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El blog de Hector Grave

A Mateo, Juan Pedro y Marcos...y a mis ahijados también

5 Mayo 2014, 10:02am

Publicado por Hector Grave

A Mateo, Juan Pedro y Marcos...y a mis ahijados también

 

La parte complicada de ser padre, hijos míos, es que trata uno de derramar algo en ustedes para darles herramientas, conocimiento y experiencia de esa que viene cargada de moralejas sin necesariamente saber ni comprenderlo todo. Es el mejor trabajo del mundo sin dudas, aunque nunca se está ni medianamente capacitado para llevarlo a cabo. Así, como todo en la vida, termina uno haciendo simple y sencillamente lo mejor que puede, y esperar que lo mejor que se puede alcance para hacer la diferencia. Las diferencias. Al menos las que importen. Las que den dirección cuando el camino es incierto. Las que salven el día quizá, o incluso, la vida.

Yo soy como todos y conforme crezco se cada día más y a ratos me convenzo de que sé cada día menos. Me confundo. Creo entender el orden de las cosas, para luego solamente descubrir que el orden está invertido, que no todo tiene derecho y revés, que no hay verdades absolutas. Y sí, el que termina necesitando dirección soy yo. Ya me la dan de mil formas y eso que todavía son muy pequeños.

Tú, Mateo, todo el tiempo me dices con tu manera que el presente es hermoso y que aunque esté nublado, el día es maravilloso por ser hoy, ahora y ahorita. Te prometo mi niño dulce que jamás he encontrado a nadie más alegre en la vida y no sabes, a tu tierna edad, de cuántos agujeros emocionales me has sacado y me sigues sacando. Te agradezco TANTO.

Tú Juan Pedro, me dices con tu manera, que con determinación y convicción se logra lo que uno quiera. Solo hay que empezar por creérsela. ¿Cómo haces hijito, para ser tan pequeño y hacer cosas de grande? Creo que estás convencido de que eso eres: grande. Y como no lo crees, no lo piensas, sino que lo SABES, se te da lo que a simple vista no se debiera poder. Esto mi niño, es una bofetada amorosa que todos los adultos necesitamos constantemente, porque al crecer nos llenamos de la convicción de nuestros propios límites y eso, mi niño pequeño grande, nos corta las alas, a veces en lo que muchos llaman plenitud.

Tú Marcos, me dices sin haber nacido aún, que debo dar la pelea literalmente de la vida, por amor. Porque te amo sin haberte conocido aún, pero profunda e irremediablemente desde que fui consciente de tu existencia. Porque debo de estar fuerte y capaz para protegerte y llevarte por la vida hasta que sepas volar y no me necesites. Porque tú vida y bienestar valen la pena cualquier sacrificio, y debo de estar preparado para y por ti.

Para y por ustedes. Para y por los tres.

Fíjense, a tan corta edad y ya me he llevado yo la mejor parte. ¿Qué les puedo yo dar a cambio?

 

No les tocó un padre sabio, de esos que son venerables maestros. Tampoco les tocó un héroe o caudillo, de esos de los que se aprende casi casi por osmosis, que por su grandeza destilan lecciones, admiración y leyendas.

¿Qué les doy mis niños, para intentar compensar tanto que ustedes me han dado?

No tengo más que un poquito de lo que sí. De lo que tienen todos los hombres, pero que no todos se atreven o pueden compartir. Algo de experiencia. Práctica en la vida. Errores por montones. Lecciones aprendidas. Y mil anécdotas que contar, que Dios quiera cuando crezcan nunca les cansen y siempre quieran escuchar.

Una pequeña muestra para ustedes y para mí. Para que me recuerden si algo pasara y aunque sea quede registro por escrito de quien soy y qué aconsejo, para bien y para mal.

 

De estudio, exámenes y carreras

Hay mil prejuicios y paradigmas en torno a la educación. Tienen toda la vida para escucharlos todos e ignorar seguramente más de la mitad. Lo que sí les puedo decir es que una mente educada es una mente ejercitada para asumir más y mejor lo que sea que les depare la vida.

Hay un montón de mentiras por ahí, que lo fueron y lo son para mí al menos. Aquí unas cuantas que creo que son fundamentales:

La  preparación académica te asegura el éxito profesional: nunca. Esto se dice con la mejor de las intenciones, sobre todo para estimular el estudio y el buen desempeño académico. Pero nada más.

El que saca buenas calificaciones se está preparando para triunfar: en mi experiencia mis niños, y miren que yo honestamente fui casi brillante en mis estudios, el que saca buenas calificaciones se prepara fundamentalmente para jugar con un sistema, aprobar y obtener satisfacción de que el sistema lo apruebe a uno. Nada más. La preparación para triunfar está en aprender a preparar el camino.

El que tenga mejores calificaciones y títulos más importantes le ganará la partida al que no: este es para mí el mal entendido fundamental de miles de frustrados profesionales. La partida se gana con tus recursos. Calificaciones y títulos son uno de tantos recursos a la mano, pero no los únicos y menos los fundamentales. El recurso fundamental está en el espíritu.

Lo que sí he vivido, creo y lo que me consta en torno a la educación:

La educación da mundo, abre la mente y da perspectiva: cuando abres tu mundo, mente y capacidad de ver las cosas desde distintos ángulos, en automático estás mejor preparado para resolver los problemas que la vida te pone enfrente.

Estar mejor preparado no es garantía de que los vayas a poder resolver. Pero sí es garantía de que podrás dar batalla. Las historias de los grandes caballeros están llenos de batallas heroicas llenas de gloria que no necesariamente son victorias.

Los títulos dan renombre, y el renombre es un recurso a tu disposición que puede hacer la diferencia.

Tener estudios te da un paracaídas valiosísimo cuando la vida se pone más cabrona y te empuja fuerte: siempre podrás hacer algo haciendo valer tus estudios. Sin ellos, tus posibilidades son simplemente más reducidas.

Los hábitos de estudio y los buenos resultados académicos son un reflejo de la disciplina, la perseverancia, la paciencia y la voluntad de aplicar tu concentración y capacidad para lograr un resultado: no son las calificaciones. Es lo que se ejercita al prepararse para obtenerlas, lo que se practica y lo que se explora para llegar a ellas.

Ojalá cuando crezcan puedan leer esto, sacar sus propias conclusiones, y comentarlas conmigo. A ver si me equivoqué.

Mientras eso sucede, en el inter mis niños, les garantizo que van a pasar por aquí:

 

Un pinche 7 muy sufrido será de repente infinitamente más valioso, rico y maravilloso que un 10 en la bolsa. Siempre. Es el equivalente a una coca cola BIEN fría en un pueblo polvoriento en el desierto a cuarenta grados centígrados contra una copa de champagne en el mejor hotel de Las Vegas con el mejor aire acondicionado.

Un 10 con trampa es una victoria que sabe falsa y vacía. La verdadera trampa para ustedes está no en probarlo, sino en acostumbrarse al sabor falso y vacío. Mucho ojo con esto.

Ayudar a entender algo a alguien que está perdido produce enorme satisfacción.

Estar perdido y que te ayuden a salir adelante te permite vivir agradecimiento, afecto, admiración y camaradería.

Estudiar fuerte para algo y fracasar en el resultado te permite comenzar a medir tu alcance y estatura como hombre. Porque los hombres se levantan muchas veces solos y se superan a sí mismos.

Durante los estudios se hacen los mejores amigos. Y si crecen como yo tuve la oportunidad de crecer, no serán sus amigos únicamente. Serán su familia para toda la vida.

Un 8 o 9 contra todo pronóstico sabe a ganarse la pinche lotería…me imagino, porque no tengo ni puta idea de qué se siente ganarse la lotería…pero así ha de saber.

 

De amor y descubrimiento

Hace unos días, Mateo, supe que en una fiesta a la que fuiste, tu mejor amiga del colegio estaba comiendo pizza y comentando lo buena que era. Sin dudarlo fuiste, pediste pizza para ti y comiste para definitivamente estar de acuerdo con ella. Nada de esto tiene nada de extraordinario salvo por el hecho de que tu aborrecías la pizza hasta ese día y no fue cualquier niña. Estás como enamorado de ella.

:D

Esto les va a pasar a los tres muchas veces toda su vida.

Y luego creces. Y un día tienes novia.

Estoy lejísimos de ser un experto en esto, pero como cualquiera tengo más de alguna cosa que contar. Ojalá la vida nos permita hablar de todo esto como padre e hijos. Pero si no sucediera por cualquier motivo, al menos aquí les comparto pedacitos de lo que yo entiendo y lo que no. Para bien y para mal.

Que le gustes a una niña es un honor. Como tal, hay que honrarla no solo a ella, sino a su gusto. ¿Cómo se le honra a ella y a su gusto? Respetándola. Correspondiéndole si es posible. Aclarando con mucho cuidado y educación si no. Esto lo escribí como si fuera para niños. Es para adultos también. Es de hombres hacerlo así y nunca de otra forma.

Aguas con las canciones que dedican. Sobre todo pasa con las mujeres, pero también a muchos hombres. Porque cada vez que salga esa canción, el momento vive nuevamente. Y si dedicaste una pendejada de canción: la pendejada de canción te va a perseguir hasta el final de tus días.

Nada le dice a una niña que quieres quedar bien, como tener modales de viejo educado a la antigua en los detalles más sencillos: como abrirle la puerta del auto, dejarla pasar primero, sacar la silla en el restaurante. Si haces esto, de corazón, te habrás diferenciado muy bien.

Un beso puede ser para toda la vida. Al momento ni sabes. Ni te imaginas. Y a la otra persona le puede pasar igual. Ni siquiera debe de ser un beso complicado, largo ni sofisticado. Un simple beso tierno puede ser el beso más sublime que haya existido. Mucho cuidado por eso a quien se los dan y cómo. Cuando les den EL beso van a saber. Ya verán.

En cuanto a besar: no tiene chiste. Te enseñas sobre la marcha. Si estás rependejo para eso y ella también, pues no hay fijón y se van a divertir aprendiendo. Si estás rependejo y ella no, pues te va a enseñar y sales ganador por donde la veas.  :D  Aquí lo peor que pasaría es que le va a decir a todas sus amigas lo pendejo que estás y aunque eso no está padre, a más de alguna le parecerá “lindo”.

Ser lindo es una buena carta, ya lo verán.

Ser lindo no se puede fingir. Eso es ser pendejo y siempre se nota. Sieeeempre. Como Ari Telch en cualquiera de sus novelas. Ya sé que no van a saber quién chingados es Ari Telch, pero créanme.

Es verdad aquello del beso robado. Róbense los que quieran, lo digo de corazón. Ojalá sean los menos, así sabrán siempre que fueron los correctos y así también siempre serán especiales. Nada más cuiden por favor, siempre, el momento.

Nunca se regalen como objeto físico. El amor muchas veces se vuelve y se expresa físico, pero lo físico no siempre ni necesariamente es amor. Este es un riesgo que todos los humanos corremos. Sucede y se vale a veces, pero aquí no puedo más que advertirles: es jugar con fuego, y el que juega con fuego tarde o temprano se quema.

No vayan a hacer llorar a alguien a propósito, no sean cabrones. Sean caballeros.

Van a llorar. Los tres. Varias veces. Chicos, jóvenes, adultos. Esto es inevitable. Cuando eso suceda espero nada más tengan a su alrededor a la persona correcta para hacerlo. Para platicar. Para discutir. Para que los regañen. Para que los pongan en su lugar. O simplemente para que los escuchen. Si tienen alguien así con ustedes, se lo hacen compadre si pueden. Y aunque normalmente no se recurre al padre, al menos no en mi experiencia, yo siempre estoy y estaré ahí incluso aunque la vida no me permitiera estar.

Procuren no ir sin lana a algún lugar con ella y siempre procuren pelear por la cuenta.

Se vale andar pobre y se vale también decirle, total: si no los valoran por andar pobres, tienen licencia para mandarlas en ese mismo momento instantáneamente a la chingada y de vuelta.

Hay maneras y formas para mandar a alguien satisfactoria e instantáneamente a la chingada y de vuelta con categoría. Aguas con arrastrar el apellido…

Respeten una cita a toda costa. A muerte. Porque una cita, si no para ustedes, SÍ para ella: va cargada de ilusión, expectativa y fantasía. Si no llegan, habrán pisoteado todo eso. Eso deja huella permanente por desgracia.

Vayan, exploren, jueguen, equivóquense, regresen a vuelvan a equivocarse. Nada más y ante todo: cuidado con las consecuencias.

Y AGUAS a quien le dan el corazón. Porque a quien se lo den, se lo va a llevar. Y de eso se trata, pero para que lo pongan en alguna vitrina o caja fuerte, no para jugar pinche futbol o para detener alguna puerta y que no la azote el viento.

El corazón cuando se lo roban, si tiene que regresar, siempre regresa. Solito. Como cuando la gente maldita va y tira a algún gato nefasto que no deja dormir por la Carretera a Chapala y a los dos días vuelve a aparecer maullando en la azotea.

Si no regresa, sepan que también está bien. Es porque está donde tiene que estar.

Al final, se trata de descubrir el amor, amar, dar, recibir y recordar. Y la vida no se pone mejor, así que ojalá lo encuentren y les dure para siempre.

 

De cerveza y cosas peores

Parte de crecer trae consigo lidiar con todo esto. Espero tengan edad para leerlo:

Si beben, procuren siempre que sea algo que realmente les guste. Por lo general no sucede así y termina uno bebiendo algo que a uno no le gusta nomás para encajar en un grupo. Lo mejor es que normalmente a nadie le gusta, pero todos pretenden que sí. Es como un ritual muy masculino sobre crecer y sentirse hombre.

Mi primera cerveza no la recuerdo. Pero sí recuerdo la primera cerveza que disfruté. Me la dio su Tito Abel en Escuinapa, con un calor infernal de esos que te sofocan desde las 8 de la mañana…y eran como las 12 del día. En casa de mi abuela, sentados en mecedoras de madera y mecate, con unos sujetos que no conozco pero que mi papá sí, todos se llamaban “Compadre” y al verme sofocado mi papá me ofreció una Pacífico, de cuartito. Estaba como salida del Polo Norte y sudaba de buena. Le tomé con renuencia y la maravillosa bienvenida que mi cuerpo le dio es inolvidable.

Qué BUENA estaba la cabrona.

Y luego ya nada fue igual.

La cerveza es un mundo para descubrir. Comienza uno tomándosela como si fuera refresco y cuando se crece, si les gusta, la trata uno con respeto y afecto. La cerveza está acompañando la memoria en muchísimos momentos importantes y felices, memorables y tristes y nunca te falla. La razón hijos míos NO es la cerveza en sí. Es la compañía. Así, yo recuerdo cervezas fantásticas, muchas de ellas comunes y corrientes, pero en las circunstancias más felices y memorables:

En un partido de cuartos de final donde el imbécil e infame  Edú le metió un golazo al Guadalajara y perdimos, ante el América. Momentos antes Edú tuvo un penal y lo falló. El brinco que di de euforia fue tal, que le tiré una cerveza completita a mi padre en sus amados pantalones esos que no se quitaba (que por ahí han de estar todavía, no lo dudo ni tantito) y pude ver toda la furia y frustración pasar por su rostro en dos segundos. Cuando pensé que moriría asesinado por furia paterna, mi padre se mostró magnánimo y no me dijo ni una sola palabra. Al final perdieron las pinches Chivas, ganó el odiado rival, el jugador que más aborrezco fue el héroe y yo salí contento de haber salido con vida.  :D

En el Estadio Jalisco también, pero ya en edad, pasé decenas de partidos de las Chivas en compañía de mis cuates el Chavo y el Muecas. No cambio ni UNO de esos partidos ni por un campeonato que nunca he visto en el estadio. Era cerveza Sol, o Tecate, o alguna peor. Pero qué buenas estuvieron Dios mío.

En un billar infame con mi compa el Wil y otro par de weyes, donde o pedías una caguama o no había nada más que tomar. Estábamos por pedir caguamas de Indio cuando las vimos: unas botellas enormes, parecidas más a pócima para el cabello o MaEvans, obscuras con la leyenda: “Sol Brava”. Pedimos ipso facto una cada quien, a lo que el dueño del billar desde la barra nos contestó:

“Muchachos…están de cuidado, aguas”

A lo que con indignación le dijimos una pendejada que palabras más fue como esto:

“Señor: no se preocupe. Somos PRO FE SIO NA LES”.

El viejo nos miró con cierto resentimiento, nos dio las cervezas y nos fuimos a jugar. Pedimos otra y nos la dio sin chistar.

30 minutos después no salían las cuentas, no podíamos dividir entre cuatro, nos dolía la cabeza, no podíamos de la risa culposa y el viejo todavía nos regañaba como suegra:

“¿Veeeeeeeeeen? ¿No que muy cabrones? LES DIJE. LES DIJE. LES DIJE. LES DIJE.”

Salimos muertos de risa a sentarnos en la banqueta. Nos pudimos ir como hora y media después.

 

De estas tengo cientos de historias. No todas son borracheras o cosas peores. Son historias de vida, de risa, de recuerdo, de memoria. Son tesoros.

Acumulen tesoros hijos míos. Desde ahorita. Desde siempre. Nunca pierdan de vista que para eso se vive, para acumular recuerdos felices, para divertirse, para reír, para vivir. Si son con cerveza o cosas peores, nada más recuerden las consecuencias y el impacto de sus actos.

Se vale vivir. Lo que no se vale es poner la vida en riesgo. La vida, sea la de ustedes, sea la de sus acompañantes, sea la de los desconocidos a su alrededor.

Cuando se es hombre se es responsable de todo esto y más.  Por favor, nunca lo olviden.

 

Otro día le seguimos. Por lo pronto y por mientras, hijos míos, llévense estas palabras: los amo. Como es imposible amar a alguien más. Para siempre y por siempre.

 

 

Héctor Daniel Grave Cristerna

 

 

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