De Hermanos y Cómplices
De Hermanos y Cómplices
Ahora que los chicos están más o menos grandes puedo ser testigo de primera mano de lo que significa tener un hermano-socio-cómplice. Para todo. Para la diversión, para el juego, para la pelea, para la broma, para la actividad delictiva en el hogar. Y me sorprende porque eso es algo que simplemente yo no experimenté.
Por ejemplo, esta mañana bajaron a desayunar los dos príncipes grandes mientras el principito bebé dormía plácidamente. Se sentaron a la mesa, les serví media quesadilla de harina y se voltearon a ver con sonrisa incrédula, a los ojos, sin decir nada, pero diciéndose todo. No dijeron nada, pero casi alcancé a escuchar de tan obvia que fue la conexión:
“No chingues. Qué-carajos-es-esto. Guácala cabrón. Yo quería cereal. Órale, vas. Dile algo ¿no?”
Y nadie dijo nada.
De inmediato les corté su desmadre como hacemos los padres muy amorosos a las 6 y cuarto de la mañana con un:
“Pos me vale madre. Se lo comen y sin hacer caras cabrones”.
Yo debería de dar cursos en sensibilidad para resolver conflictos, me cai. Problema resuelto. Se la comieron. Un poquito más a fuerzas de lo que quisiera reconocer, pero completita.
Mientras estaban en eso, como reconocimiento y premio a su aceptación de mi indiscutible liderazgo aplicado en acción les preparé un chocomilk en la “NutriBullet” de la Reina Madre de la Madrugada con todo y polémica canela. Se los serví en sus vasos favoritos y en cuanto lo puse en la mesa se lo quisieron empinar yo creo para bajarse el saborcito a Queso Adobera Esmeralda ese que nomás no termina por ser tan popular en casa como en los comerciales. Por supuesto con mi muy amoroso sentido del deber paterno corrí a sofocar eso, quitándoles el vaso de la boca, poniéndolo en la mesa, diciéndoles “primero comen” y recordando cómo amé a mi propio padre cada que me decía órdenes igual de intransigentes como “ponte sweater” o mi inconsistencia verbal favorita “no puedes comer eso ahorita porque luego no comes (¿?)” y otras joyas, pronunciadas todas en pro del deber paterno bien cumplido.
Y mientras exploraba internamente cómo estaba yo muy orgulloso de cumplir mi deber cagándoles la madre, me dije que estos dos eran verdaderamente hermanos, como todos y como muy pocos y me dio un gusto de esos que calientan el corazón.
Es muy evidente.
Se ríen juntos todo el tiempo. Se empujan, se avientan, se enciman, se gritan y pegan para luego pedirse perdón. Se organizan. Hacen el 1-2 muy efectivo para chantajearme, uno con ojitos de perrito triste y el otro siendo la voz de su pliego petitorio, que normalmente consiste en Danoninos, gelatinas y galletas, entre comidas todas, a lo que el 99% del tiempo no me puedo resistir pero a lo que el 1% restante me niego rotundamente para que no me vayan a tomar la medida…
Muero de ganas de que el pequeño se integre, a ver qué carajos pasa. Ya me imaginé la dinámica echa un desmadre colosal, donde Mateo intenta construir un cuartel general para sus monitos súper héroes con todas las piezas de Lego que juro por mi madre brotan del chingado piso cada que no estoy mirando, donde Juan Pedro con aviones, robots y naves bombardea los esfuerzos de su hermano en campal batalla y donde el pequeñito caminará en medio del todo como un torpísimo pero dulcísimo bebé Godzilla, arrasándolo todo a su paso, riendo porque sí, llenando a los héroes de baba, convirtiendo lo que fue ideado como película de acción en película de monstruos apocalípticos.
Y yo estaré en medio de todo, muriendo de risa, dándole secuencia a la escena, jugando al Director del Teatro de Improvisación Experimental más absurdo y fantástico del planeta tierra.
Los Originales Hermanos Grave
En un principio fueron tres y en algún momento compartieron primaria, secundaria, prepa y Campus Universitario. Y no puedo más que imaginarme cómo era la dinámica, recogiendo piezas aquí y allá de anécdotas viejas todas muy divertidas para ellos y para nadie más, accidentalmente escuchando impertinencias ocurridas hace décadas dignas de colegio exclusivamente varonil. Pedazos aislados todos de lo que fue la relación entre hermanos que crecen juntos que ya no viví y que muy a la distancia presencié.
Y su relación sigue vigente. A la distancia, grandes todos, diferentes completamente, quizá sin decírselo de frente, pero se expresan admiración, afecto y algo que no sé cómo definir porque no sé qué carajos es, pero que supongo se asemeja a la complicidad, producto del más puro amor filial.
Esto último tengo yo también hacia ellos y con ellos, pero habiendo años de distancia de por medio, mis hermanos fueron hermanos pero también guías, papás y quien sabe que más. Así por ejemplo, cuando crecía, siempre me dieron una lana para gastar con mis amigos o novia cientos de veces, me vistieron en más de alguna tienda con total generosidad, me solaparon más de alguna pendejada malamente bien hecha y me regañaron también, más de una vez los tres, uno tras otro, cuando su sentido del “estás bien pendejo, a ver, ven para acá…” se imponía.
Y sí pues, estaba bien pendejo, todo lo pendejo que se debe de estar cuando se crece, sobre todo en esa edad donde uno está creciendo y parece más bien chimpancé y menos por desgracia, un homo sapiens.
No los etiqueto, pero es imposible para mí, nueve años menor que el más chico de ellos, no verlos como faro de virtudes y ejemplos y en ese proceso uno se construye una imagen de lo que la persona es. Más cuando esas personas son verdaderos castillos, torres imponentes, murallas enormes, admirables e incomparables. Así ve un hermanito pequeño a sus hermanos grandes. Así ve un niño de 5, 6 y 7 años a sus hermanos de 13, 14 y 15 o 18, 19 y 20. Ellos son todo lo que uno puede llegar a ser.
Así mi hermano mayor, el Caballero, me mostró todos los días cómo es que un hombre se comporta de manera correcta y templada sin importar las circunstancias. Es una cualidad que para alguien como yo, efervescente en su naturaleza, es digna de monje tibetano, asceta o Santo. Y él no sabe, pero cada que la cago terriblemente (y eso sucede un día sí y otro también) porque me dejé llevar por el carácter, me acuerdo de él, me detengo, me pregunto cómo se comportaría él y entonces y solo entonces: me calmo.
Mi hermano mayor, el Pensador, me enseñó cómo el mundo verdaderamente es de los que piensan y cómo se es verdaderamente libre a través de la lectura, el estudio y la estimulación de la mente. Y nada apasiona más que la inteligencia, fuente de respeto, de creatividad, de admiración y única de toda autoridad. Estoy verdaderamente lejos de comprender su verdadero alcance, porque mi propia brillantez nunca tendrá sus niveles y sin embargo, aspiro todos los días a ser como él sobre todo en mi trabajo que tanto trabajo me cuesta.
Mi hermano mayor, el León, es una figura en toda su extensión para admirarse. En otro tiempo hubiera hecho un caudillo de esos de leyenda, a los que se le sigue por el tamaño de sus cualidades y también por el tamaño su propia pasión. Me inspira el valor en la batalla, valor del que tanto carezco y que por desgracia constantemente me hace flaquear, sentirme frágil, débil o pequeño. Y cuando eso sucede, cuando me acobardo, él está ahí presente, para sacarme adelante.
Ha sido un privilegio enorme e inexplicable contar con estos tres. No se imaginan ellos el impacto ni el alcance que han tenido todos en mi formación.
Así que no tuve cómplices de mi estatura. Ni compañeros de travesura. Ni socios con quienes compartir el botín del gran atraco al refrigerador o la alacena, ni a quien agarrar a putazos, ni quien me pusiera los míos, ni quien peleara mis batallas ni a quien defender. Pero tuve el enorme privilegio de crecer a la luz del ejemplo de estos tres que aunque niños al principio yo siempre vi hombres desde que tengo memoria y a quienes ahora veo más bien rucos, pero no les digan, porque se agüitan y a su edad, son sensibles. :D
Mis niños grandes no tendrán esto. Pero el pequeño quizá sí. Y espero, con todo el corazón, que sean socios, cómplices, maestros, confidentes y grandes ejemplos los unos para los otros.
Y ojalá un día se admiren tanto como yo admiro a los originales: Hermanos Grave.
Héctor Daniel
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