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El blog de Hector Grave

Cuando te sientes como imbécil...

21 Julio 2009, 14:36pm

Publicado por Hector Grave

Cuando te sientes como imbécil...


Es curioso como en diferentes idiomas hay conceptos que simplemente no parecen tener una palabra que les defina. Por ejemplo, no hace mucho entré a un café que frecuento y a la media distancia ubiqué a una persona de mi oficina con la que estoy en términos regulares de "saludo y comentamos el futbol" - porque no tenemos absolutamente nada de que hablar en realidad. A media voz le saludé con un buen: "¡Quiubooo! ¿Cómo estás?" a lo que no recibí ni respuesta ni mirada ni nada. El aludido no se dio por aludido. Resulta que no era él, sino una persona que viéndolo bien ni se parece y nomás no entiendo en qué carajos estaba pensando para haberlos confundido...en fin, esa persona y su acompañante se fueron de largo, los 3 empleados del café se me quedaron viendo y aunque las señoras gordas que platicaban alegremente ni se enteraron yo sentí como que me examinaban como se examina al yerno incómodo con tatuajes en los brazos y aretes donde no van. Con una herida expuesta y sangrante en mi orgullo pretendí que no había pasado absolutamente nada extraño, caminé al mostrador y con mucha seguridad dije: "Un café americano grande por favor"....Sentirte como imbécil en público es una sensación universal. No conozco un concepto abstracto que defina la sensación, pero todos, absolutamente todos lo hemos experimentado.

Otro ejemplo típico es cuando a la distancia alguien levanta la mano para saludar o despedirse y tú prontamente haces lo mismo...para darte cuenta que atrás de tí hay otra persona a la que realmente se estaban dirigiendo y no a tí: METICHE. En cuanto te das cuenta volteas a ambos lados y evalúas si es que se han dado cuenta. Si la respuesta es "no", huyes de la escena deseando poder correr pero sin hacerlo para preservar tu dignidad. Si la respuesta es "sí", haces un gesto inexplicable y atropellas un par de palabras que no son ni explicación ni disculpa ni justificante para poder irte.

También hay mecanismos de defensa. Un día a la salida del cine y justo frente a mis ojos un señor de más de 50 años de edad tuvo un tropiezo y se fue a dar en toda la madre en las escaleras. La gente se arremolinó pero nadie se ofreció a ayudarle. Me acerqué y le dije: "Señor, ¿está usted bien?" a lo que el señor contestó levantandose visiblemente con dolor diciendome: "Por supuesto que estoy bien, no me pasó nada, ¿porque no habría de estar bien?"..."pues porque se acaba usted de dar en la madre en la escalera" me dieron ganas de decirle, pero reconocí lo sucedido y me quedé callado. El señor se sintó como imbécil y su mecanismo de defensa fue "agradecerme-reclamarme" mi insinuación de que "algo" había sucedido.

Cuando alguien más te exhibe en público también es doloroso. No hace mucho acababan de abrir el "Liverpool" del Centro Comercial Andares y subiendo las escaleras con Adrianita me acerqué al mostrador de "Chopard". Me jacto de ser muy versado en relojes finos pero "Chopard" siempre me había sido ajeno. Me acerqué al mostrador y pedí que me mostraran un reloj tan elegante que de inmediato me daría estatus de agente "00". En fin, con el reloj en mis manos pregunté cuanto costaba, a lo que la vendedora respondió "Cientoveinticuatromil pesos, señor"....por supuesto que me cagué con lo que acababa de escuchar, pero para salir bien librado, con el reloj en mis manos y con expresión de "estoy decidiendo si me llevo dos ahorita mismo" le dije a Adrianita: "¿Te gusta?" a lo que ella respondió con un sonoro "¡Ya vámonos, de dónde vamos a comprar eso!". Voltié con la señorita, le entregué el reloj sonriendo, recogí los pedacitos de mi dignidad del piso y me fui. No vuelvo a ir en mi vida al departamento de productos elegantes e inalcanzables con Adrianita.

Alguna vez leí en una novela como un personaje decía que el ridículo o la vergüenza no existían, sino que estaban en la mente de la persona que lo experimentaba. Creo que esto es muy cierto. Una vez vi a una señora en el supermercado (de esas señoras con aspecto de monjita, pero que no lo son en realidad) dar un patinón salido de caricatura de los 50's. La señora pisó una hoja de lechuga húmeda, se le fue la pierna hacia el frente y en un improbable semi-quiebre de cadera levantando los brazos evitó la caída. Una persona de la tienda le extendió un brazo y la trajo de vuelta a la establidad del piso firme. La señora tenía su dignidad íntegra. Nadie nos reímos, aunque ahora que lo pienso me debí de haber orinado de la risa. ¿Qué pasó ahí? La señora nunca proyectó sentirse exhibida ni avergonzada, lo que asesinó el humor de una secuencia digna de Capulina. Siempre que me pasa una experiencia de humillación pública la recuerdo y trato de emular su actitud sin éxito alguno. Supongo que primero tienes que ser venerable-cuasi-monja para poder salir bien librado.

En otra ocasión en la primaria, y frente a toda la escuela, me disponía a recitar un verso que hablaba de "La Expropiación Petrolera". Todo iba bien, super bien vestido, muy derechito y con cabello relamido, hasta que me pasan el micrófono....olvidé el verso que iba a pronunciar. Frente a toda la escuela y todo el personal que ahí trabajaba me quedé parado y transcurrieron los 10 segundos más largos de la historia de la humanidad. En esos 10 segundos tuve un conflicto interno titánico tratando de recordar y diciéndome a mi mismo que los de secundaria me iban a hacer pedazos por pendejo. Al final cuando reconocí mi derrota y mi confianza en mi mismo iba ya medio camino a la Guyana a pedir asilo político, inexplicablemente y muy bajito pronuncié lo siguiente:

"MMMMmmmmtaaaa madre"

...con el micrófono prendido todavía a la altura de mi barbilla. La escuela tronó en una carcajada estupenda ante la desaprobación de Carmen Ramos, la temible Directora de Primaria. Me puse rojísimo y me hice a un ladito para entregar el micrófono al niño que seguía para declamar. Todos lo hicieron perfecto.

La buena noticia fue que los de secundaria me encontraron simpático por mi folclórica expresión y me dejaron en paz. Tambien debo aceptar que relativamente disfruté la carcajada pensando que una carrera como comediante no podía ser tan mala. Al fin y al cabo algo de humillación pública en la infancia supongo que ayuda a forjar el carácter. Como en mi vida me he sentido tan imbécil estoy prácticamente blindado ante cualquier nuevo imprevisto.


Héctor Daniel









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Leo 07/30/2009 23:58

jajajaja, muy divertido tu post.... que oso el del reloj wey, pero la neta tb como te expones asi conociendo a la wera!!! de hecho como que las mujeres cuidan menos esas "apariencias" yo la verdad aunque suene como comentario de naco clasemediero-bajo, mejor ya ni me paro en el Palacio, no al menos hasta que gane mas....

No concuerdo con que lo ridiculo esta en la mente del que experimenta....

Esa del microfono no me la sabia, nunca hubiera pensado que te pasara algo asi a ti, señor del verbo....

Hector Grave 07/31/2009 17:53



Si, en la del reloj me salieron antenas y me convertí en cucarachita hasta que salimos de la tienda...


Hablando del rídiculo y el estado mental del que lo experimenta: ¿has conocido gente que pase lo que pase parece tener talento para salir bien librado de un ridículo mayúsculo? La situación
estúpida ahi estuvo y las risas frente a todos también...pero si no sintieron ridículo o simplemente saben como manejarse, eso no lo se, lo que sí se es que creeme que es algo que envidio de vez
en cuando

¡Saludos!