Overblog Todos los blogs Blogs principales Humor
Edit post Seguir este blog Administration + Create my blog
MENU
El blog de Hector Grave

Los días normales

5 Noviembre 2014, 17:00pm

Publicado por Hector Grave

Han sido días normales. Normales porque “nada” ha acontecido. También extraños porque en la “nada” han sucedido decenas de pequeñas cosas de esas que le dan saborcito al momento y de momentos se hacen días y luego recuerdos y luego, si sobreviven el extraño paso del tiempo: tesoros.

Magníficos días, plagados de normalidad y rutina, pero con destellos pequeñitos y extraordinarios en su justa dimensión.

Como siempre al final todo depende de según como se mire como dice la muy simple pero mágica letra del cantante español aquél que además canta aquella de La Flaca y que he cantado a solas en el carro chingo de veces, con los vidrios arriba por supuesto, porque aunque usted no lo crea, soy más bien pudoroso…

Así por ejemplo en el auto suceden cosas todo el tiempo que luego no notas porque no quieres notar, hasta que un día de buenas las observas.

Como cuando noté que los múltiples y bellísimos anuncios del GNC que inundan la avenida con la preciosísima Dominica Paleta me hacían sonreír sin darme cuenta hasta que un día reparé en que, en efecto, me hacían poner una sonrisa ligeramente pendejona al verlos.

No me aguanté y con la verborrea esa que no es desconocida para nadie a mi alrededor abrí la boca y sonriendo le dije al anuncio: “¡Buenos días Dominica!” y luego me cayó el veinte de que a mi lado iba ni más ni menos que la Reina Madre de López Mateos Sur y Tlajomulco y con expresión que algunos llamarán incrédula y que yo llamaré de “óyeme pendejo” me miraba sin saber si reírse o indignarse.

Me reí sonoramente porque eso es lo que hago cuando me veo acorralado por mi mismo.

Me la dio por buena porque le ganó la risa y a partir de ahí todo a fluido de maravilla porque yo sigo saludando a Dominica y La Reina Madre de López Mateos Sur y Tlajomulco ya nomás mueve la cabeza y me suelta una risa más forzada que con chiste de Viruta y Capulina.

Luego reparo en que los anuncios con la Señorita Paleta son una mejora abismal con respecto de aquellos del Tv Notas que también inundaban la avenida no hace tanto y que si no mostraban el último bikini-tanga de Ninel Conde mostraban el último bikini-tanga de Eduardo Yáñez y Dios mío de mi vida, ya no sabía uno para dónde mirar, pensando si los que vivían por allá por Valle Real se tenían que chutar un baño de cultura popular similar, cada mañana…

Pero me desvío, para variar. De regreso a los pequeños regalitos producto de la rutina:

Y así vamos camino a la escuela y mientras sonaba Dragula de Rob Zombie (para los no versados, esto es como rock pesado electrónico de los noventas como salido de fiesta pesadillezca de Jalogüin) los dos bellísimos príncipes venían rockeando conmigo y se levantaron con el auto todavía en marcha, a lo que no di ninguna importancia porque faltaban menos de veinte metros para nuestro destino.

Hasta que en una vuelta en “U” les digo “¡Agárrense!” y me la doy bien pronunciada y en un solo volantazo (como solo los hombres al volante sabemos hacer, dicho sea de paso) mi vástago el mayor, en un movimiento que físicamente aún no me explico, aparece en el asiento delantero, de cabeza, piernas adelante en lo que sin ser especialista en peritaje ni juez de gimnasia olímpica les puedo decir debió de haber sido un salto mortal invertido.

Y santo putazo en la maceta, por supuesto.

Me asusto. Valido que el escuincle está bien y en cuanto me aseguro que está bien hago lo que cualquier padre amoroso hace en una situación como esa: lo responsabilicé de mi propia estupidez.

“¡Niñooooo! ¡Coooomo se te ocurreeeeee….!” Etc. Etc.

Y el escuincle haciendo los ojos chiquitos se soba la maceta y me mira con expresión de “estoy bien, gracias por preguntar cabrón” y nos bajamos en el estacionamiento, él recuperándose del susto y del chingadazo, Juan Pedro pelando los ojazos con carita de “ay no sé qué pasó pero algo pasó” y yo recordando las decenas de veces que me golpee por cualquier motivo y mi madre me pendejeó amorosamente… para aliviarse el susto.

De regreso le confesé todo a La Reina Madre de López Mateos Sur y Tlajomulco porque no fuera a ser que se le hiciera un chipote de leyenda al escuincle o que fuera a rajar por la tarde, lo que sin duda sería narrado equivocadamente como “Papá nos deja ir parados en el auto en el camino” + “Papá maneja rapidísimo” + “Me pegué bien fuerte en la cabeza” no necesariamente en este orden, lo que sería peor a mi llegada por la noche a la casa que una comparecencia para explicar qué carajos pasó con el presupuesto de los Juegos Panamericanos en la Cámara de Diputados…

Chingadazos aparte, tenemos otros momentos más bien dulces. Y siempre que los llevo cada mañana rezamos un poquito, para darle los buenos días al Niño Dios, para saludarlo, para darle las gracias por la linda mañana, para pedirle por el bienestar de mamá, de papá, de los hermanitos, de los primos, de los Titos, de los amiguitos, de las maestras y cuando ya terminamos resulta que no y mi pequeño añade una y otra vez “y por Milú” y solamente entonces hemos terminado la petición. Me fascina porque si no fuera así, honestamente yo no lo haría y siempre recuerdo y agradezco, porque si no es con ellos eso simplemente no sucede.

Los dejo a la carrera en la puerta, el Príncipe Mateo me da mi beso y me dice que me quiere, el Príncipe Juan Pedro nomás corre hasta su salón sin mirar atrás. Y saludo al buen Don Rafa y me enfilo de regreso, pensando lo maravilloso que es ser padre de estos dos y del Pequeño Dictador al que todavía no le chofereo por las mañanas.

Con ese hermoso espíritu me enfilo de regreso de la escuela y enloquezco durante el camino porque el tráfico parece salido de una película de esas del fin del mundo y en algún momento llegamos a un accidente vial con varios autos pero sin mayor gravedad y la camioneta de enfrente pasa a velocidad pasmosa para chutarse el mitote y la locura matutina de venir a vuelta de rueda por poco más de hora y media se apodera y pierdo los estribos y hago sonar el claxon y grito:

“¡QUITATEEEEE ANIMAAAAAAAAL!”

Los de AXA Seguros se asustan y voltean y yo seguramente luzco como Cruela DeVil al volante y paso a su lado y llega la segunda parte, desde el fondo de mi garganta y sale un terrible y ahora vergonzozo:

“¡PEN-DE-JOOOOOoooooo!”

Es de esos largos, que gritas en secciones para agarrar aire y darle mayor impacto, que luego se va apagando a cada segundo que pasa porque la voz se cansa y que me doy cuenta que el objeto de mis insultos es, ni más ni menos, que una señora mayor de apariencia muy dulce, con vestido de esos de carpa de circo que seguramente no comprende qué está pasando ni por qué parezco toro de lidia al volante pasando a su lado.

Confío en que no me escuchó.

De inmediato me cae el veinte. Y me siento muy mal porque era una viejecita y me voy el resto del camino meditando mi pésimo comportamiento y cómo es que funciona la doble moral interna porque si hubiera sido un cabrón bigotón o panzón hasta bien me hubiera sentido, pero como era una viejita con vestido de esos como de cortina de flores, me sentí como la peor basura del Periférico Gómez Morín y eso, Damas y Caballeros, es un chingo de Periférico.

Y llueve.

El mega desmadre vial continúa y me resigno a seguir resintiendo el cóccix arranado en mi asiento y pongo un disco que yo encuentro más bien dulce y me concentro porque quiero ir al baño y no hay dónde.

Me arranco entonces con una conversación interna que luego en algún momento se verbaliza, converso conmigo, luego con alguien y luego con Dios y si bien no tengo manera de reproducir lo acontecido, más o menos salió algo como esto:

Gracias por mis niños y por todo lo bueno que eres y has sido conmigo.

Cuídamelos mucho, por favor te lo ruego.

Te pido por Adri que tanto nos ama y nos cuida.

Te pido por mis amigos, que salgan adelante y sean felices en sus vidas

Te doy gracias por darme dirección.

Te doy gracias por hacer salir el sol donde yo insisto en ver solamente sombra.

Te pido perdón por todas mis faltas.

Te pido perdón por pecar de soberbia.

Te pido perdón por mi exceso de temperamento…..

(y luego, todo iba bien, hasta que en algún momento la mente se me fue a deambular sola como siempre y todo se descompuso. Y continué…)

…te pido perdón por pendejear sonoramente a la viejita esa. Yo no sabía que era una viejita. De haber sabido la hubiera pendejeado pero bajito. Y pensar que podría haber sido mi mamá….pero, quien le manda andar de mitotera, pinche vieja. Por eso se hace el pendejo trafical, por gente inconsciente como esta. No voy a llegar nunca a mi puta junta. Dios, reamente quiero ir al baño. Voy a mojar los pantalones. Chingada madre, que horror. Por favor: no permitas que vaya a mear aquí en el carro. Que cosa más horrible, que dolor ¡Ayudameeeeee!

Y me cayó el veinte nuevamente, ahora porque mi rezo amable y pacífico lo convertí en plática de cantina blasfema. Me ganó la risa.

Me disculpé con Dios por mi terrible desatención. De inmediato me sentí infinitamente mejor. Conmigo y con ÉL.

Excepto claro, porque me estaba meando.

Llegué a la oficina sudando frío. Bajé por el elevador como nunca. Caminé al baño dando pasos largos como la “A” y no corriendo porque si se batía la jarra capaz que se me tiraba por el pichelito. Casi beso el mingitorio.

Y felizmente: llegué justo a tiempo a mi junta.

Héctor Daniel

Comentar este post