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El blog de Hector Grave

Para Mateo, Marcos y Juan, porque ya crecerán (8) - Sobre labores domésticas, muebles e inspiración

14 Octubre 2016, 08:46am

Publicado por Hector Grave

Sobre la cama, las almohadas y las sábanas

La casa esconde mil y un deberes, unos más elementales que otros, pero todos tienen su chiste. El error del novato es subestimarlos, así como tender la pinchi cama. Se dice fácil, pero para que quede bien es un pedo mayor.

Para que quede bien, bien, bien, se me ocurre una de estas tres opciones:

  1. Entrar al ejército
  2. Entrar al convento
  3. Tomar un curso intensivo con mi mamá

Las opciones 1) y 2) me parecen muy radicales y muy agresivas en torno a la disciplina que requieren. La opción 3) es un híbrido de las dos primeras con “mi mamá”.

A ella le quedan simplemente PERFECTAS y aunque nunca lo he presenciado, creo que sí puedes lanzar una moneda y la pinchi moneda rebota de lo chingonas que le quedan las sábanas. La Madre Superiora de cualquier convento aprobaría. El Sargento ese que entrena a los soldados esos en Full Metal Jacket TAMBIEN aprobaría.

Mi mamá además tiene unas manazas que ya las quisieran en el Oktoberfest, que supongo son muy útiles para la tarea. Luego llego yo con las manos más pequeñas y más pinchis torpes que puto Tribilín (no es Goofy en este caso, Tribilín suena infinitamente más pendejo) y los resultados siempre estuvieron lejos del estándar deseado…

La clave debe de estar en la sábana que cubre el colchón y que ajuste a la perfección. Se supone que todas son de tamaños estándar pero la realidad me ha demostrado una y otra vez que tienen ligerísimas variaciones, suficientes para que alguna esquina quede torcida y descuadre todo el pedo. El truco ahí es que sea una de las esquinas superiores, para que con las almohadas encima puedas cubrir la imperfección.

Cuando aprendí a esconder hábilmente las imperfecciones empecé a obtener la aprobación de mi mamá lo que me llenaba de satisfacción. Ahora sin embargo estoy condenado a no poder tender la pinchi cama sin pensar en “¿qué pensaría mi mamá?” y al mismo tiempo recordar al cabrón ese de Full Metal Jacket y quizá, solo quizá por eso: no la quiero tender ya nunca más.

Ustedes se chingan porque la tienen que tender.

La clave ahorita que están chicos es tenderlas “en equipo”, es decir, que uno le jale de una esquina mientras el otro le jala de la otra. Eso permite que la sábana de abajo quede como calzón de modelo de Victoria´s Secret. Si están leyendo esto: entendieron perfecto la referencia, no nos hagamos pendejos.

Sobre el escritorio y la puta inspiración

Hay quien le dice “Musa” de manera correcta, pero a mí se me hace eso muy pinchi mamón.

Las “Musas” son las hijas de Apollo y cada una representa (o protege, o es, o algo así, no me exijan demasiado) un arte. Entonces cuando la Musa “no está” es porque la gente está desangelada, sin inspiración.

No entiendo de putas musas pero sí entiendo de inspiración y sé que esa madre es más volátil y voluble que novia desequilibrada: cuando está presente sucede de todo y cuando no está su ausencia es palpable. Además es simplemente imposible de invocar a voluntad.

Hay mil rollos en torno a niveles de energía, gente mañanera, gente nocturna y todos dirán de todo, pero cuando los procesos son creativos mi experiencia es que las cosas pueden darse simplemente, sin importar la hora ni el lugar. Es un poco como la reunión accidental y totalmente casual que termina convirtiéndose en la peda de tu vida. Sometimes shit just happens.

Cuando el tema es “trabajo” o “estudio”, su ejecución va ligada a un escritorio. Aquí yo encuentro un problema fundamental porque el escritorio en su concepción es un mueble más bien estático y a menos de que esté localizado en el lugar que te sea más agradable y energizante, te verás forzado a trabajar – o a estudiar – en un lugar carente de inspiración. Mi consejo es: muévanlo. Normalmente el pinchi escritorio acaba “donde cabe” y ahorita que son chicos está “donde dijo tu mamá” pero no tiene por qué ser así. Muévanlo cuantas veces sea necesario, que se sacuda, que se libere, si se puede que esté en una ventana, que le dé la puta luz, porque de la obscuridad no he escuchado nunca que haya nacido nada bueno.

Hablando de luz e inspiración, yo no sé pintar, pero su madre SI que sabe y sus mejores momentos pintando se los he visto en el jardín. No sé si le guste o no el producto de esas sesiones, pero sí sé que lo gozó porque al final y sin presunción: de eso se trata el arte.

A mí que me gusta leer les puedo decir que no existe el rincón perfecto, sino más bien el estado de ánimo ideal en intersección con el libro prefecto para la ocasión y el contexto. Eso provocará que el lugar para leer varíe. Así por ejemplo yo leí todo lo que ha escrito Ibargüengoitia fundamentalmente en un café lleno de humo de cigarro, Harry Potter sucedió muchísimo mejor con café bien tempranito envuelto en las sábanas cada mañana (si hacía frío, muchísimo mejor) y los libros esos de espionaje de Le Carrè fluyen mejores en el balcón de la casa con una cerveza más bien espesa.

Leer también requiere inspiración y no siempre funciona igual, por eso siempre tengo tres o cuatro o cinco libros al mismo tiempo todo el tiempo: porque a veces quiero café y a veces quiero cerveza.

Sobre el sofá y los sillones

Hay de sillones a sillones y no todos funcionan igual ni para lo mismo. Esto parece tonto, pero no lo es, de la misma forma que las bancas de la iglesia están normalmente diseñadas para que al estar sentado hagas penitencia, porque por alguna razón duelen las nalgas si el sermón es largo – no así las del parque promedio por ejemplo, donde te puedes sentar plácidamente por horas quizá, pagando el modesto precio de terminar con las nalgas de hamburguesa a la parrilla, así como de comercial de Burger King.

Habrá muebles que simplemente no funcionarán.

Por ejemplo, hay unos que asumen que el que se va a sentar tiene patas largas como de caballo. En esos sillones es imposible reclinarse SIN poner en riesgo la integridad de la columna vertebral, que terminará haciendo una curva como de gancho pirata que no creo que sea nada saludable a la larga.

Habrá otras que habrán sido compradas porque “se ven monas” y en mi experiencia esa son las peores. Aquí hay una trampa normalmente de mujer, porque la lógica de su compra sigue la de los zapatos, es decir: son capaces de comprar una puta silla donde es terriblemente incómodo sentarse solo porque se ve chingona.

Una vez entré a una casa en Valle Real donde “la sala” parecía salida de uno de los castillitos menores de Versalles, o sea: se veía de poca madre pero era evidente que nadie nunca podía, ni debía – ni quería quizá – sentarse ahí.

Esa pinche sala es la sala más triste de la historia de las salas. Cuando se supone que debiera incitar la convivencia, esta nació simple y sencillamente muerta, concebida para ser mirada y nada más.

En mi experiencia quieren muebles que puedan VIVIR.

Habrá entonces sofás y sillones maravillosos, para subir las patas, para acostarse a tomar la siesta, para sentarse a leer el periódico o un buen libro o para sentar a la familia a compartir pastel, café, regalos o lo que sea. Habrá otros especiales y magníficos para jugar “The Legend of Zelda”, o “Gears of War” o lo que sea que ustedes jueguen si es que juegan. Habrá sofás y sillones donde circulen sus amigos a celebrar lo que son y que lo son.

Habrá otros ideales para echarse con los perros a reposar la panza, con una cerveza maravillosa, a sentir el aire circular y apreciar lo buena que es la vida al pasar.

Estos últimos son mis favoritos.

Héctor Daniel

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