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El blog de Hector Grave

Reacciones Naturales

14 Agosto 2009, 10:23am

Publicado por Hector Grave

 

Reacciones Naturales

 

 

Hace ya algunos años íbamos  Adrianita* y yo caminando por la calle uno al lado del otro. En una banqueta en particular la dueña de la casa había mandado poner arbolitos a lo largo de toda la acera por lo que el espacio para caminar era en efecto para dos: con un lado la casa en cuestión y el otro lado con una muralla verde de arbolitos podados con formas estúpidas que estoy seguro la señora de la casa consideraba monísimas**. En fin, su heroico servidor caminaba del lado de las casas y Adrianita del lado verde cuando de repente y a la altura precisa de mi rostro: un hocico lleno de dientes y temibles colmillos aparece ladrándome con potencia. En ese momento no razoné nada: bien podía ser un perro, un puma o un velociraptor, ¿a quién le importa? Mi natural instinto para salvaguardar mi existencia arrojó lo siguiente: en un movimiento tan sencillo como rápido, tomé a Adrianita de la cintura, de inmediato ejecuté un “enroque” y al terminar semejante maniobra ¡CORRÍ! Es decir: no solo cambié mi lugar original con el de ella, sino que la dejé de carnada para que la bestia salvaje y amenazante la atacara mientras yo corría por ayuda…seguramente. Resultó que era un Pastor Alemán, bastante bravucón, perfectamente encerrado para seguridad de la ciudadanía transeúnte y de Adrianita quien del susto casi se me hace pipi a media calle….después de mí.

 

Hay momentos donde la naturaleza se raja y ni toda tu educación ni civismo te salvan. Sale la verdad pura y llana, la neta, lo que es y no se pudo reprimir. Hay quien dice que por reacciones espontáneas no se puede juzgar a la gente, yo creo que es perfectamente al revés. Cuando de manera natural haces algo, para bien o para mal, estás exhibiendo tu ser.

 

Otro día estaba haciendo fila en Av. López Mateos para salirme en la lateral de Manuel Acuña. Me paré con calma, puse mis intermitentes, me incliné a bajarle al radio cuando de repente: ¡ZAZ! Un sujeto en una camioneta Rambler del año de cuando Luis Echeverría era buen mozo se me estampó con fuerza. Recuerdo haberlo volteado a ver por el retrovisor central, haber gritado con toda la potencia de la que soy capaz y manoteado como nunca. El pobre idiota que se me estampó ha de haber pensado que el conductor de adelante era en realidad un mandril macho alfa de su manada imponiendo su liderazgo. En fin. Cuando me bajé del auto sentí que crecí 10 cm. Me acerqué al Rambler y conforme di mis últimos pasos pude ver cómo el otro sujeto se hizo pequeñito agarrando el volante. Si hubiera podido meter la cabeza en medio de los hombros: la mete. Con mi dedo índice señalando su rostro me acerqué y le dije firme: “¿Estás bien?” a lo que contestó: “Sí”. Todavía con mi dedo índice le ordené gritando: “DAME una identificación” a lo que contestó: “Sí”. Me la dio. Le volví a ordenar: que nos moviéramos de ahí, que tomáramos la salida de la avenida y nos paráramos en la primera cuadra abierta. Me obedeció sin chistar. ¿Es Héctor violento? No. ¿Me regocijo buscando pleito y amedrentando gente? Menos. ¿Fue mi reacción natural? Sí, sí lo fue. Exhibí una cara muy desagradable sin querer.

 

Funciona también con reacciones menos espectaculares y más cotidianas. Por ejemplo, viendo la película aquella de “Diario de una Pasión”, al final me atragantaba con el llanto atorado en la garganta…Adrianita lloró abiertamente y todas las otras mujeres en el cine también, los hombres en cambio con todo el machismo del mundo depreciadísimo hacíamos un esfuerzo titánico por no chillar. Más de alguno fracasó en su intento desesperado por no sentirse menosmachín. Al final me quedé con las lágrimas DENTRO de los ojos, lo que nublaba mi vista como si estuviera viendo a través de dos fondos de botella. Muy discretamente me “limpié” los ojos. Si me decía algo Adri juro que hubiera dicho que tenía una basurita. Aquí desplegué dos cosas: primeramente, el MUY estúpido prejuicio de que llorar es para las viejas y segundo, el hecho de que ¡sí lloré! Las contuve dentro de los ojos, pero las lágrimas ahí estuvieron, y además: ¿quién no se va a quebrar viendo a James Garner narrar su vida con amor a su esposa día con día para que a ésta mujer día con día se le borre el pinche cassette para volver a empezar de nueva cuenta para que entonces una noche se vayan a dormir juntos y descansen finalmente en paz para toda la eternidad? Sí, me exhibí: no soy de hojalata. ¿Y qué?

 

En otra ocasión me paré en Farmacias Guadalajara con mi hermano David a comprar unas Mantecadas Bimbo que tanto me gustan cuando me dan ansiedades. Agarré también un bote de leche y otro par de cosas sin importancia. Mientras me enfilaba a la caja (posicionada exactamente frente a mí), vi como un hombre se acercaba también, pero de manera perpendicular. Comenzó a acelerar el paso, lo que me indicaba que quería llegar primero a la caja. Ni madres. Aceleré ligeramente también. Cuando se vio perdido yo ya lo tenía prácticamente a tres pasos a mi mano izquierda, el viejo pendejo aventó los 200 grs de jamón que traía en la mano al mostrador, para que cayera ahí ANTES que mis Mantecadas Bimbo…lo que supongo en su mente era indicativo de que ÉL había llegado primero. Al ver volar el jamón mi reflejo fue poner en chinga mis mantecadas y mi leche en el mostrador. El jamón calló haciendo un ligero “pafff”, deslizándose brevemente. Pasaron 3 segundos incomodísimos donde el cajero me veía de frente, el jamón en el mostrador junto a mis mantecadas y mi leche, el viejo pendejo a mi izquierda y nadie decía nada. Convertido en Interventor de Gobernación el cajero resolvió el asunto diciéndome: “Buenas noches”, a lo que respondí “Buenas”. Me cobraron primero. Me meaba de la risa. Dos cosas: ¿somos animales competitivos por naturaleza? Sí. ¿Se exhibió el viejo pendejo del jamón como un gandalla que siempre-gana-nunca-pierde? También. ¡JAJA!  Me lo chingué.   

 

 

Héctor Daniel

 

 

 



 

Notas:

 

*El autocorrector idiota de Microsoft Word hace su aparición, terco en que mi mujer en realidad se llama “Arrianita” y no “Adrianita”. ¿Será?


** El autocorrector idiota de Microsoft Word contraataca, convencidísimo de que aquí en realidad quise decir “bonísimas”, cosa que no tengo ni la más remota idea de qué signifique.

 

 

 

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