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El blog de Hector Grave

Comunicación en casa

25 Octubre 2011, 17:22pm

Publicado por Hector Grave

 

Comunicación en casa 

 

  

Nada como un buen fenómeno de comunicación fallida para alimentar la mente y la acidez. Me fascinan en particular los momentos esos cuando la gente pregunta cosas que no debe de preguntar por ser visiblemente obvias.

 

 

Como cuando voy entrando al baño de mi recámara, justo en la puerta:

 

  

Adrianita La Reina Inquisitiva: “¿A dónde vas?”

  

Ingeniosísimo Marido: “A la Baticueva”

  

Adrianita la Reina Inquisitiva con gesto de desprecio: ¡Qué chistosito!

  

Ingeniosísimo Marido: “Llámame Batman”

 

 

O bien en otro momento, misma escena:

 

 

Adrianita La Reina Inquisitiva en busca de más: ¿A dónde vas?

 

Ingeniosísimo Marido: “Al ala oeste de la mansión, a jugar billar…”

 

Adrianita con una sobredosis de ingenio imposible de digerir: “¡Eres un idiota!”

 

Ingeniosísimo Marido: “Me marcas al celular si necesitas cualquier cosa, espero agarre la señal”

 

 

Y ya no puedo ni leer el periódico en mi baño porque no aguanto la risa. Sí: soy de los que se ríe de sus propios chistes.    :D

 

 

 

La comunicación en pareja

 

En otro orden de ideas, pero atendiendo un fenómeno de comunicación cotidiano e interesantísimo en todo el mundo: cuando lo que se dice es para traducir lo que en verdad se piensa. Es como caminar en arenas movedizas: imposible salir avante.

 

 

Marido Inocente: “Que te hiciste en el pelo?” – (Pensando: ¡Ah caray! como que algo está diferente…)

 

Mujer Hipersensible: “¿Por qué?” – (Pensando: piensa que se me ve redonda la cara y que me veo gorda, por eso está preguntando. ¿Por qué otra razón podría un ser humano promedio preguntar? ¡SI ES OBVIO LO QUE ESTÁ DIFERENTE ANIMAL!)

 

Marido Inocente: “Porque se te ve diferente. Padre. Pero no sé exactamente qué es…" – (Pensando: porque se ve diferente y quería saber qué te hiciste, pero ya me arrepentí…)

 

Mujer Hipersensible: “¿Se me ve feo?” (Pensando: ¡NO LE GUSTÓ! ¡SABIA QUE NO LE IBA A GUSTAR! Y TANTO QUE GASTÉ. ¡NUNCA LE GUSTA NADA! ¡SOB!)

 

Marido Inocente: “¡Se te ve bonito!” – (Pensando: pos si se te ve casi igual…además me vale madre, digo, mientras no te rapes la cabeza o algo así medio cabrón…)

 

Mujer Hipersensible: “¡YA SE QUE ME VEO GORDA!”

 

Marido Inocente: “¿De qué estás hablando?”  - (Pensando: ¿DE QUE CHINGADOS ESTÁ HABLANDO?)

 

Mujer Hipersensible: “Nunca te doy gusto…¡BUJUUUU!” – (Pensando: ¡ESTUPIDOS HOMBRES!)

 

Marido Inocente ya con menos credibilidad que Vicente Fox: “Pero sí me encantó…..” (¡pos ni que se notara! ¿Se habrá nomás peinado distinto?...)                                                                 

 

 

Es imposible ganar estas conversaciones. Invariablemente llegan a la conclusión de que el pendejo es uno aunque por avenidas distintas. Maridos y novios del mundo: están acorralados.

 

 

 

 

La comunicación de mis hijos

 

 

El Príncipe Juan

 

El bebé Juan Pedro nomás no quiere hablar. Como que no le interesa. Esto no impide que se comunique naturalmente en la medida de sus bebunas posibilidades. Así el pequeño y adorado Príncipe se da a entender muy claramente:

 

Cuando debiera decir: “Mamá, quiero lechita” – esto equivale a un berrido y coraje brutal que sin problemas compite con los del Tuca Ferreti si eres defensa y te apendejaste en la marca en un tiro libre…

 

Cuando desea decir: “¡Zorro: no te lo lleves!” – frase de Dora la Exploradora, para evitar que el bandido Zorro les robe algún objeto de valor como unas fresas, una pelota o una muñeca. El Juanito le entiende tan bien que se limita a estirar la manita como hacen Dora y Botas para ponerle un ALTO al zorro gandalla. Pone cara de molestia cuando aparece, y de gusto y alegría cuando el zorro fracasa y se retira derrotado. Acto seguido se ríe pelándome todos sus dientes para celebrarlo.

 

Cuando quiere expresar: “Quiero más cerealito plis” aquí sí habla y es lo único que sabe decir: “ma, ma, ma, ma” mientras pone la manita estirada para mendigar y poner ojitos de perrito triste. Es lindísimo presenciarlo. Eso sí: si a la tercera o cuarta nomás no respondiste de forma efectiva, entonces el lindísimo “Quiero más cerealito plis” con manita estirada y ojitos lindos se convierte en un “¿Pos que parte de que quiero cereal no estás entendiendo PENNNNDEJO?” y se transforma en bebé poseído berreando y gritando con jalones de pelo y cabezazos incluidos. Cuando esto pasa estoy seguro de que también le gira la cabeza completa, pero nomás no me ha tocado presenciarlo. Lo voy a grabar un día…

 

Todo lo demás lo resuelve riéndose y haciendo gestos graciosos.

 

Este niño es más listo que yo. Me preocupa desde ya lo que vaya a pasar cuando sea adolescente….

 

 

 

Mateo está hecho un periquito

 

Y de los que gritan, no confundirse con los australianos que o son mudos o muy reservados. Este no. Coincidentemente es el niño más amigable que he visto en mi vida. Es de los que llega y se anuncia:

 

“¡Holaaaaa, ya llegueeeeee!”

 

Platica de todo un poco, y con esa comicidad que le da el saber estructurar frases completas con palabras mal pronunciadas. Hace algunos meses estaba yo en ese horrible lugar que es “ya te tienes que levantar” en intersección con “no chingues, no me quiero levantar” y que escucho más lejos que cerca la siguiente conversación:

 

 

Adrianita La Reina Guerrera: “Mateo, ¿qué comes?

 

El Joven Mateo: “Galletas” (crunch, crunch, crunch)

 

Adrianita La Reina Guerrera: “¿De dónde sacaste galletas?”

 

El Joven Mateo: (crunch, crunch crunch) “¡De la bachula!”

 

 

Me desperté riéndome y de buenas.

 

 

 

Por otro lado de repente dice cosas que NO TENGO NI IDEA DE DONDE LAS SACA:

 

 

(Mateo se detiene en su triciclo a media calle)

 

Papá inocente: “Mateo, ¿qué pasa?”

 

Joven Mateo detenido en su triciclo: “….ppppfffft…..(agitando la mano frente a su cara)…¡una pinchi mosca Papá!”

 

Papá inocente pelando los ojos: ¡!

 

 

Adrianita abandonó la escena corriendo a doblar la esquina con Juan Pedro en brazos para carcajearse sin ser vista.

 

Seguramente ha de estar repitiendo lo que dicen los vecinos….muchacho cabrón…

 

 

 

También empieza como a decir cosas en inglés, lo que me llena de profundísima simpatía. El otro día me lo caché con unos monitos platicando entre ellos y el uno le decía al otro:

 

“May I have some hand sanitizer pleeaaaaaase?”

 

Como que en la escuela les ponen chingadera de esa desinfectante en las manos que tan de moda se puso con aquello de la gripe AH1N1. Trasladado a una conversación de monitos de acción entre Spider Man y Nick Fury me parece el colmo de la bizarrez del juego infantil. Además de Superhéroes, son muy Superhigiénicos.

 

 

 

Los niños y las niñas

 

En el parque donde juega enfrente de la casa hay niños de todas las edades, pero sobre todo: niñas. Me encanta ver como lo aceptan a jugar con ellas, pero con ese desdén que solo las niñas tienen que es una mezcla de “no me interesas niño intruso” con “no sé porque me interesas” con “me da gustito que estés aquí pero te quiero rasguñar”, todo junto. Niñas, niñas, niñas: complicadas desde pequeñas. El joven Mateo no comprende todavía estos finísimos detalles por lo que llega a ofrecer su frescura como con todos: les comparte juguetes, les propone juegos, corre con ellas y se integra sin problemas a cualquiera que sea la tarea ya sea subir a la resbaladilla o jugar al té de tierra (que por cierto por luce siempre un poco muy seco).

 

De vez en cuando sale alguna niña que lo ignora por completo, a lo que el joven Mateo suele preguntarme con bellísima transparencia. “¿Por qué no me contesta Papi?” a lo que su experimentado y sabio padre responde con un “No te preocupes mijito y vete acostumbrando, que segurito te va a seguir pasando hasta que crezcas”.  Después de esto Mateo ya no hace más preguntas, casi como si comprendiera.

 

 

Niñas, niñas, niñas….

 

 

Héctor Daniel

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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