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El blog de Hector Grave

Como matas de baldío

8 Agosto 2014, 18:21pm

Publicado por Hector Grave

Como matas de baldío

 

Crecen los chicos. Como mata de baldío, de la noche a la mañana enormes están.

Mateo ya parece abarcar la cama completa cuando duerme. De pequeñito no tarda en convertirse en muchachito. Lindo y guapo la verdad se está poniendo. Un día de estos va a comenzar a oler mal por las mañanas y entonces, entonces: mi pequeñito se habrá ido. Y será potrillo (o macaco) maravilloso en formación. Comenzará a tener preguntas donde antes no las tuvo. Comenzará a tener problemas de niñas. Querrá cierta ropa y otra no. Me querrá contar con algo de pena algún problema y entonces: será puesta a prueba mi verdadera capacidad de ser padre. Niño tierno, sensible, práctico, hábil para crear y hábil también para desentenderse del deporte. Fresco como ninguno. Agradable por el simple hecho de ser, una bendición que más de algún pedazo de hígado encebollado que anda por ahí merodeando mataría por tener aunque fuera: una fracción.

Juan Pedro es pequeñito grande ya. Justo en el borde más tierno, en la frontera donde parece bebito y no, con expresiones y gestos de bebé y de niño grande al mismo tiempo. Payaso precioso natural, juguetón físico, admirador incondicional de su hermano mayor (un día, frente a mí, le dijo: “Mateo: eres mi hédroe”), tierno, dulce y también celoso de su hermano menor. Un niño maravilloso por genuino. Emocional. Impetuoso. Capaz de dar un abrazo pleno como contadas veces, con los dedos de mi mano, he encontrado en la tierra.

Marcos está hecho un berrinche tragón. Está totalmente “embracilado” como dicen en el rancho, quiere brazos y brazos nada más… y comer y dormir y pañalitos limpios. Está en esta etapa del bebé donde es un muñeco la mitad del tiempo, con una papada que compite con la del Doctor Carstens, ojos tiernos que no ven pero perciben y buscan, que derrite porque está empezando a responder con una sonrisa al llamado afectuoso. Ojitos sin color definido, azules al día de hoy, cafés seguramente mañana. El bebé desactiva cualquier bomba de tiempo adulta y él solito y solo él es capaz de hacer desaparecer de los hombros cualquier carga y peso que su pendejo pípila padre haya decidido estúpidamente cargar incluso dentro de la casa sin motivo aparente.

Padre de tres. Sin ninguna capacitación, sin guía ni referencia, sin manual de operaciones, sin ficha técnica ni instrucciones de ensamble, sin FAQ’s, sin sitio web de soporte ni servicio telefónico bueno para nada. Pero con su madre que todo lo puede y todas mis carencias compensa. Dios sabe lo que hace, sin duda.

Crecen ante mis ojos en todo momento. Es como vivir con un reloj de arena que todos los días en todo momento ves avanzar.

Como si no fuera suficiente verme medio puteadón y medio todas las mañanas en el espejo antes de meterme a bañar (pinchis espejos por cierto, justo en posición donde uno se tiene que chutar los ángulos menos agraciados del físico, secos antes de entrar, mojados y no por eso más bonitos al salir), veo a los príncipes todos los días crecer y cambiar. Me fascina y me entristece al mismo tiempo. Me asusta el día que se quieran ir y yo los tenga que dejar. Supongo eso será mejor a que me quieran meter alguna novia lagartona a la casa…o quizá no. Me imagino perfecto la cara de su madre.

Casi, casi, casi quiero que alguno lo intente nomás para presenciar el hermoso espectáculo. ¡JAJAJA! That’s gotta be worth watching…

 

El carácter sale siempre a relucir…

Juan Pedro, más impetuoso que sus hermanos desde pequeñito, ya suelta cosas que asustan inmediatamente después de que se te pasa la risa o la gracia del momento:

-          Muy encabronado, justo cuando le acabas de cancelar algún desmadre, me dice totalmente serio: “Ya no eres mi papá”

-          Con actitud del Chavo del Ocho, yéndose de la vecindad porque nadie lo quiere, cuando le acabas de cancelar alguna aventura salvaje y peligrosa. No tarda un día en largarse de la casa, ¡lo juro!

-          A madrazo limpio cuando la desesperación es tal, que no se mide y BOOOOLAS: descuenta parejo.

Un día traía un pleitazo con su hermano porque aquél le decía que él era pequeño y Juan Pedro defendía su territorio con furia:

-          Juan Pedro muy encabronado gritando: “¡BEBÉ ES PEQUEÑO! ¡YO SOY MEDIANO!”

-          Su padre bueno para nada a la pasada suelta la risa.

-          Juan Pedro doblemente muy encabronado dirigiéndose a su padre bueno para nada para ponerlo en su lugar: “¡¡NOOO ES GRASOCIOOOO!!!

-          Su padre que no entiende nada pues, ahora sí suelta la carcajada: “¡JAAAAAAAA!”   :D

Resultado: Madrazos. Garantizados.

Cuando crezca, se va a poner sabrozo. Hasta eso muy lindo, siempre se disculpa. Y yo me disculpo con él por reírme. Y somos amigos otra vez. Una y otra vez.

 

Mateo de plano sacó en todo a su madre pero a mí sin dudas sacó en lo holgazán para el deporte. Lo mandaron a sus muy elegantes cursos de verano en un club y aunque se supone que lo ponen a hacer múltiples actividades deportivas durante el día, cuando llego a recogerlo siempre me lo encuentro haciéndose pendejísimo con un palito pegándole a un árbol o comiéndose unas papitas…

¿A quién me recuerda?  :D

Le falta su amigo el güero nomás. No tarda en comenzar a fabricar justificantes médicos apócrifos.

Cuando le pregunto cómo le fue, me dice que muy bien, que jugó con sus amigos, que no le alcanzó más que para unas papitas, pero que al día siguiente va a traer más monedas y asunto resuelto. Punto. Prefiero no saber. Siempre llega muy contento. Con eso me doy.

Marcos está fabuloso. Su madre estaba muy contenta porque ella juraba tener la exclusiva de las bebunas carcajadas que se aventaba, hasta que ni tardo ni perezoso empezó a regalarlas como muestras gratis de acondicionador en revista de doñas. Se reía conmigo, con mi mamá, con mi suegra, con Mateo, con Milú, con Bertha y con quien se atravesara por ahí. A su madre le pareció lindísimo, hasta que me la caché en privado reprimiéndolo como solo una madre lo reprime a uno:

-          Ya te vi que andas de risa barata”

Muero de ganas de que tengan novia a ver que chingados pasa.

O que empiecen a hablar niñas fresonas a la casa, con vocecita toda de niña que a nosotros nos será extraña e incomprensible por ser una fábrica exclusiva de testosterona:

-          “¿Holaaaa señoraaaa, no estaaaa Mateooooo? Habla Fulanitaaaaa”

Ojalá pueda presenciar eso la primera vez que suceda. Me río como villano. ¡MUAJAJAJA!

 

Padre de tres y de tres nada más…

Eso que ni qué, padre de tres y tres nada más. Ya tengo muy visto el lugar donde enfrentaré mi destino y pasaré por el procedimiento ese tan temido por todos y al que solamente los valientes nos enfrentamos…

La verdad que me cago de miedo. Pero bueno digo, alguien tiene que aventarse. Además, no tienen nada de malo las pistolas de salvas, mientras hagan bien mucho ruido…

Ya me explicaron muchas veces como funciona el procedimiento y no sé realmente que me inquieta más: el jeringazo de anestesia donde lo ponen (encogí la sección al escribir esto…¡GULP!), la manipulación a la que es uno sujeto por otro sujeto o bien el dolor aquel que todo mundo me explica, textual (y aquí las lectoras pudorosas favor de saltarse dos párrafos, advertidas están), duele “igualito que un balonazo bien dado en los huevos”.

Ahora díganme: ¿Ustedes creen que me apetece un balonazo bien dado en los huevos?

Además sucede que yo tengo experiencia de primera mano con balonazos bien colocados en mis años de jugador bulto de fútbol en las Canchas del Colegio Alemán...como no sabían que chingados hacer conmigo, me ponían de central para estorbar a la pasada o de plano, a porterear. Mi técnica dejaba mucho que desear…

En fin. Iré a resolver eso. Pronto. Y en cuanto me recupere, iré a comprarme un videojuego o unos zapatos o algo para premiarme a mí mismo por mi heroico sacrificio

Para variar, me desvío. Perdonen. Me regreso a mis niños.

 

Y cuando vuelen les deseo, mis príncipes…

Que se avienten. Viajen. Conozcan el amor. Disfruten el momento. Se cuiden. Se rían. Que tengan amigos. Compadres fieles. Que vayan a mil fiestas divertidas. Que lean mil libros maravillosos. Que sueñan y vuelen y ante todo, que no se repriman…suficiente represión hay en el mundo ya.

Tengan y provoquen millones de carcajadas genuinas. Miles de cervezas bien frías. Millones de millones de letras maravillosas. Imágenes bellas. Besos dulces y tremendos, tiernos y no tanto. Brazos abiertos y abrazos genuinos. Tequilas derechos. Ojos hermosos que miran y miradas que matan. Sincronía de corazones. Contactos maravillosos. Relaciones profundas. Lecciones aprendidas. Sabiduría al madurar. Amor y alegría al envejecer.

 

Todo esto es vivir.

 

Tengan todo esto mis niños. Y desde donde quiera que esté les prometo que con orgullo sonreiré al mirar lo grandes que son: Mateo, Marcos y Juan.

 

Héctor Daniel

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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