El temblor
El temblor
El día de ayer en medio del escándalo mediático de la influenza porcina en México y el mundo se suscitó un temblor en el Distrito Federal. Después del episodio de 1985 la ciudad tiene un trauma colectivo perfectamente comprensible. Si bien la noticia aparentemente no pasó de la anécdota, desencadenó un fenómeno comunicativo interesante. El temblor fue de 5.1 grados en la escala de Richter y las opiniones generalizadas no se hicieron esperar. En una conversación muy cotidiana escuché de todo. Hubo gente que se escandalizó por la "magnitud" del evento. Yo como no tengo ni idea de como interpretar la escala de Richter no pude más que integrarme con rostro de consternación generalizado asintiendo a todo tipo de exclamaciónes. Dudo muchísimo que alguno de los otros que participaban la comprendieran también. Nadie se arriesgó a decir que no la entendía (primero muerto que parecer imbécil), sin embargo sí hubo uno que lanzó la pregunta:
"¿De cuánto fue el del '85?"
Ahí todos exhibimos ignorancia, hubo quien dijo de 6, de 7 y hasta de 8...alguien dijo que dependía más de si era trepidatorio u oscilatorio y de la cantidad de minutos del evento para que fuese igual de devastador y hubo quien confirmó que el de aquél entonces fue combinado...yo creo que los de mente más estrecha se imaginarion que tembló "en diagonal" y otros tantos se quedaron en la palabra "trepidatorio"....yo no me acuerdo la verdad, no tengo claros los conceptos, no se de cuántos grados fue, ni cuánto duró...pero opiné.
Con motivo de la influenza y la epidemia tan publicitada me topo con estas mismas circunstancias. La cantidad de desinformación es impresionante y en la era de la información nos ahogamos en mensajes, avisos, versiones de la verdad, cuestionamientos y muchas, pero muchas mentiras. ¿Pero qué es mentira?
Evidentemente los simples mortales no estamos en posición de discernir en todo momento la verdad. Nos queda lo que los medios nos entregan y lo que los cientos de amigos, parientes, parientes políticos, compañeros y anexos nos dicen en todo momento. Desde el jueves he escuchado cantidades de muertes y de contagios distintas (hubo quien me aseguró hasta 5000 contagiados), otros me dijeron de muertes en un hospital privado en Guadalajara que cuidadosamente esconden, otros tantos me aseguran que NO debo comer alimentos frescos...e incluso he recibido mensajes donde alguien anónimo por supuesto "tiene el valor" de delatar la gran conspiración que vivimos, el circo mediático en torno a un hecho falso por intereses mesquinos de grupos obscuros en una confabulación mundial de proporciones nunca vistas (que cuestiona las coincidencias de la última reunión del G7, la crisis económica mundial, la visita de Obama a México y los millonarios interesas de las farmacéuticas)...Dan Brown y su código Da Vinci se quedan pendejos pues.
Algo sucede que somos parte de la ola de desinformación en todo momento. Nos gusta opinar, ser escuchados, que la gente crea y esté de acuerdo con nuestras ideas y no detenernos a pensar si en verdad aportamos algo, si no hacemos un mal bien intencionado...qué problema descifrar la verdad en un mar de mentiras, verdades, versiones y percepciones. Pero más allá de lo que es o no, es la prudencia y la mesura la que en situaciones de crisis debe imperar. Qué lejos estamos del primer mundo. Es en momentos como este cuando es más tangible.
Independientemente de la crisis de la influenza porcina en la que estamos metidos mentalmente o no, es de llamar la atención esa necesidad tan mexicana de descifrar los negros intereses en el todo. Esto bien pudiera llamarse el síndrome "A mi no me hacen pendejo" donde individuos de todos los estratos sociales se dedican a sistemáticamente negar todas las versiones oficiales por una alternativa que en su universo es muchísimo más plausible. En ese universo son la corrupción, los obscuros intereses económicos y las Maestras Gordillo quienes gobiernan y dictan el diario acontecer. De acuerdo a estas personas es por este síndrome que canonizaron a Juan Diego, que Jorge Vergara se hizo millonario, que Andrés Manuel realmente ganó las elecciones, que derribaron el avión del Secretario de Gobernación, que el Presidente le ordenó a Javier Aguirre tomar la selección y más recientemente que vivimos la epidema que vivimos....
Cierto o no, no es importante. Sin embargo valdría la pena cuestionar la energía dedicada a estos esfuerzos y si vale la pena seguir invirtiéndola de esta forma. Yo tengo un deber social, un rol como empleado, como jefe y también subordinado, como padre, como esposo, como hijo, como hermano, como amigo...en tiempos de crisis tengo un papel que desempeñar. Si en mis manos están el no propagar el pánico, los miedos, la descepción, la intriga, la transa...lo haré. Si en algún momento estoy en posición de frenarla: lo haré también. Ingenuo o no, tengo que creer que las cosas se pueden manejar y que las realidades que no me gustan pueden cambiar. Comienzo por mi mente y doy consistencia a mis acciones.
Y ante la influenza...acataré todas las disposiciones sanitarias oficiales ya tan citadas en todos lados. Cuidaré de mi niño y mi esposa. Seré prudente dónde me meto y si en realidad necesito salir o no. Y dormiré tranquilo.
Héctor Daniel
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