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El blog de Hector Grave

De Hot Cakes, Canciones y el Cinturón de Kuiper

31 Octubre 2016, 14:00pm

Publicado por Hector Grave

Normalmente es en sábado, pero este era domingo y luego de arrastrarme fuera de cama y hacia el baño a hacer lo propio, bajé a hacerme cargo de la tropa y prepararles su desayuno.

Bajamos la escalera, los Príncipes Grandes volando, el Principito Pequeño de mi mano, volando según él también, lanzándose al vacío de cada escalón con el arrojo irresponsable propio de los bebés. Yo traía una hueva épica, pero me apetecía un café en calidad de urgente y recordando que había comprado cápsulas nuevas de mi máquina Nespresso me regodee en el placer de poder escoger la capsulita, mirándolas todas con gusto de viejita en tienda de costura, supongo así se han de sentir también las niñas cuando compran cajitas de pinturitas nuevas para jugar al maquillaje.

El Príncipe Mateo voló y con ese acelere tan propio de él, así como si se inyectara puto Red Bull directo en la vena, sacó en putiza la botella de leche, mantequilla, huevos y el bote de harina para Hot Cakes. Luego sacó la miel, la mermelada, la crema de cacahuate y luego me vio escogiendo café y me soltó un “¡Papi no puedo hacer todo! ¡Yo te hago el café!” y me quitó de la cafetera y se puso a prepararlo él.

Yo escogí un cartucho de la cafetera de un nuevo estilo llamado “Cafezinho do Brazil” y obviamente es brasileño y recuerdo haber pensado algo como “estos pendejos tienen lana para contratar a George Clooney como su imagen pero a su producto de café estilo brasileño le ponen muy creativamente: “Cafezinho”…¡Qué Mamadinha!” y mientras Mateo lo preparaba con singular maestría (es experto revisando el nivel de agua, apretando el botón y poniendo la taza) me acordé de conectar el I-phone al mini estéreo ese que tengo en la cocina y puse mi fantástico nuevo mejor-amigo-nunca-cambies Spotify.

Y corrió en aleatorio y me puso a “The Avalanches” y se me quitó la hueva de golpe y conecté con la mañana y toda la vida que me proveía. Y me dijo la canción:

“I adored the way she modified my mornings…when I’d wake up in the calm shoals of her bed…”

Y pensé que esos cabrones sonaban a que nunca se bañaban y su maravillosa letra me hizo viajar en pijama ahí donde la vida funciona a la perfección y en cómo se me transformaron las mañanas para siempre a partir de alguien y a partir de esos niños que corrían alrededor.

Pasó el Príncipe Juan Pedro volando en su pijama blanca (que deja ver sus calzones de Batman) montado en su triciclo hecho la madre, el Príncipe Macetas enfrentaba en combate a muerte a un dragón con su nuevo mono favorito: el First Order Trooper de Star Wars (regalo de su tío Alex) en su sillita alta mientras el Príncipe Mateo partía mantequillita en cuadritos, porque le produce fascinación partirla y tenerla lista para el sartén, para los hot cakes y para lo que venga.

Algo pasa en fin de semana que el desayuno que preparo en casa se me ha vuelto mi parte favorita no solamente de la semana sino de la vida.

Y seguía mi Spotify lanzando maravillosa música de fondo para el éxtasis que me produjo la escena y me lanzó algo de Ducktails que decía “Something in your mind….changed in time…” y con ella me puse a batir harina de hot cakes con huevos y leche y mantequilla y una cucharada de Choco-Choco (del de la Jirafa con expresión pendeja esa que bebe de un popote, de la marca Ibarra, porque el Cal-C-Tose no se disuelve y me tiene hasta la MADRE) y los chicos se maravillaron porque comerían Hot Cakes de chocolate y Macetas quería bajarse de la silla y lo bajé y fue corriendo a pedirle la parada al Príncipe Juan Pedro y se pusieron a jugar al “Uber” por toda la sala, el comedor y la cocina.

El “Cafezinho” estaba de poquísima madre, tan así que ordené otro y mi asistente personalísimo corrió gustoso a preparármelo. Noté en él un talento natural por el servicio, supongo llegado el momento hará un barista sensacional del Starbucks.

Mientras preparaba Hot Cakes en el sartén caliente el Príncipe Mateo se hizo cargo de poner platos y cubiertos y vasos y empezaron a salir listos, uno y otro más y se fueron con Miel Karo y de abeja y mermelada de fresas Clemente Jacques y mantequilla de cacahuate y se los comieron con fascinación y me dijeron que les encantaban aunque reportaron con desconcierto que “no sabían a chocolate”.

Terminaron de comer voraces como termitas y se fueron a corretear por el resto de la casa y fueron por gises de colores a pintarrajear la banqueta esa de cemento firme que me hace las de “piso de la terraza” porque es hora que no termino la pinche obra de la casa. Dibujaron un sistema solar, un cohete a punto de despegar, una casita con una familia con un sol y árboles verdes y felices, una construcción y allá la luna en el cielo con todo y el gigantesco cráter Tycho, con un módulo lunar, un astronauta y un vehículo de exploración.

Y para mi sorpresa, en órbita: el Hubble. La aclaración me la hizo mi joven vástago con expresión de circunstancia cuando lo cuestioné sobre “la estación espacial”.

Luego noté en el sistema solar que además del Cinturón de Asteroides antes de Júpiter, dibujó uno externo, luego de los planetas helados. Le pregunté y me explicó que ahí había otro, con meteoritos helados. Me di cuenta que me hablaba del Cinturón de Kuiper y no recordé habérselo dicho y le pregunté de dónde sabía eso y me dijo “¡lo leí, para eso sirven los libros!” y se reía, consciente de mi evidente sorpresa.

Este cabrón ascendió de barista del Starbucks a Astrofísico en lo que se chingó unos Hot Cakes.

Me regresé a la cocina riéndome solo, me encontré un pedacito de Hot Cake abandonado como que no quiere la cosa, le puse un putazo de mermelada de fresas Clemente Jacques y me lo comí. Tenían razón.

No sabían a chocolate. Sabían a mierda.

Me tuve que enjuagar el sabor con un vaso con agua. Me hice de desayunar unos pinchis huevos y a la Reina Madre también.

Sonaba a estas alturas “Past lives” de “Real Estate” y me decía algo como:

“I cannot come back to this neighborhood…without feeling my own age…”

Resonó muy dentro, pero no me sentí viejo. Me sentí grande y logrado. Y no solamente porque Mateo sepa qué chingados es el cinturón de Kuiper sino porque preparé un madrazo de Hot Cakes que compartí con todos y todos eran esa mañana mucho muy felices. Conmigo.

Yo más que todos, quizá.

El ñoñómetro en casa alcanzaría más tarde nuevos niveles insospechadamente altos cuando fuimos a comprar Mangas de Pokémon Black & White, Yokai Watch y Comics de Star Wars.

Los leímos juntos un rato antes de terminar el día.

Héctor Daniel

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