemporáneos sufren esto, aunque se  regocijen siendo los más destacados en este rubro. De repente me gustaron más los deportes donde se puede  beber y platicar a gusto (¿golf?, ¿pesca?). La ropa deportiva ya se le ve a uno extraña, pero eso sí, JAMÁS me habían sentado mejor los trajes de vestir. Si te pones unos “pants” es porque andas de holgazán sin bañarte y saliste a comprar leche o algo…no porque realmente pretendas desquitarlos sudando. El color de las piernas lo dice todo: pinche oficina. Y todo eso sin mencionar que debajo de la ropa interior hay todavía MÁS palidez que la que puedes exhibir. ¡Qué contrastes!

 

¿Qué carajos me pasó? Creo que crecí.

 

 

Héctor Daniel

 

 

 

 

 

 

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