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El blog de Hector Grave

Ciencia

4 Mayo 2011, 10:28am

Publicado por Hector Grave

Ciencia

 

Yo soy de esos que fue muy cobarde para estudiar una ingeniería o ciencia seria pero que se interesa por cosas científicas aleatorias que de vez en cuando se publican como las siguientes:

 

- La última misión del Transbordador Espacial Atlantis para darle mantenimiento a la Estación Espacial Internacional…

 

- El descubrimiento de un mineral totalmente nuevo en los restos de un meteorito que impactó la tierra como en 1962…

 

- Que las llamas y las alpacas son de la familia de los camellos…

 

Entonces nomás entreveo el tono de la nota y de inmediato me lanzo a leerla para sentir satisfechas mis ínfulas de erudición inexistente y obtener el alimento que demanda mi inteligencia avanzada que no tengo. Por lo tanto mi interpretación de las mismas notas deja mucho que desear:

 

- La última misión del Transbordador Espacial Atlantis para darle mantenimiento a la Estación Espacial Internacional … lo que a mí me suena como a ponerle Armor All a la estación y checarle el aire a las llantas…

 

- El descubrimiento de un mineral totalmente nuevo en los restos de un meteorito que impactó la tierra como en 1962…denominado “Wantonio”, nombre que en mi vida había escuchado obviamente, pero tampoco he escuchado la mitad de los elementos conocidos en la tabla periódica de los elementos por lo que cosas ya descubiertas que alguna vez estudié y debería saber me suenen igualmente novedosas y me entretienen tristemente de igual manera.

 

- Que las llamas y las alpacas son de la familia de los camellos…esto me parece que tiene mucho sentido ahora que lo leo, pero aún así creo que nada más es interesante para las alpacas y las llamas de la misma forma que si se me aparecen por ahí unos parientes perdidos en Egipto me va a parecer MUY interesante y divertido por 5 minutos para luego pensar algo así como: “Chingado ¿por qué mejor no se me aparecieron unos parientes ricos?”

 

Todo esto prueba su valor únicamente cuando juegas Maratón...

 

 

Es que mi visión de la ciencia es limitadísima – y mi sentido práctico e ignorante de la realidad como que tiende a contraponerse con la verdad.

 

Como en la sección aquella de la “Revista del Consumidor” donde con ingredientes caseros un sujeto gris con bigote de cepillo y bata blanca de laboratorio te enseñaba a hacer cosas tan cotidianas como pasta de dientes o grasa para zapatos. Y sí, los ingredientes eran caseros: tan caseros como el aceite de bebé, el agua de flor de naranjo, la sal de cocina o el glutamato monosódico….bueno, este último para variar me lo inventé, pero yo veía el programa y la verdad siempre salían al final uno o dos pinches ingredientes complejísimos para el ama de casa promedio y/o para el inepto aspirante a científico como yo con una aclaración maravillosa como “…este ingrediente lo puede usted obtener en algún laboratorio químico cercano a su hogar…” Ya ni la chingan: si ya voy a ir a comprar el Ingrediente Secreto X a un LABORATORIO QUÍMICO, mejor voy a la farmacia de la esquina a comprar pasta de dientes, aunque sea de la de marca libre.

 

Otro caso práctico del hogar fue cuando descubrí que la comida procesada traía ingredientes como “Azul No 14” o “Rojo No 62”. Desde entonces me volví muy sensible al hecho de que cuando como tamales de fresa o de piña en realidad no lo son sino de azúcar con algún colorante vegetal fortísimo para producirme la ilusión de sabor. En el proceso de realización le perdí el cariñito infantil a todo lo que sea de fresa si no tiene fresas legítimas incluidos los tamales, el Quick, el helado y cualquier bocadillo color rosa intenso.

 

 

Mis estudios

 

La razón por la que no estudié alguna ingeniería o ciencia no es clara, pero se la adjudico a experiencias horribles tratando de comprender netas conceptuales que nunca me quise tragar. Me remito a mi querido Maestro de Estadística Administrativa que además de ser un verdadero caballero casualmente era argentino, lo que combinado con su colorante para el caballo color Jugo V8 le daba un verdadero toque de autenticidad único en el planeta tierra. Se daban entonces conversaciones como estas:

 

-          Maestro Bizarro: “Chicos…¿alguna pregunta?”

-          Alumno Incompetente: “Profe, no entiendo la Desviación Estándar, ¿me la puede volver a explicar?

-          Maestro Bizarro (sonriendo): “Claaaaaroo….la desviación ehtándar es la raíz cuadrada de la varianza…¿quedó claaaroooo?”

-          Alumno Incompetente: “….err….siii…..”

-          Maestro Bizarro: “¿Alguna otra preguntaaa?”

-          Alumno Incompetente: ….

 

Por motivos de privacidad mantendré la identidad del denominado Alumno Incompetente en la confidencialidad absoluta. Cabe mencionar que el Maestro Bizarro fue todo un caballero y misteriosamente otorgó una calificación aprobatoria valorando el sufrimiento y dolor al que el heroico Alumno Incompetente fue sometido durante el larguísimo curso.

 

Pero esto arriba mencionado ya sucedió tarde – únicamente para confirmar que mi carrera de Administración de Empresas Sabor Vainilla fue la decisión correcta. Todo comenzó mucho antes, en la secundaria y la preparatoria. Desde antes supe que estos temas no eran para mí.

 

La química como materia, por ejemplo. Recuerdo con horror temas variados como aquello denominado REDOX que desencadenaba cosas horrendas como estas:

 

2 NaI + Cl2 → I2 + 2 NaCl

 

Esto para mí era tan aceptable como cuando en las películas con temática del Demonio los escogidos empiezan a hablar en lenguas por algún don (¿?) celestial. Recuerdo con inquietud como ante la explicación de la maestra todos en mi salón de clases asentían gravemente con expresiones de comprensión absoluta excepto por el conocidísimo sujeto más pendejo del salón…y un servidor. Esto me dejaba muy mal parado naturalmente. Una vez hubo un examen lleno de dramatismo consistente en cuatro preguntas. Pasados veinte minutos yo me había brincado la número uno por simplemente no saber absolutamente nada, la dos la dejé para el final para intentar rescatarle algo, para la tres y la cuatro me consideré medianamente apto como para responder en un 80%...y no había aún comenzado mi examen. Como me sentaba al frente, miré hacia atrás y con horror descubrí que había gente ¡que ya iba por la tercera página! El conocidísimo sujeto más pendejo del salón me sonreía desde la banca trasera derecha feliz de encontrarse en el hoyo con compañía. Como pude me recuperé del golpazo anímico de descubrir que ambos formábamos un dúo dinámico brillante parecido en inteligencia científica al de Bob Esponja y Patricio Estrella y me dediqué a vaciar los pedazos de información que mi mente pudo medio ordenar para más o menos llenar papel. El dolor no fue en vano. Me descubrí un cierto talento para redactar. Se ve fácil, pero llenar dos cuartillas de NADA de contenido para darle orden a pedazos que antes no tenían conexión es más complicado que asimilar la definición de la Desviación Estándar. Pasé con 7. Gracias a Dios los exámenes tendían a ser teóricos.

 

La pesadilla de la química asoma su horrenda cara cada que sentados a la mesa se toca el tema de que mi suegro escogió estudiar Ingeniería Química bajo el argumento de que era lo más complicado en aquel entonces y que el material que recibió en clase le daba risa. Cuando sucede esto me río también y sudo rezando que por favor no se me haga ninguna pregunta de química elemental o peor aún: que me cuenten un chiste de químicos comprensible para el ser humano con un IQ científico promedio e incomprensible para aquellos que vivimos en una piña debajo del mar…

 

 

Héctor Daniel

 

 

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