Overblog Seguir este blog
Edit post Administration Create my blog
El blog de Hector Grave

El cine de mi infancia

21 Octubre 2011, 16:48pm

Publicado por Hector Grave

El cine de mi infancia

 

 

 

Seguido me impresiona cómo se vuelve cotidiano lo que apenas hace poco no lo era. Pasé hace algunos días por Avenida Vallarta y me detuve a dedicarle dos segundos de tiempo al edificio del Cine del Estudiante que está convertido en un verdadero basurero y suspiré. ¿Cuántas películas vi ahí? ¿Cuántas emociones experimenté? Recuerdo la última película que ví: “Robin Hood: El Príncipe de los Ladrones” con un Kevin Costner en la cúspide del estrellato mundial que a más de alguno hizo pensar que el legendario Robin era a lo mejor de algún lugar gringuísimo como Montana y no de Nottinghamshire o “de donde sea + shire” que haya sido el legendario héroe-arquero-ladrón-noble que no existió pero que todos conocemos.

 

Ahora el edificio está abandonado y está convertido en un homenaje a toda la cholencia que circula por ahí que nomás obscurece y saca la pintura para dejar su estúpida huella en un mundo en el que no caben porque no quieren caber. Pero eso es harina de otro costal. Además este no es un blog de esos de “conciencia social” que tanto abundan y que nada más leen los que se quejan de todo por deporte. PFFFFF!

 

Ahora tenemos Cinépolis con Salas “4D” y VIP, compra de boletos por teléfono e internet, formato IMAX, pantallas gigantes, servicio de dulcería a tu asiento etc. Todo para nuestra satisfacción como consumidores hambrientos de entretenimiento que somos.

 

 

¿Cómo era la vida antes de Cinépolis?

 

Hay un elemento que las nuevas generaciones no conocieron ni conocerán. Antes de Cinépolis ir al cine era emocionante. Era una opción de entretenimiento que requería cuando menos algo de planeación. Requería también algo de consenso: era un ejercicio de legislación intrafamiliar escoger una película. Al cine se iba con tiempo. Ya que te pasaban al edificio también había un tiempo muerto de expectación en un Lobby dónde comentar el espectáculo por venir. Con suerte veías algunos posters de películas próximas a estrenarse, aunque si la memoria no me falla lo que había eran posters de películas icónicas pero siempre muy viejas como “Cazadores del Arca Perdida” o “Encuentros Cercanos del Tercer Tipo”. En la dulcería se hacía una fila lentísima pero no por eso molesta donde una señora vestida de civil te servía palomitas del jueves pasado en una bolsa de papel encerado con rayas rojas y una Fanta al tiempo en un vaso desechable de Plásticos Jaguar donde el refresco completo no cabía…por lo que había rápido que tomar la inquietante decisión de abandonar un chorrito de refresco bueno en el envase o bien empinarse unos buenos tragos a fuerzas para tratar de aprovechar hasta la última gota. Recuerdo haber abandonado envases todavía con algo de refresco con inmenso pesar infantil mientras caminaba hacia la penumbra brutal que era la sala. Me llegó a tocar hasta comprar pan dulce para meterlo al cine o bien una bolsa con rines de harina de esos de cantina con salsa Tamazula y limón.

 

Las salas eran como cuevas...y de noche. Si llegabas tarde necesitabas los servicios de algún “acomodador” que era ni más ni menos que un muchachito con una linterna de pilas buscándote lugares donde sentarte. Esperaban naturalmente una propina, que se limitaba a algunas monedas de estas de 100 pesos pesadísimas que traían a Don Venustiano Carranza. Sin el acomodador era – me cai – imposible. La gente se amontonaba en la puerta porque no se atrevía a caminar en la penumbra por legítimo miedo a darse en toditita la madre. La obscuridad combinada con el mugrero de palomitas y empaques viejos que había en el piso lo volvía inquietante. Recuerdo también muchísimas veces haber tentado el asiento con la palma de mi mano con inquietud para ver si no había algún chicle masticado o algo peor que se me pegara el trasero para posteriormente hacer un desmadrón monumental en los asientos aterciopelados del bien amado Grand Marquis de mi papá.

 

Los asientos de las butacas eran de resortes y podías verdaderamente sentirlos hasta la nuca y seguramente más de alguna desviación de columna por mala postura de más de algún cinéfilo ochentero es gracias a las butacas del Chaplin.

 

Y comenzaba la película…y luego había intermedio…y todo estaba BIEN.

 

 

Algunas películas de mi infancia

 

 

Willow

 

Antes de que George Lucas echara a perder todo lo que produjo y que tanto amamos de él durante años y vidas enteras existió una película suya que para mi hizo época: Willow. Trata de una niñita perdida que es rescatada por un enano aprendiz de hechicero. La niña es ni más ni menos que una princesa que derrocará a la reina malvada que gobierna la tierra, por lo que el valiente enano (Willow) cumplirá con la misión de llevarla al lugar que corresponde y cumplir su destino. Es una historia de fantasía completísima con enanos, trolls, caballeros buenos y malos, hadas y brujas. Lo de las brujas es digno de mencionarse: hay una pelea entre la bruja reina maligna y la bruja blanca que regresó del exilio que hace ver a Saruman y Gandalf como dos viejos chochos dándose bastonazos. Hasta con los puños se dan cuando la magia parece no ser suficiente. Aparece también un jovencísimo Val Kilmer como héroe caza recompensas simpaticón-buena onda al que además le alcanza la galanura para agenciarse a la hija buenona de la reina malona. Nada mal ¿no?

 

Recuerdo con particular interés a un impresionante General de las tropas malignas que usaba una máscara de calavera humana como ajuar de combate así como una espada gigantesca con sierra así como de serrucho para intimidar rivales y público por igual. Sus diálogos además eran fantásticos. Le recuerdo tres frases y no por mala memoria, sino porque tengo en verdad una estupenda memoria para todo aquello que no es importante y esto es lo único que dice en toda la película:

 

“OPEEEEN THE GAAAAATE!”

 

“I HAVE THE CHIIIIILD!”

 

“AAAAARGGGHHHH!”

 

Lo último pudo o no haberlo pronunciado tres o cuatro veces en distintas escenas.

 

 

 

The Princess Bride

 

En "The Princess Bride" no solo aparece mi espadachín favorito de todos los tiempos (Iñigo Montoya) sino que además descubrí la que es sin lugar a dudas mi definición perfecta de cómo debe de lucir una princesa de cuento: la bellísima Robin Wright. Simplemente angelical. El reparto es buenazo con Andre "The Giant" en un rol principal, el mediocre Cary Elwes como el heroico príncipe que busca recuperar a su amada y hasta Billy Crystal como alguna clase de viejo sabio del bosque que con ayuda de unos huesos como de durazno mágicos puede ni más ni menos que devolverte la vida, aunque vuelvas en ti y dures un buen rato así como desguanzado….pensándolo bien eso nunca me gustó y la neta eso está medio raro, pero no importa.

 

Mi interés seguía al español Iñigo quien busca por el mundo al “hombre con seis dedos en una mano” quien es responsable de la muerte de su padre. Esto ya apareció en este blog alguna vez, pero bien vale la pena ponerlo de nueva cuenta. El texto es tan bueno que merece ser escrito y pronunciado una y otra vez:

 

“Hello. My name is Iñigo Montoya. You killed my father. Prepare to die!”

 

Después de esto está clarísimo que Aragorn es un espadachín mediocre y papanatas junto a Iñigo. Como muestra: no le recuerdo ninguna frase amenazante ni heroica que se aproxime remotamente a esta. A nadie.

 

Como bonus: aparece también Fred Savage: aquel que a tantos de nosotros acompañó en aquella estupenda serie de televisión llamada “Los Años Maravillosos”.

 

 

 

TRON

 

La película que me convirtió en un nerd del Sci Fi. Esta película lo tiene todo:

 

 

¿Animación por computadora? Check!

 

¿Carreras de motos a velocidad mortal? Check!

 

¿Tanques de batalla? Check!

 

¿Trajes con luces de neón? Check!

 

¿Jeff Bridges?: Check!

 

 

¿Qué le faltó? Probablemente Farrah Fawcett, pero no hay película perfecta. Ya era muchito pedir.

 

 

 

Superman II

 

El inigualable Christopher Reeve combatiendo no a uno ni dos sino a ¡TRES sujetos con súper poderes idénticos a los de él! y solo porque los humanos en su infinita estupidez decidieron seguir usando sus armas nucleares lo que obligó a nuestro héroe a comprometerse a detener todos los misiles que fueran disparados en pro de la paz mundial…la trama tiene algunas lagunas que hasta en mi infancia recuerdo haber cuestionado, para muestra unas cuantas:

 

1) Cuando Supermán junta todos esos misiles nucleares para lanzarlos al sol y destruirlos: ¿cuántos misiles había? ¿50? ¿60? ¿Cuántos misiles nucleares debes de lanzar para darte cuenta de que es imposible ganarle a Supermán?

 

2) ¿De dónde sacó Supermán una red tan gigantesca para meter misiles nucleares en ella y poder lanzarlos al sol?¿Se habrá puesto a super tejer por las noches?

 

3) ¿Cómo estuvo eso de que al lanzar unos míseros misiles nucleares al sol se generó energía suficiente como para sacar a los tres super villanos esos de la dimensión-desconocida-prisión de dónde estaban?

 

4) ¿De dónde sacó Supermán el cristal ese para correr el proceso en su fortaleza de cristal y convertirse en humano? No no no, antes: ¿Por qué carajos querría Supermán convertirse en un pusilánime humano?

 

5) ¿Por qué es tan fea la actriz que escogieron para interpretar a Louise Lane? Esto no es exclusivo de Superman II, pero todavía no lo entiendo…

 

Amo esta película. No importa que sea incoherente, que el General Zod esté demasiado soviético en su look, o que el tercer villano tenga un problema intelectual evidente. El verlos pelear en New York mano a mano simplemente no tiene madre y creo que sigue siendo de mis secuencias de acción favoritas de todos los tiempos. YEAH!

 

 

¿Cuáles me faltaron?

 

 

 

El cine siempre fue para mí un lugar muy feliz.

 

 

Y lo sigue siendo, lo que pasa es que ya no es un acontecimiento. Un día de repente crecí y aunque me sigue interesando simplemente ya no es lo mismo. Tendría que ser niño otra vez.. Todavía lo gozo, pero nunca ya como en aquellos días…

 

...hasta hace poco que llegó el día en que llevé a Mateo a ver su primera película en el cine.

 

Redescubrí el gozo en un cine reflejado en la cara de mi niño al comenzar la proyección. Podría haber pasado la película entera viéndolo a él. ¡Qué dicha ser niño!.

 

Cuando me vaya del mundo estoy seguro que este será uno de mis más preciados recuerdos y si lo que dicen es cierto: lo veré de nuevo pasar ante mis ojos en eso que debe ser el último respiro.

 

Segurito así será.

 

 

 

Héctor Daniel

Comentar este post