La brecha generacional
La brecha generacional
La brecha generacional que vivo diariamente se va ensanchando. Al convivir con chicos que apenas han pasado sus veintes me doy cuenta de que el terreno común de la conversación promedio se ha difuminado. Por el simple hecho de haber nacido alrededor de 1988, su acercamiento hacia algunas realidades es tan natural como respirar, mientras para mí el acercamiento no solo es complejo, sino añorado. Ni cuenta me di y ya valió madre: formalmente he envejecido, aunque sea un poco. Aquí una pequeña muestra:
El formato digital
Cuando ellos nacieron ya existía el CD. No vivieron la emocionante transición del Vinil al Cassette y del Cassette al CD…en su mundo la música siempre ha sido digital y de hecho el CD es de ruco. Yo en cambio muestro señas inequívocas de ruqués al aferrarme a comprar CD’s y al verlos con orgullo apilados en casa mientras acumulan polvo y satisfacen mi necesidad de posesión musical. Incluso aún tengo mis Cassettes. Si transportamos esto al cine, en su vida vieron un Laser Disc ni batallaron “rebobinando” una cinta para no pagar una multa del Videocentro.
El teléfono
Cuando ellos nacieron, el teléfono inalámbrico era de uso común. De hecho, por el avance tecnológico en las baterías de litio, ellos nunca vivieron problemas en torno a baterías de “larga duración”, cuya definición de “larga duración” era algo indefinido entre los 30 minutos y las 2 horas. Yo aún recuerdo cuando en casa mi mamá me regañaba por no poner el teléfono “en su lugar”, ya que le aterrorizaba quedarse sin batería a media conversación. A mi esos regaños nomás no me hacían sentido, porque si bien es cierto que el teléfono se descargaba pasado un rato, ¿cuál era el punto de tener uno inalámbrico si tenía que forzosamente estar junto a su base anclado todo el tiempo? Estos chicos también nacieron en un mundo donde el celular era normal y común, y no una extravagancia, y jamás cargaron un NEC de 2 y medio kilos de peso en su cintura, tan cómodo como cargar una pistola de cañón largo en el cinto. ¡Qué bien me veía caminando en la calle con ese teléfono! Para ellos los números de Guadalajara siempre han sido de 8 dígitos, cuando para mí lo eran de 6. El número 41-27-31 era un número de teléfono perfectamente aceptable y válido.
Los efectos especiales
Cuando vi “Jurassic Park” simplemente vibré. En mi vida había yo visto algo irreal tan real e incluso nunca pude apreciar dónde habían usado un “mono” y dónde un efecto digital. El T-Rex fue un sueño y pesadilla hecho realidad y el Velociraptor fue el monstruo más formidable que había visto en el cine desde el Ballrog que Luke Skywalker mató de chiripa en el “Retorno del Jedi”. Para la nueva generación “Jurassic Park” es el punto de partida. Nunca vieron el títere mecánico y burdo que era E.T., nunca se tuvieron que conformar con el efecto especial de Christopher Reeve volando, que ahora que lo veo es tan burdo como el del Superman de Alejandro Suárez en “La Carabina de Ambrosio”…¡Pin Pon! ¡Papas!
La franquicia
Yo recuerdo como una experiencia particularmente trascendente la apertura del primer Mc Donald’s en Guadalajara. En mi infantil mentecilla juro que me pareció tan relevante y trascendental como la caída del Muro de Berlín. Tener un McDonald’s en la ciudad nos sacaba del estatus de Rancho Provinciano y nos transformaba en Metrópoli de Mundo. Ahora me parece muy pendejo el McDonald’s, pero para alguien que soñaba con comer en Burger Boy, el impacto fue brutal. Aún recuerdo a mi papá explicando el novedosísimo formato de negocios que era una franquicia. ¡WOW! Lo comprendí más o menos así: pagas por poder poner uno, lo pones, vendes mucho, les pagas su tajada y te quedas con el resto. Había una parte muy extraña que decía que el negocio era tuyo pero no era tuyo…no le entendí, pero no importó. Me pareció un formato de negocios invencible. Las generaciones actuales no vivieron esta emocionante etapa en la vida de la ciudad. No saben de lo que se perdieron.
La telenovela
Creo que mi generación fue la última que vio telenovelas como entretenimiento televisivo nocturno. Cabe recordar que la televisión por cable no existía en mi ranchera ciudad, por lo que uno estaba dispuesto a chutarse lo que nos recetara el Tigre Azcárraga por medio de su dominante Canal 2. Así, mi generación creció viendo Quinceañera, Cuna de Lobos, El Pecado de Oyuki, Cadenas de Amargura, El Extraño Retorno de Diana Salazar, Corazón Salvaje y como tiro de gracia: Mirada de Mujer, ésta última ya por canal 13 con una hermosa señora Angélica Aragón (fantasía secreta de miles) y un Ari Telch sobreactuando naturalidad de la manera más pendeja. Las nuevas generaciones ya no vieron telenovelas, porque crecieron en un mundo donde el sitcom ya existía. Programas como Cheers, Tres es Compañía e incluso Friends ocuparon el lugar de honor. Nunca admiraron a la juvenil Adela Noriega suspirar por Ernesto Laguardia y en cambio vivieron y crecieron con el romance de Ross y Rachel.
El futbol
Esta es la generación de David Beckham, Cristiano Ronaldo y Lionel Messi. Esta es la que ya no le va al equipo local, sino al Inter de Milán, al Real, o al Barcelona. Nunca vieron jugar a Efraín “El Cuchillo” Herrera ni a “Lupillo” Castañeda. Para ellos Tomás Boy, Fernando Quirarte, Alfredo Tena y El “Chepo” de la Torre SIEMPRE han sido directores técnicos y nunca jugadores, y el mejor portero de México siempre es y ha sido Oswaldo Sánchez.
El carro
Esta la generación de la minivan. La Voyager ya era un hito y si eran niños “bien” y muy populares en la primaria podían invitar a 10 amiguitos a comer y todos podían ir sentados a bordo. Mi generación escolar fue la de la LTD color verde pistache o la Grand Marquis con madera, donde también metías a 10 chiquillos pero apilados en la parte de atrás sin cinturón de seguridad ni mucho menos asiento. Mi generación fue la última en viajar en la caja de la Pick Up con alegría y sin que sus padres fueran juzgados unos animales irresponsables e inconscientes y definitivamente fue la última en saber lo que era ponerse una quemada de aquellas al posar sus nalgas y espaldas en los asoleados asientos de viniplásticocuerule de orgullosa producción nacional del Datsun o en su momento del Gremlin. En mis tiempos no había asientos de piel, y la tela esa aterciopelada y caliente que tenía el Caprice era la definición última del lujo en vestiduras. Si no era Ford era Chevrolet, si no entonces era Vocho o Datsun… ¿Mercedes Benz? De terrorista libanés. ¿Jaguar? De la realeza inglesa. ¿Ferrari? De Magnum. ¿Land Rover?...¿qué es eso?
Héctor Daniel
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