A Mateo, Marcos y Juan, porque ya crecerán (9) - De amor, desamor y pendejos corazones
A Mateo, Marcos y Juan, porque ya crecerán (9)
- De amor, desamor y pendejos corazones
¿Qué será eso, del amor?
Tiene tantas formas.
Es más fácilmente reconocible en la madre, porque todos amamos a la propia y también cuando alguien “no tiene madre” es porque está incompleto y quizá es tan pobre y miserable que no conoce el amor. Por supuesto que en un “chingasatumadre” lo que menos piensa uno es en amor, pero supongo todo va junto con pegado.
En los hermanos también hay amor, pero diferente. Es filial. Es eso que te empuja a querer caerle a chingadazos al que traiga pedo con tu carnal, aunque la razón te diga que tu carnal es responsable y quizá incluso culpable de lo que sea que la situación le acuse. Pero eso ¿qué importa?. Es tu carnal. El que se mete con él se mete contigo y si eso no ha sucedido y no ha sido puesto a prueba es porque simplemente no se ha ofrecido, no porque no exista. Ahí está.
Entre amigos también existe ligeramente distinto: es el amor por el camarada, el compañero de armas, el guerrero en la trinchera, el sobreviviente de la aventura y del naufragio, aunque el naufragio haya sido una peda de dos días y la aventura haya sido un viaje que terminó con todos pidiendo prestado. Este es de mis predilectos porque si los amigos son los correctos se difumina con el amor filial y es como si hubieras escogido sin querer a tus hermanos para toda la vida.
Y todo esto es verdad y todo esto existe y más, pero no es eso lo que les quiero contar.
Quiero contarles, por si crecen y un día no estoy, del amor que luego se da con alguien más.
Y como siempre, si crecen y leen esto, ojalá les sirva.
Es el estómago – y no el corazón – el portador de la verdad.
¿Y el cerebro? Vamos poniendo esto claro. En términos de “amor” el cerebro es tu amigo pendejo, ese que te dice la puta verdad y lo valoras muchísimo, pero también evitas ir a preguntarle corriendo lo que piensa cuando sabes que la estás cagando.
El cerebro te va a decir lo que verdaderamente te conviene, lo que sabes y siempre has sabido pero deseas ignorar y encima de todo va a intentar predecir lo que va y no va a funcionar. Si eres intuitivo: va a tender a tener la razón, siempre (¡puta madre!).
Y aunque siempre tenga razón, al tenerla es y seguirá siendo un pendejo, porque el amor es más bien instintivo y se trata de sentir y jamás de pensar.
El que piensa el amor, se lo pierde.
El estómago en cambio y sin pensar, todo lo siente y lo presiente. ¿Mariposas en el estómago? Me parece un expresión de lo más pendeja, pero supongo tiene algo de verdad porque la cosquilla ansiosa de estar con alguien especial no es en el pecho ni en la frente sino ahí (y en otros lados, que no pienso discutir aquí, mucho menos poner por escrito, que estas madres las lee su mamá – y TAMBIEN su Tita - y aunque no lo crean, soy pudoroso).
El estómago trae el sentimiento y como no piensa, te lo presenta en estado puro y natural. Por eso la mariposa. Por eso también, cuando el amor te da un chingadazo bien dado, se siente como una puta puñalada en el estómago. Si no me creen es porque no les ha pasado.
¿Y el corazón? El corazón es un cero a la izquierda, que ni siente ni piensa. Es un puto cliché. Es ridículo y rojo y lo venden en forma de globo pendejo, para regalar. Neta no le hagan caso.
¿Se confunde el amor?
Por supuesto. Sobre todo cuando se es joven y pendejo…digo…er…cuando se es joven e inexperto.
El amor se confunde típicamente con deseo. Con ganas. Con hambre de crecer y ser grande y hacer y deshacer.
Se confunde con calor, con otro cuerpo que aterroriza y espeluzna y divierte con terror si se descubre, al mismo tiempo, como montaña rusa, como puto “Bungee Jump”, que pinchi miedo pero ¡qué padre! ¡Otra! ¡Otra!
Está mucho muy cabrón ser joven por todo esto. Porque el cerebro se apendeja, el estómago por cualquier cosa responde y manda señales como imbécil y todo son fantasías y sonrisas y el momento, tan mágico siempre en el presente, tan hermoso al recordarlo cuando es inconsecuente y tan terrible cuando es trágico al suceder, cada vez que se recuerda, se vuelve a vivir, para bien y para mal.
Ese pedo es una bendición maravillosa y una puta maldición de bruja culera de cuento, al mismo tiempo.
Entonces, les garantizo que van a amar. Luego van a creer que aman y luego, peor aún: creerán que son amados para luego darse cuenta que no, al menos una vez. Y van llorar.
Ya sé. Está bien súper de la chingada.
Entre ustedes debieran ser capaces de acompañarse y decirse y consolarse y empedarse, si fuera necesario, para sacarse esos demonios, esas expresiones, ese sofocamiento terrible que solamente puede producir el desamor.
Pero si no fuera entre ustedes: aquí estaré yo. Será un honor ser su padre cuando el desamor llame a la puerta.
Si no fuera conmigo, lo sabré entender. En cuyo caso: vayan con un buen amigo.
Pero vayan con alguien. Porque eso requiere curarse, siempre.
Entonces: ¿Qué es el amor?
El amor no tiene ninguna explicación, pero lo explica todo.
Es música que solo tú comprendes.
Hay gente muy pendeja que luego dice “música que te hace bailar” pero no entienden que eso es solamente para la gente que baila y además: la música más sublime es virtualmente inbailable. Si su puta explicación fuera verdad, pinchi Chayanne sería así como el Rey del Amor. ¡Pues no mames! Pero cada quien su versión…
Tan chingón es el amor, que lo empareja todo, lo envuelve todo, lo resuelve todo, lo cubre todo con un manto de idiotez con sonrisa pendeja y casi siempre en una cobija de alegría con sábanas de tristeza.
Son ganas de verlo todo mejor, son colores más brillantes, son luces más claras, risas fuertes y cristalinas y naturales y simples y profundas.
Amor es pan dulce recién salido del horno, aunque haya gente mucho muy pendeja que luego salga a preguntar “si no hay con Splenda” y mamadas de esas. Puta madre. ¡Mejor no traguen!
Amor es placer.
Amor es entrega.
Amor es paciencia.
Amor es comprobar con la distancia que se extraña y a la llegada que por dentro al instante todo se llena.
Amor es soñar despierto y construir realidades paralelas, futuros improbables, destinos compartidos que lucen lejanos hasta que ni puta cuenta te diste y ya estás ahí, ya llegaste, ya sucedió, ya lo tienes y es para siempre.
Si se es amado se es privilegiado y si no se es, simplemente se existe. Si se es así: no se me ocurre cosa más triste.
Se vive para amar y si no se ama no se vive. Es un puto privilegio impensable. Es la cúspide de la vida.
Y en esa cúspide: están ustedes.
Héctor Daniel
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