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El blog de Hector Grave

De mujeres y hombres al volante…y otras cosas

24 Octubre 2014, 15:42pm

Publicado por Hector Grave

Conduciendo todos los días por la mañana se le hacen luego a uno rituales y costumbres con base en la mera repetición. Como por ejemplo yo soy de jugar y cantar todas las mañanas en el auto con los Príncipes a bordo y mientras dura el trayecto hacia la escuela escuchamos canciones, contamos autos de colores, jugamos “Caricaturas” diciendo nombres de Superhéroes (con el acostumbrado resultado de mi Juan Pedro muy encabronado porque se le acaban las opciones cuando se le acaban los Avengers) y demás joyas infantiles diseñadas todas para matar el rato en el coche, no solamente para los escuincles sino para mí también.

Al llegar a las curvas de Las Cañadas me gusta ponerles una sacudida en las curvas esas muy sinuosas a la entrada, a lo que los Príncipes responden con escándalo digno de feliz comercial de Reino Aventura y gritando cosas en cada curva como “¡Este papá no sabe manejaaaaaaaar!” lo que disfruto en verdad no solamente porque es divertido sino porque me imagino a la Reina Madre desaprobando rotundamente mis tácticas de entretenimiento matutino. Si a esto le sumamos que normalmente las curvas las tomamos escuchando joyas como Sabotage o Intergalactic de Beastie Boys a todo volumen, los Príncipes no solo llegan sacudidos, sino muy divertidos y totalmente acelerados a su primera clase al cinco para las ocho.

Cuando los llevo a la puerta me despido con mucho gusto de ellos, les recomiendo que se diviertan mucho (y no que se porten bien, no porque no quiera, sino porque honestamente y sin ser irresponsable: primero lo primero) y cuando los veo cruzar el cancel en total acelere matutino me da gustito porque siento que van a poner a chambear más a sus maestras y por alguna razón me es satisfactorio pensar que así estoy colaborando a que realmente desquiten la colegiatura.

Y como me bebo medio litro de café nada más en el trayecto, mi vejiga-reloj-alarma está programada para demandarme un aliviane justo a esa hora. Y me paso al baño de visitas de la escuela, saludo al buen Don Rafa y al Prefecto, le digo adiós a más de algún padre de familia conocido (a más de alguno en verdad nunca lo he visto, pero saludador como soy, me vale madre y ellos se desorientan y a mi me divierte), me dirijo a mi carro y entonces sí: a la oficina y a la rutina adulta.

Y es todo el camino escuchando música, repasando el día por venir, visitando el pasado y observando el mundo a mi alrededor. Y ese es mi ritual matutino diario entre semana.

¿Cómo lo vivirán las mujeres? Estoy seguro que de manera mucho muy distinta.

Me imagino:

La Reina Madre Chafirete iría aceleradísima para llegar y saldría 20 minutos antes porque ¿qué tal si hay un accidente y no llega?, vendría escuchando a Paul McCartney o a Michael Bubble, tomaría las curvas de las cañadas a 22 km por hora porque ¡qué miedo!, iría gritando para que en el asiento trasero del minibús ese que llamamos camioneta al buen Mateo le quede claro que no se grita en el carro y menos tan temprano por favor, los bajaría en tropel justo en la puerta, les emitiría una recomendación-amenaza amorosa de esas que sueltan las mamás donde el mensaje de fondo es “más les vale que se porten bien cabrones” y regresaría a casa con el acelerador a fondo pensando y repasando los pagos que hay que hacer, el jardinero que va a ir, que no han pasado los desgraciados esos de Bonafont y quien sabe que tantas cosas más.

¿Cómo no le explota la cabeza con tanta idea? No lo sé. Pero sí sé que si ella no hiciera todo esto, yo viviría quizá en una caverna y para cocinar tendría que prender leña ayudado por periódico con unos cerillos porque me habrían cortado el gas hace meses…

Y no conozco su proceso mañanero, pero asumo se parece más o menitos a lo que acabo de describir. Mismo trayecto de la casa a la escuela y totalmente distinto en su approach.

Quítense que ahí les voy

A la salida de las escuelas esto es un fenómeno de lo más desagradable y visiblemente las más de las veces: son las madres las que traen la histeria a flor de piel, no los padres. Curiosamente no solo es al dejar a los niños (lo que sería comprensible si van tarde y les van a cerrar la puerta) sino también saliendo de la escuela cada mañana, lo que por más que repaso no comprendo perfectamente bien en todos los casos, ya que algunas van en descarada pijama y otras tantas en ropa deportiva de esa que normalmente enseña de más y que no siempre se agradece. Y honestamente, no comprendo, por qué motivo siempre parece que van muy tarde a la cita de sus vidas. Salvo que sí, vayan a la cita de sus vidas. En cuyo caso irían más bien temprano. ¿O no?

También muy de mujeres suele ser la descortesía de tránsito donde impera la escuela del pensamiento que dice “YO VOY PRIMERO ESTUPIDO” y de repente más de alguna se vuelve experta en echarle el carro al de adelante o en hacerse que la Virgen le habla cuando uno saca la mano, al que si fracasan en su intento de no dejar pasar aborrecen en tan solo micro segundos con ese odio instantáneo que solamente la pasión femenina es capaz de producir.

En la misma línea veo algunos problemas más comúnmente de hombres como por ejemplo los que son de la escuela del pensamiento que dice “PITANDO FUERTE LLEGARÉ MÁS PRONTO”, línea muy cercana al “QUITENSE IMBECILES QUE AHÍ LES VOY” y otras aberraciones al volante producto comúnmente de la prepotencia masculina que por alguna poco razonable razón debe de estar asociada a la testosterona más aberrante que dice que el que llega primero y saca ventaja es el macho alfa de la manada, porque el que es verdaderamente chingón llega primero que todos los demás.

Por lo mismo es mucho más de hombres que de mujeres el provocar un accidente por pasarse de listo en alguna maniobra concebida como audaz y ejecutada muy pendejamente, mientras que es mucho más de mujeres que de hombres el provocar un accidente pendejo por traer la cabeza audazmente en 15 lugares donde ninguno es al volante…

A ver si no me acusan de misoginia, como en el blog aquel de “Lo que se espera de toda mujer” que por cierto es con el único que he recibido “hate mail” en mi pinche vida y que admitiré, me hizo sentir, casi célebre y famoso.

En un examen

Hay otros fenómenos humanos interesantes como por ejemplo la diferencia entre hombres y mujeres al responder un examen. Y me encanta porque si bien ambos sexos batallan muchas veces, el approach para manejar un examen donde no tienes ni puta idea de por dónde empezar es bien distinto.

Como no soy mujer, no sé qué pase por la mente de alguna mujer en esta situación. Sin embargo es totalmente visible que normalmente lo toman con mucha más seriedad y frialdad que un hombre y recurrirán a artimañas como copiar o “comparar” con el de al lado con tal de subir la calificación, algunas veces de 93 a 94, lo que, obvioooooo, hace toooodaaaa la diferencia…

Cuando un hombre no sabe ni madres en un examen lo tomará solamente de una manera: con horror de ese que es cómico. Horror tangible, evidente, casi palpable, con risita pendeja.

En mi caso particular normalmente entro a un examen de medianamente preparado para arriba y si siento que puedo naufragar sigo el siguiente método. No me ha fallado:

  1. Si sientes que sabes la respuesta, ponla. Nunca la revises. Si la revisas te estás forzando a encontrar problemas donde lo más probable es que no los haya y si los hay, evidentemente no estás capacitado para encontrarlos.
  2. Si es de opciones y no sabes la respuesta, pon lo que te diga tu instinto. Re leer la pendeja pregunta y sus múltiples opciones únicamente logrará sumirte en un abismo de ansiedad estúpida donde lo que ya era desconocido empieza a sonar distorsionado. Es como decir “cuchara” un chingo de veces seguidas. Eventualmente la palabra comienza a sonar no solamente extranjera sino extraterrestre…
  3. Si es de opciones y no sabes la respuesta, pon la que sea, porque es exactamente igual de probable que le pegues o no.

Aquí añadiré un inciso que no es mío, versión alternativa de mi propio número 3):

  1. Si es de opciones y no sabes, es estadísticamente más probable que le pegues si pones la “B”.

No se por qué ni se si es cierto o no, pero considero a mi cuñada Pau Paulinha OMG! una autoridad y una eminencia en estos temas y fue ella la que me lo dijo.

Supongo que al final el que sabe sabe y el que no pues no o como me gusta decir sin temor a equivocarme: es lo que es. Lógica invencible seas hombre o mujer.

Al empacar

En otro orden de ideas, algo que me encanta de algunas mujeres es de repente su obsesión con “la planeación”, lo que en mi manera de concebir el mundo es exagerado hasta alcanzar niveles cómicos.

Así por ejemplo antes de ir de viaje el “tengo que empacar” es concebido como una verdadera actividad que requiere tiempo, esfuerzo, orden, planeación, control y todo lo que un libro de administración dice que se debe de tener en un proceso productivo.

Para mí empacar es algo tan casual como agarrar un puño de calzones y unas camisetas del clóset, una chamarrita si es que creo que va a llover, un cepillo de dientes y un desodorante. Evidentemente esto me vuelve un holgazán atenido porque no comprendo la magnitud de la tarea ni de la responsabilidad.

Con este contraste todavía me encuentro gente que ante una situación como esta responde como sigue:

Pregunta: “Vamos a cenar a tal restaurante, anda”

Respuesta: “No puedo. Mañana nos vamos de viaje. Tengo que empacar”

Esto último lo dicen con una seriedad tal que la risa me quiere salir pero no me atrevo a soltarla. A mi esa respuesta me suena tan pendeja como si me dijeran:

Respuesta: “No puedo. Mañana nos vamos de viaje. Tengo que ir al baño.”

Y honestamente no veo la relación entre no poder ir a cenar y tener que ir a cagar. Evidentemente no comprendo ni madres.

Supongo el miedo en torno a la empacada es descubrir cuando ya se ha viajado y se llega al destino que algo crítico, importantísimo, fundamental para tu existencia: se ha olvidado. Y aquí me debato una vez más porque salvo que tengas una enfermedad terrible de las que sin medicamento diario ponen en riesgo tu vida, no veo qué jijos de la madre sea tan importante que al olvidarse pongan en riesgo el viaje mismo.

Y luego llegan a su destino y están en el hotel y al abrir las maletas: el horror….¡EL HORROR!....¡NO VIENEN LAS CHANCLAS!

Y las vacaciones quedan marcadas de por vida por el inesperado y muy trágico incidente.

A mi esto me tiene sin ningún cuidado porque honestamente me vale madre si Adriana trae o no sus chanclas y cuando descubro que no encuentro las mías, todo se resuelve fácilmente con las siguientes palabras mágicas:

“¡ADRIANA! ¿DONDE ESTÁN MIS CHANCLAS?”

Y funciona el 99% de las veces.

Héctor Daniel

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