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El blog de Hector Grave

La dinámica de oficina

1 Noviembre 2015, 16:58pm

Publicado por Hector Grave

La dinámica de oficina

Ir a la oficina es una cruz que hay que cargar sonriendo. Si no lo hace uno así se amarga uno en un dos por tres y la verdad es que suficiente amargura hay en el mundo como para amargarse por el deber que forzosamente debe uno cumplir. Y luego llega uno y ve y escucha de todo y como tantas cosas en la vida, son tan extraordinarias o tan sosas como uno desee mirarlas.

Yo por ejemplo, todos los días, llego y saludo a la pasada mientras camino a mi lugar:

- “¡Hola, buenos días!”

Más de alguno me devuelve la cortesía, uno que otro me devuelve el saludo con gusto y la inmensa mayoría me ignoran con un implícito “Qué tienen de buenos imbécil” mientras pretenden mirar fijamente el monitor muy concentrados.

En lunes este efecto es verdaderamente notable.

Al ser olímpicamente ignorado tantas veces, lejos de desanimarme, me animo. Porque sí son BUENOS días. Porque lo digo yo. Hasta que sucede una tragedia de esas de trabajo y todo se va a la mierda. O a donde sea que se vayan los buenos días en lunes.

Así vienen luego los horrores en forma de archivo de Excel, el terror en forma de fórmula puteada, el correo electrónico que cruelmente sustituye una tradicional gritiza verbal por palabras duras que al quedar escritas, puede uno leer, leer y volver a leer, como si vivir una cagotiza monumental no fuera suficiente una sola vez, y si eres de los míos, te revuelcas en ellas, en dos y tres leídas, mínimo…

Luego razonas que quien las escribió seguramente va camino a casa esa noche a ver el Baseball en ESPN y a chingarse un Steak y en lo último que piensa es en lo miserable que te sientes o en lo pendejo que estás.

El martes tiene un sabor a ni madres y aunque no está cerca del fin de semana, no es horrible por el simple hecho de no ser lunes.

Luego es miércoles. Es mitad de semana y aunque hay quien lo celebra, a mí me produce esa horrible sensación de las carreras largas donde más que un alivio sientes un putazo bien dado producto del “¿apeeeeenas?” que aunque no verbalices está implícito todo el pendejo día.

El jueves y viernes se van como tobogán, producto del alivio mental que se siente al darse cuenta que pase lo que pase, el sábado es inminente y queda todavía el domingo para andar en calzones por la casa y desperdiciar la tarde que ya no sabe en absoluto bien porque en lo que a mí respecta el lunes empieza el domingo a las 6 de la tarde – justo ahí cuando comienzas a “preparar el día de mañana”.

Y a meter a los niños en chinga a bañar para que se acuesten temprano y empiezan a rondar las preocupaciones de “mañana”, repasando mentalmente cosas que tienen que hacerse quieras o no y hasta obscurece raro chingado (y en vez de anochecer parece que primero se va el color y la felicidad dela luz) porque el lunes, el estúpido lunes, es inminente y es tan pero tan opresivo que no es suficiente con que dure 24 horas, tiene que robarle felicidad, luz y vida al día anterior.

Y luego es lunes por la mañana nuevamente. Y llego a la oficina y saludo “¡Buenos días!”.

Y más de alguno mentalmente me dice “PU DRE TE”. Y me voy bien sonriente a mi lugar a prender mi compu.

Multiplíquese por los últimos 12 años y proyéctese por los siguientes 30 si Dios quiere.

Luego están las peculiaridades de cada profesión.

En mi ámbito laboral hay una obsesión con algunos conceptos como por ejemplo, con “el cierre”.

Los que padecen “cierre” se sienten anormalmente inquietos por los ciclos de su trabajo. Los ve uno en Facebook y los ve uno en cuantos medios existen, externando su preocupación, diciéndole al mundo que “Ahí viene el cierre” y “Nooo por favor, otra vez es cierre” y una de mis inconsistencias incomprensibles favoritas recientes: “Keep Calm: I am in Finance” y quien sabe cuántos “Likes” por publicación.

Y sí, se puede poner pesado y para algunos es francamente pesadísimo por varios días, pero también es periódico y es la profesión y el trabajo así es y también dicho sea de paso, no hay manera de sonar heroico con “el cierre”.

Me imagino un grupo de cirujanos comentando en su Facebook cada que van a entrar a cirugía:

- “¡Carajo, ooooooootra vez tengo cirugía!”

O bien:

- “En cirugía desde las 6 de la mañana, Oh, Dios misericordioso ¡Ya que termine! #sufrocomocirujano”

Al menos ellos pueden poner “Keep Calm: I am a Doctor” y tendría sentido, asumiendo que en su profesión postean en Facebook mientras están hasta el culo de trabajo.

Tipos y perfiles

En la oficina también se encuentra uno con especímenes tan distintos conviviendo todos en un mismo lugar, amalgamados por cubículos. Sin dudarlo se perfectamente que soy uno de ellos, llevo tantos años haciendo esto que estoy seguro no solo soy uno sino que soy un digno ejemplar.

Está por ejemplo el clásico que lo ve a uno pasar y de inmediato expresa alguna pendejada a grito pelado como “¡Ahí llévatela patrón!”. Este sujeto por lo general carece de un buen uso de cualquiera que sea la parte del cerebro donde se desenvuelva la creatividad, porque su chiste “del patrón” está más reciclado que sketch del Profesor Jirafales. Dios, qué hueva de cabrón.

Está también el que hace rondines por toda la oficina para decir que está ocupadísimo. Es pariente del que se queda tardísimo porque se le va el día en hacer nada, quien a su vez, es pariente lejano del que llega híper temprano y se lo dice a todos todo el tiempo porque se siente un ser humano extraordinario.

Están luego los de las ligas deportivas de la empresa donde sale diversión, camaradería, amistades y también frustraciones internas:

  • Está el que nadie sabe qué carajos hace en la oficina pero que todos quieren en su equipo
  • Está el futbolista frustrado que tiene una leyenda del tipo “yo era mejor que Andrés Guardado” pero que por azares del destino nomás nunca la hizo y entonces estudió Conta.
  • Está el que no sabe jugar ni madres pero al que nadie le dice nada porque está cabrón el organigrama.
  • Está el que solo se aparece porque hay cervezas.
  • Está al que a nadie le conste que trabaje todavía en la empresa pero no se pierde ni un solo juego.

Luego está el dinosaurio.

El dinosaurio se expresa con nostalgia del pasado, intenta decirle a los más chavos que ellos la tuvieron más fácil, que “antes” empezabas de Contratista, que no saben lo que es batallar, acumulan uno o dos premios de antigüedad en la empresa, son incapaces de dar un consejo sin contar una historia que a nadie le importa y se delatan fundamentalmente porque empiezan por decirle “chavos” a los chavos.

Sip. El dinosaurio soy yo.

Me quedó clarísimo cuando me di cuenta que hay un muchacho aquí que no puede dejar de hablarme de usted.

  • Gerente Dinosaurio: “¡Buenos días! ¿Cómo estás?”
  • Muchacho nuevo: “¿Bien y usted?
  • Gerente Dinosaurio: “¡Hombre, háblame de tú!”
  • Muchacho nuevo: “Si señor”

Me voy caminando a mi lugar muy sonriente a prender mi compu.

Héctor Daniel

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