Para Mateo, Marcos y Juan porque ya crecerán (2): Sobre cómo cocinar un pinche huevo sin ayuda de nadie
Para Mateo, Marcos y Juan porque ya crecerán (2)
- Sobre cómo cocinar un pinche huevo sin ayuda de nadie
Llegará el día. Mucho antes de que decidan emprender el vuelo, mucho antes de que tengan alas, muchísimo antes de que surja la oportunidad. Continuarán sus vidas como hasta hoy día, expresarán que tienen sed y que tienen hambre y alrededor de ustedes su madre se hará cargo y resolverá comprando o preparando de comer.
Ustedes simplemente se sentarán a zamparse lo que se les sirva.
Hasta que un día ante la misma situación su madre decida responder distinto. Y dirán desde la planta baja a grito pelado para ser escuchados hasta la recámara donde se encuentra mamá:
¡Mamaaaaaaa! ¡Tengo hambreeeeeee!
Y desde el fondo de su habitación, alejada de la estufa, emitida como desde una caverna, su madre responderá con estruendosa voz:
¡Cómete una manzana!
Y será un momento confuso, muy confuso y terrible. Porque ustedes tendrán “hambre” y no ganas de comerse una pendeja manzana, ¡como si mamá resolviera su propia hambre tragando manzanas!
Estoy seguro que SÍ te puedes llenar de manzanas, pero ese no es el punto, el punto es que cuando se tiene “hambre” lo que se requiere es algo elaborado que no solamente satisfaga sino que caiga calientito y sepa rico y las manzanas no cumplen con las condiciones ni de pedo. SI a esas vamos también pueden comer puto cartón o pasto y seguramente también se van a llenar. En estos términos es irrelevante que nutra.
Comprendan que la respuesta de su madre realmente no pretende hacer que traguen manzanas, sino expresarles que en ese momento no piensa – y ni de pedo va – a levantarse para darles de tragar por ningún motivo. Esto es normal. Mamá tiene derecho a estar hasta la madre y puede ponerse a sí misma fuera de servicio, lo que irá sucediendo cada vez más y más conforme avance el tiempo, así que váyanse acostumbrando.
Entonces verán nacer algo importante en la vida de un ser humano. Verán surgir la necesidad de aprender a cocinar.
Sobre cómo cocinar un pinche huevo sin ayuda de nadie
Sin sermones, pero somos privilegiados de mil maneras. Cuando tenemos hambre siempre hay algo que tragar. Siempre. En este sentido, las manzanas en realidad son riqueza y abundancia, no se diga todo lo demás. También es un lujo poderse atender solo. Tienen manos funcionales, mentes despiertas, poco a poco la estatura correcta (aunque evidentemente uno de ustedes trae genes más compactos dominantes, no me explico de dónde les viene esa herencia) y pueden sin ningún obstáculo aprender a preparar lo que sea.
Como “lo que sea” está muy cabrón de abarcar y como no quiero meterme en rollos de “ustedes pueden llegar tan alto como sus sueños” y esas que son verdades cuando se desean y se logran y son pendejadas cuando se desean y no se pueden lograr, vamos a acotar un poco la lista. Trabajaremos entonces sobre un menú básico enfocado en sobrevivir cada que tengan hambre y su madre sugiera que se traguen una manzana.
Por ejemplo:
El cereal con leche
No sé cuándo se inventó el cereal moderno, seguramente en forma de Corn Flakes, pero su invento ha sido la solución y respuesta de millones y millones de madres con escuincles que alimentar por la mañana o por la noche.
Su éxito radica en su simpleza: promete “alimentar” y llenar, sabe a golosina y su preparación en casa es la introducción a la cocina de todos los niños del mundo:
- Toma un plato hondo
- Ponle cereal
- Ponle leche
Se come con cuchara. Se le agrega un plátano si se desea adornarlo y volverlo “nutritivo” porque “tiene fruta natural”.
Por supuesto que sus cualidades nutritivas son muy cuestionables.
Si hacemos caso a los fanáticos de la alimentación saludable, el contenido nutricional del cereal de caja es prácticamente nulo y sí es en cambio rico en azúcar y quien sabe que tanta cosa terrible. Los que satanizan el cereal son los mismos que luego satanizan la leche de vaca porque quieren que en cambio tragues pendeja leche de arroz o de putas almendras. Todo está bien hasta que se les convierte en misión andar por el mundo chingando gente “informándote” sobre el veneno que ingieres y los beneficios de lo que ellos disfrutan. No se dan cuenta pero son peores que Testigos de Jehová.
Ustedes no sean Testigos de Jehová de la Leche de las Putas Almendras. Por mí traguen lo que quieran y siéntanse superiores al prójimo porque comen saludable y levitan y la madre, pero por favor respeten a los demás y no estén chingando.
La quesadilla nocturna
Alimento mexicanísimo, bocadillo nocturno del hambriento en pijama a altas horas de la noche, mexican fast food por excelencia, mundialmente famosa y adorada por mexicanos y extranjeros por igual, la quesadilla es la introducción al manejo de la estufa, el fuego y el microondas.
Su simpleza es maravillosa pero su preparación adecuada es más que engañosa. El problema de las quesadillas es que hasta cuando son pésimas son buenas, lo que según mi experiencia sucede únicamente con otro platillo a nivel mundial: la pizza.
La pizza por más culera que esté va a estar buena y cuando se es estudiante alcanza magnitudes de manjar, aunque esté fría y chancluda de la noche anterior.
Una buena quesadilla requiere un buen queso para derretir y una tortilla decente. Los ignorantes en quesos van a sugerir el queso Oaxaca: esa chingadera que se derrite como plástico y cuya insipidez estoy seguro ha inspirado incontables dietas de gente que hace yoga y se pesa todos los días. Este queso para mi es uno de los grandes misterios de la cocina porque navega con bandera de “delicioso” cuando en realidad es tan flexible que no me extrañaría que a nivel molecular sea indistinto de algún polímero industrial.
Yo recomiendo queso adobera pero en momentos de gran necesidad, hasta el queso amarillo es válido. Si quieren hacerlas con queso Oaxaca, pues va, cada quien sus malos gustos.
Por experiencia, si quieren preparar una buena quesadilla hijitos míos, lo siguiente no fallará:
- Necesitan un comal: si no tienen un comal no son mexicanos. Punto.
- Pónganle sal al comal al calentarlo: no sé si lo soñé o lo vi en la tele, pero este truco de anciana milenaria te ayuda a que las tortillas refrigeradas no se peguen en el comal. ¿Por qué? Porque del refrigerador vienen húmedas las muy estúpidas. Con sal la humedad se absorbe y tus quesadillas quedan bien chingonas.
- Menos queso bien distribuido es infinitamente mejor que mucho queso hecho bola en el centro.
- La clave está en la precalentada de la tortilla y en que la dobles hacia el lado correcto. Sí, las tortillas tienen su lado: el grueso hacia fuera, el más suave hacia dentro. Esto debería ser obvio pero no lo es, es así como la gente que pone el rollo de papel de baño con la punta hacia la pared y no hacia afuera (como dijo Alfred: “Some people just want to see the world burn…”)
- Una salsa chingona eleva unas pinchis quesadillas a “platillo”. Si no hay salsa chingona, pueden usar Salsa Huichol o Guacamaya.
- Un aguacate eleva unas pinchis quesadillas a “manjar”. ¿Habrá algo que NO mejore el aguacate? El aguacate es tan chingón que si me lo pongo encima seguramente me hace ver más guapo. Es así de efectivo.
Algunas consideraciones adicionales:
- Unas tortillas bien separaditas del Soriana o las de un día antes del Pollo Pepe hacen milagros. Nunca desprecien el valor de unas tortillas viejas arrumbadas en una esquina del refrigerador ahí donde se juntan los pedazos de cebollas viejas con los limones churidos a platicar sus viejas glorias...
- Si son de microondas, que sea por necesidad, no por placer, porque una quesadilla de microondas es una quesadilla sin alma.
- Bien crudos las quesadillas hacen el paro, pero bien pedos las quesadillas pueden ser la diferencia entre “voy a dormir como piedra” vs. “voy a pasar una noche en el infierno”.
Si son demasiado jóvenes para comprender esto último olvídenlo, no hagan preguntas, cállense la boca y sigan leyendo.
El huevo revuelto y la ciencia del huevo estrellado
Los amo en todas sus formas: estrellados, tibios, “en torta”. Hasta la fecha me encantan, comida simple, alguna vez muy económica y constituyen el mata-hambres por excelencia. Algo pasa con los pinchis huevos que generan una sensación de saciedad que otros alimentos no.
El huevo estrellado es el más crítico de todos. Crecí viendo a mi mamá preparándolos con maestría y crecí también viéndola renegar cada que la yema se rompía – lo que sucedía aproximadamente una de cada diez veces. Parecen pocas pero multiplicado por “n” años por el chingazo de huevos que nos tragábamos mi papá, mis hermanos y yo, son un chingo de mentadas de madre por yemas rotas de huevos estrellados mal logrados. Por supuesto que siempre fue culpa de los putos huevos:
“¡#$% huevos! ¡Algo le dan a las gallinas! ¡No puede ser que se rompan!”
Es por esto que ahora que soy adulto cada que se me rompe una yema de un puto huevo siento que soy un fracasado. Naturalmente culpo a los huevos:
“¡Pinchis huevos! ¡Adriaaaanaaaaaa! ¡Ya no hay que comprar huevos de esta marca! ¡NO SALEN BUENOS! ¡”##%$%!”
Entonces como cargo estos temas a cuestas, no sé exactamente qué recomendarles para que salgan bien, excepto: échenle ganas, aceite bien caliente, con mucho cuidado y si acaso: tengan un sartén dedicado a esta función.
Ahora, el huevo revuelto es el verdadero mata-hambres juveniles. Es así porque cualquier pendejo los prepara. En términos generales: agarras un sartén, le pones aceite, calientas, echas un par de huevos, le pones sal y le bates.
Si andas de gusto refinado, ponles jamón en cuadritos o salchichas picadas
Cuando crezcan, aprendan a hacer omelettes. En mi experiencia una mujer aprecia a un cabrón que sabe hacer un buen omelette. Nomás cuando sea para ella recuerden ponerle espinacas, queso fetta o alguna pendejada que ustedes nunca le pondrían al suyo.
“Pensó en mi” pensará ella. Nunca subestimen el valor de esas tres palabras en la mente de una mujer.
El espagueti y sus parientes pretenciosos
Poner a cocer espagueti o alguna pasta está en el manual de sobrevivencia de cualquier cabrón. Yo no sabía, porque aunque se veía simple, no lo hice antes de la preparatoria.
Básicamente es un chingo de agua, la pones a hervir con sal y un chorrito de aceite, ya que hierve le pones el espagueti y lo dejas cocer los minutos que dice el empaque. Los puristas que sí saben que pedo van a decir que tienes que tocarla y validar si la consistencia es buena y todo eso, y eso es verdad, pero también creo que si son tan cabrones no andarían cociendo espagueti Barilla del Soriana.
Agarran un bote de salsa preparada, la calientan en la estufa y se la ponen a su espagueti bien colado. No tiene pierde.
Ahora que si andan de “quedar bien”, pongan un huevo en un tazón, pónganle un cuarto de crema de leche de vaca, sal y pimienta, un putazo de queso parmesano rallado (si es queso bueno mejor, no la pendejada sintética esa de Kraft que venden en botes verdes por el amor de Dios) y mézclenlo bien. Lo ponen a calentar SIN dejar de batir (porque esa madre se quema en un pequeño descuido peor que si saliera en la portada del Tv Notas) y le ponen el espagueti colado. Lo mezclan y lo sirven.
Da el gatazo súper cabrón, es un éxito garantizado. A menos de que su invitada a cenar sea intolerante a la lactosa, lo que volverá la cena memorable por razones perfectamente equívocas.
Unas recomendaciones generales:
- Si van a hacer espagueti, hagan espagueti. No se pongan mamones a decir “voy a preparar una rica pasta” como si fueras chef italiano porque aunque está bien dicho, es lo mismo que decir “voy a preparar unas ricas leguminosas” para decir que vas a cocer los putos frijoles. O sea, está bien darse el taco, pero no chinguen.
- Caso completamente inverso: cuando quieran verse conocedores, no compren espagueti. Compren tagliatelle o capellini y luego díganle por su nombre. Así más de alguno los verá con admiración cuando escuche su menú con cara de “no mames, este cabrón SI que sabe de pasta y de cocina”. Nomás échenle ganitas a la servida para mantener la mística.
- La “salsa de bote” está buena. Saca de apuros. Hay decenas de marcas, pruébenlas todas e identifiquen la buena. Nomás no se pongan a usar salsa de bote, a echarle menjurjes y luego a decir que ustedes prepararon la salsa. Eso los hará ver ineptos de manera garantizada porque la salsa de bote, así como la educación, se nota.
- Cualquier tipo de pasta está bien. Sépanlo de una vez: hay una pasta que se llama “Penne”. Sí. Sí está gracioso. Todo está bien, nomás en un restaurante italiano no vayan a ser el pendejo guarro que sale con el chiste de que alguien pida “Penne a la Puttanesca” meado de risa porque neta no mamen. Se vale el humor guarro, pero no arrastren el apellido con falta de originalidad humorística.
- No se llama “sopa”. Díganle “sopa de espagueti” bajo su propio riesgo. Aunque si resulta que son provocadores natos como su padre entonces quizá sí quieran decirle así.
Advertidos están.
Héctor Daniel
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