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El blog de Hector Grave

La máquina imperfecta

29 Septiembre 2014, 13:26pm

Publicado por Hector Grave

La máquina imperfecta

Cuando chico me impresionaban muchísimo los documentales y videos educativos donde se mostraba al cuerpo humano como la máquina más sofisticada, compleja, dinámica e increíble de todas. Para ejemplificarlo siempre salían equipos de ciclismo de ruta en pantalla o el glorioso Carl Lewis justo aplicándose para un sprint o un salto y sí, honestamente, eso era un espectáculo.

El problemita venía cuando yo volteaba a verme y estaba arranado sacando un par de lonjas comiéndome unos Cheetos o unas Pizzerolas y entonces me daba para un chingazo de contraste.

Y eso que no fui niña / mujer. Para las niñas el proceso este de hacerse consiente del contraste con lo que se presume ideal debe de ser infinitamente más agresivo que nunca, con tanta exposición mediática y más ahora que la exhibición de uno mismo como objeto mediático es posible, frecuente y casi inevitable.

Debe de haber entonces, para crecer uno más o menos bien un proceso de aceptación de quien se es y cómo se es, para luego poder hacer una valoración de uno mismo con justicia y tener una autoestima saludable, tal cual sucede en “Kung Fu Panda” que entrega el mensaje de manera brillante. O tal cual sucede conmigo, donde veo mis fotos en eventos y perfiles de FB de alguien más y estoy convencido de que en persona soy infinitamente más guapo, menos calvo y menos cachetón – y menos madreado en términos generales - y que las cámaras no alcanzan a captar todo eso que yo tengo que ofrecer en vivo y en directo...aunque esto último es más bien una distorsión de la realidad y una negación de esas de adulto-joven o joven-adulto, añadan por favor el “contemporáneo” a cualquiera de las dos como mejor les parezca.

Como me veo en el espejo todos los días, muchas de estas cosas me pasan por la mente casi diario. No todas soy yo, pero digo, en la privacidad del baño y con espejos de buen tamaño, no hay dónde esconderse. Otras menciones son observaciones a simple vista y constituyen un gusto de esos gratuitos, disponible para todos pero cobrado únicamente por el dispuesto a observar. Pero como dijo Jack el Destripador: vámonos por partes.

Las manos

Toda la vida me han dicho que tengo manitas de niño, o de niña, dependiendo de qué tan ofensiva ande la banda. Y cada que lo recuerdo, estiro los dedos y me los veo. Sí, están como de escuincle, pero luego me veo las uñas mal cortadas, algunas cicatrices, alguna maldita dermatitis de esas que me dan porque sí y entonces me digo a mi mismo con rudeza pero en silencio algo así como: “Si, pequeñas, pero muy masculinas mi cabrón” y entonces se me pasa.

Mi complejo viene por mi hermano Abel Ángel. El méndigo tiene las manos blancas, vello proporcionado y muy masculino donde debe de estar, dedos largos como para tocar el piano y otras operaciones igualmente complejas y en general el muy cabrón pudo haber sido “modelo de manos” si es que esos existen. “Dedos de pianista” le decía mi mamá y cuando lo decía yo volteaba a verlos, comprobaba lo verdadero que era eso y luego volteaba a verme los míos, pensando que quizá estaban buenos para tocar las maracas o de jodido la marimba o la madre esa que hace “chick, chicki-chick, chicki-chick, chicki-chick”.

La cintura

De hecho creo que la mitad de los complejos en torno al cuerpo están relacionados a la cintura. Primero porque hay gente que parece que no tiene y necesita uno el pantalón y alguna hebilla como referencia de esas que hacen las de señal de “Usted está AQUÍ” para ubicarse en el plano. Tiene todo que ver la proporción del cuerpo y aquí está el punto donde se dividen el norte y el sur. De esta manera si la cintura está muy al norte y la persona es muy esbelta en un mal día se puede parecer a un Compás de esos Mendoza y si añadimos a la mezcla unos tacones extraños y la blusa equivocada más de alguna chica luego anda por ahí pareciendo campamocha buscando a lo mejor pareja para, literalmente, cenársela. :D

Pero este no es el mayor de los problemas. El problema es la maldita rondana esa que se hace justo en la línea de los pantalones y que en casos severos como ha sido el mío constantemente lo hacen a uno sentir como tololoche. Y sí, la ropa adecuada definitivamente aminora el efecto, pero hay situaciones donde la ropa adecuada es simplemente imposible como por ejemplo, con un traje de baño. Ni para dónde hacerse. Por eso me encanta nadar en el mar y estar en la arena, pero ABORREZCO el trayecto entre la arena y el agua porque es ahí donde me siento más exhibido en público. Me atrevo a decir que me sentiría mejor completamente desnudo, pero esto es algo para lo que el mundo todavía no está preparado. Cuando lo esté, quizá le daré el gusto. Al mundo.

Y así, mientras camino con la barbilla demasiado en alto como para decirme a mi mismo que lo estoy haciendo dignamente, me repito constantemente que podría ser peor. Podría por ejemplo, tratarse de un juego de Volleyball de Playa y mi equipo podría ir sin camisa….o podría, quizá, estar corriendo y no caminando, retando a la gravedad en una demostración gráfica inmejorable de la ley de la causa y el efecto, las leyes de la inercia y todo eso que gracias a la física, a los tamales y la cerveza, se pondría en exhibición.

El cuello

Aquí tengo material para una disertación, pero el tono del blog y la audiencia no me dan para eso. Me limitaré entonces a decir que pocas partes del cuerpo de una mujer lo hacen a uno sentir un verdadero monstruo seductor, como el cuello. Es para mil fijaciones, conscientes o no, como para jugar a Drácula y Mina…

Si sí sí, demasiadas películas de vampiros.

Ahora que hay de cuellos a cuellos. El del humano-ganzo es el que me causa más espanto ya que da la impresión terrible de que se puede doblar en forma de letrero de “curvas sinuosas” y eso es simplemente mucho muy inquietante. Por supuesto que es tonto, pero cuando veo personas así se me figura que literalmente ellos pueden asomar la cabeza sin exponer el tronco y me parece practiquísimo, lo que en realidad no lo es, pero parece. En el extremo opuesto están los cuello de Pablo Mármol, donde simplemente el cuello brilla porque no hay. Me imagino que para voltear hacia arriba o a los lados tienen que girar el torso como Batman, al menos como el de Michael Keaton.

El cabello

El cabello es más bien obsesión femenina y sin embargo les puedo decir algunas cosas que aunque son verdades serán desvirtuadas por más de alguna. Me obligan a llegar a la conclusión una vez más de que las mujeres se arreglan para otras mujeres y no para los hombres y esto para el cabello aplica perfectamente. Así por ejemplo les puedo decir que cuando más bellas he visto a algunas mujeres ha sido circunstancialmente cuando no han estado peinadas. Así hay mujeres cuya cúspide de belleza es, sí, recién levantadas y hay otras que por más que le hacen cosas deberían simplemente ya no hacer y dejarle ser.

El tercer paradigma es en torno al largo del cabello. Hay mujeres que con el cabello corto lucen simple y sencillamente invencibles y es un mito que hay que tener cara de Demi Moore hace 20 años para poder salir avante de un corte así.

En cuanto a los hombres, les puedo decir que uno le importa menos y sin embargo hay situaciones notorias. Yo no soy nadie para hablar del cuidado del cabello y de hecho ahora que lo pienso respeto muy poco el mío y por eso ando pelón como ando y sin embargo hay cosas que merecen mención honorífica.

Estaba hace ya muchos veranos en California estudiando inglés mientras estaba en la Secundaria y en mi escuela sin ninguna sorpresa eran todos mexicanos excepto por dos coreanos de aspecto muy peligroso (uno de ellos comprobó serlo, pero eso es material de otra historia). Había un vato de Michoacán que circunstancialmente era rubio. De inmediato fue bautizado: “El pelos de elote” le dijeron y causó tanto furor que se le quedó al pobre cabrón todo lo que duró el curso. Nos habrá dicho su nombre varias veces, pero a nadie nos importó. Ni se peinaba, tenía el cabello ligeramente largo y sí, parecía mazorca. Me fascinó cómo era posible que en California el único rubio fuera de Michoacán y además fuera víctima de la carrilla del grupo por ser minoría absoluta.

El de arriba es una anomalía. Normalmente como raza exhibimos una cabellera más bien sana y muchas veces de tan sana da la impresión terrible de que no es cabello sino espinas, lo que vuelve imposible el peinado y recuerda menos a un león y más a un gallo recién levantado muy, pero muy encabronado.

Los ojos

El color siempre sale a relucir cuando se habla de los ojos y sin embargo el color es completamente irrelevante si quien mira no sabe mirar. Así puede uno preferir los ojos pequeños, grandes, jalados, de color azul o verde o ese verde que a ratos es ámbar y a ratos es como de jade imposible de definir… pero si quien mira no sabe mirar, funcionan tan bien como un par de canicas de esas que en mis tiempos les decíamos “agüitas” y que funcionaban como moneda de cambio para asegurar transacciones de canicas y otras cosas mucho más valiosas…

Un par de ojos bellos entonces son un par de ojos que dicen cosas sin necesidad de que nadie las diga. Que piden sin pedir. Que absorben a quien miran y que invitan a sumergirse en un universo de dimensiones infinitas del que nunca se podrá salir. El color es completamente irrelevante, aunque yo prefiero el color como el mar, claro y pacífico, verde, miel y gris al mismo tiempo, divertido y afectuoso al nadar, terrible e impredecible en medio de la tormenta y la tempestad.

Por esto hay tanta vieja insípida por ahí, de rubia cabellera, piel blanca y ojos azules tan expresivos como dos botones de muñeca de rancho. Porque los usan nada más para ver y nunca, nunca, para decir, reír, castigar o invitar.

Mujeres del mundo sépanlo bien: valen más un par de ojos cafés pero bien expresivos que un par de ojos salidos de Tepa sin un miligramo de emoción ni sentimiento.

¿Y los míos? Son cafés, completamente promedio. Pero al menos procuro sonreír con ellos.

Las carencias

Si bueno…no todos están bendecidos con todo. Excepto Beyonce, quizá. O Scarlett Johannson. O Jennifer Lawrence. O Brad Pitt o Cristiano o alguno de esos cabrones. El resto de nosotros nos debemos de conformar con explotar nuestras fortalezas e intentar que nuestras debilidades físicas pasen inadvertidas.

Así por ejemplo su seguro servidor nunca llena los chingados pantalones de atrás y si bajo de peso es mucho peor. Me viene de fábrica y es una desgracia porque cuando he sorprendido mujeres comentando cuestiones físicas masculinas semejantes partes sieeeempre salen a relucir y nomás no puedo competir.

Otra carencia significativa es sin duda el bello facial. Hace poco me dejé una barba por cosa de 6 u 8 semanas y obtuve más críticas encontradas que la actuación de Salma Hayek en Frida. Así alguien me dijo que me veía muy bien, mis hijos me decían que me rasurara por favor, la Reina Madre del Buen Gusto nomás me echaba ojos de lectura imposible, mi amigo el Muecas me dijo que me la fuera a arreglar a no sé qué barbería en no sé dónde y mi amiga Angela la odió TANTO que me quería rasurar con un cuchillo del restaurante en donde estábamos y hacía expresiones de tener comezón al verme. Después de 5 o 6 chistes de vello púbico en la cara, un día llegúe rasuradito al raz y se acabó el problema. No fue lo mío pues.

Ahora veo los anuncios donde hay modelos barbones muy pinches guapos y luego veo los anuncios de desodorante Old Spice donde sale un pendejo leñador muy puerco y no sé, francamente, qué pensar.

La máquina perfecta

Al final, no se trata de cómo se vea la máquina, sino de lo que se es capaz de hacer con ella.

Así, las manos son más bellas no cuando se miran sino cuando sutilmente se utilizan con toda la intención…la cintura se convierte en actriz o actor estelar cuando se toma con delicadeza al andar o bailar…el cuello es infinitamente más bello cuando se descubre y se expone a una mordida…el cabello verdaderamente luce al ser tomado por los dedos aquellos con toda la intención….y ¿los ojos? los ojos conducen, guían, ordenan y llevan…

Y se vuelve completamente irrelevante cómo se vean las partes o no.

Pero todo esto es material para otro blog.

Héctor Daniel

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