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El blog de Hector Grave

Carta al Señor Presidente de la República

31 Agosto 2016, 07:50am

Publicado por Hector Grave

Al Señor Presidente de la República:

Hoy leí en un encabezado que la Oficina de la Presidencia confirma una reunión con Donald Trump. Y una vez más, en pequeñito, de manera casi imperceptible pero real, se me fracturó un poco más el corazón.

Imaginé como el vecino que es un patán, que es grosero y abierta y sonoramente desagradable para con mi familia es un día de manera inesperada invitado a cenar. Y se sienta en mi sala y se sienta en mi comedor y es mi mujer la que le sirve un trago o dos o tres y es él el que se sirve primero de cenar y repite, porque le encanta que le sirvamos y a nosotros, como anfitriones, nos encanta que le encante que le sirvamos. No vaya a ser que si no lo aceptamos, que si no lo invitamos y le servimos: se enoje.

Y una vez más se le fue la oportunidad de demostrarnos de qué está hecho, Señor Presidente. Se fue la oportunidad de oro de mandar a ese hombre, a ese patán, ignorante y grosero olímpicamente a la chingada. Claro, de manera educada, de manera cordial, con dignidad, esa que tanta pinche falta nos hace ver en nuestro reflejo y que usted y su equipo entero de trabajo tan poquita, como imagen y representación de todos nosotros, nos proveen.

Este es un país complicado de gobernar, Señor Presidente, pero simple y sencillo en sus necesidades y en sus gustos. No se requiere un estudio profundísimo histórico y social ni se requiere tampoco revivir al Gran Octavio Paz para que nos explique cómo somos y cómo hacerle, para comenzar a entender lo que necesita, pero sobre todo: lo que desea y anhela.

Para entenderlo simplemente hay que vivir un poquito en él y sentirlo. Pero usted parece que no vive y nunca ha vivido aquí.

Este país lo que desea y anhela en lo más profundo de su ser: es una victoria.

Necesita ganar. Le urge en lo más profundo del alma verse en lo más alto de un podio, saberse el mejor del mundo, saber que puede, que si trabaja llegará, que si compite estrá al nivel de todos y de cualquiera.

En vez de eso, vemos una y otra y otra vez cómo perdemos y nos la tenemos que pelar. Y cuando ganamos, por circunstancia aislada, por los huevos de algún mexicano ejemplar o por chiripa o designio de Dios: no lo creemos. Porque estamos acostumbrados a perder y quizá, porque morbosamente, aunque no lo aceptemos, quizá secretamente: también lo deseamos.

Ha de ser un chingado complejo histórico.

Quizá por eso nos encanta soñar con la majestuosidad que fue del Imperio de Moctezuma y nos fascina mencionar el penacho aquél que está en Austria y del que nos despojaron, bastardos ¡que nos lo devuelvan! Quizá por eso nuestra imagen del último y máximo gran héroe sea Cuauhtémoc, quien ante la más horrenda de las torturas nunca reveló dónde escondían el tesoro, porque aunque lo martirizaron y lo chingaron como a ninguno – y como a todos – el nunca, nunca cedió. Esos son huevos. Aunque el tesoro al final de cuentas, se lo llevaron todo.

Yo soy de esos que desea con verdadero ardor nacional creer en Usted. Jamás, nunca, he girado un chiste de mal gusto contra su figura ni contra sus constantes y desafortunadísimos encuentros y desencuentros con la prensa y con el público. Yo QUIERO que Usted salga adelante. Siempre luce Usted amable, bien vestido, cordial. Pareciera que quiso convertirse en la imagen de un México nuevo, joven, con energía, bien parecido, competente y capaz, todo eso que su portada en Time Magazine quiso proyectar al mundo mientras dentro y desde dentro la realidad nos daba a todos un contraste abrumador.

Algo salió mal. Muy mal. Saving Mexico decía la portada. Hubiera dado risa si no hubiera sido tan pinchi trágico el momento. Lucían Usted y los otros dos como Grandes Señores, trajes hermosos, con categoría y curiosamente: decididos y valientes. Y nadie les creyó. Yo me moría por creerles. Pero como todos, simplemente no pude.

Verá Usted, hay algo que no se puede comprar ni resolver con imagen y mercadotecnia y eso es la falta de carisma y personalidad. Cada que veo como lo tunden con severidad me hace Usted suspirar por hombres de otro tiempo. ¿Dónde están los Cuauhtémoc Cárdenas? ¿Dónde están los Manuel Clouthier? ¿Dónde están los Donaldo Colosio, que proyectaban valor, valentía y arrojo auténticas, en cada momento, cada que uno los veía? Hasta Vicente Fox, con su desmadre ese del Piporro-Presidente proyectaba algo más sólido y simpático que Usted. Si tuviera la clase, los tamaños, la personalidad, el carácter: le perdonaríamos todo. Pero no es así y por eso, no le perdonamos ni una.

Me da muchísima pena. No sé qué hacer. Le juro que si pudiera arreglarle ese desmadre, le juro que lo haría. Sería un acto de amor hacia todos nosotros.

¿Será tan difícil, proveernos de alguna victoria?

Hace unos días se fue otra gran oportunidad. Ratificó Usted a Alfredo Castillo como cabeza del Deporte Nacional. ¿Y a quién le importa, teniendo miles quizá, de problemas infinitamente más serios?

Si yo fuera Usted: a MI me importaría. El deporte sería una fuente de orgullo y satisfacción popular que en estos momentos debería Usted considerar INDISPENSABLE para salir avante. Proveería Usted de inspiración y ejemplo a toda una generación de mexicanos que quizá no lo sabe pero que necesitan urgentemente creer en si mismos y por lo tanto: creer en México.

Pero no fue ni será así. No con Usted. Disfrute usted de su evento con Donald Trump. Atiéndanlo bien, no vaya ser que se encabrone y luego salga Presidente. Inviten al Señor Castillo a cenar con él a que lo conozca. Su novia seguramente será también muy bienvenida.

Oh y sobre cómo salvar a México, en el idioma del Time Magazine:

You are not Saving Mexico, Mr. President. Neither are your buddies and friends. We are. I am, every day, working hard on a place to produce more jobs so other Mexicans like myself can have a home and provide to their families. My wife is, every day, educating children so they can, some day, believe in this country and believe in themselves, despite the circumstances around them. My father is, he who came out of nowhere to become somebody, against all odds, regardless of the countless incompetents, ignorants and criminals leading our nations way. Our teachers are. Our doctors are. Our bus drivers, our shop owners, or construction workers ARE. Millions of us, all over the country, all over the United States, trying to make a living to sustain their loved ones in their homeland from a distant, noble but also sometimes frightening place. Every single one of us IS saving Mexico. In case you had a doubt: you are not.

Si llegara esto a sus ojos algún día espero le traduzcan el párrafo correctamente.

A título personalísimo:

Héctor Daniel

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