Pequeños secretos vergonzosos
Pequeños secretos vergonzosos
Como gran parte de la vida se fundamenta en fachadas, vamos acumulando con los años una serie de hábitos y gustos casi vergonzosos que muy difícilmente andamos confesando por ahí. Yo por ejemplo al casarme nunca le conté nada de esto a mi flamante esposa y ella divertidísima ha ido descubriendolos conforme pasa el tiempo. Nadie se escapa: creo que es de humanos tener detalles de este tipo y tampoco nadie me engaña: el que diga que no esconde nada es mentiroso. Muy mentiroso.
En un esfuerzo de recopilación de todo aquello que hago pero que en realidad me da verguenza, por vez primera y en primicia mundial me confieso. Sean buenos por favor al juzgarme, recuerden: el que esté libre de pequeños secretos vergonzosos que tire la primera burla. Aquí voy:
1) El tema de "La Historia sin Fin"
Hay canciones que por más infantiles o ridículas nos acompañan de por vida. En las chicas esto ha sido más notorio cuando las descubro cantando canciones de su infancia de "La Onda Vaselina" o las más ridículas de "Timbiriche" en grupo y sin alcoholes de por medio. A ellas no les da pena. A los hombres sí. En mi caso una de esas canciones ha sido el tema de "La Historia sin Fin", que gusto de cantar en voz alta en el coche cuando me la encuentro en el radio y pienso que nadie me escucha. Como nunca alcanzo el tono correcto, el resultado es una catástrofe auditiva del terror. Mientras canto en el auto procuro ponerme a cierta distancia de los demás en los semáforos: para que los otros no se den cuenta. Así disfruto mejor las letras: "¡Never ending stooooo-oooreeeeyyyyy! A-a-aaa, A-a-aaa, A-a-aaaaaaaa!"
(Si tambien te lo preguntaste, la respuesta es NO: no me imagino que soy "Atreyu" mientras canto. NO, tampoco imagino que mi Honda Accord se convierte en "Falkor" camino a casa).
2) El TV Notas
Las revistas de chismes de los artistas son placer de cientos de miles. Sin embargo el que yo vea una revista de estas características me hace sentir que a los ojos del mundo que me observa empequeñezco. Difícil de explicar. Lo cierto es que si bien jamás he comprado una de estas revistas (puedo casi escuchar tus incrédulas burlas), en el supermercado me gusta verlas de reojo y hojearlas secretamente para darme una idea del bajo mundillo de la farándula...y ver fotos horriblemente comprometedoras de gente famosa que no conozco. Si el lugar donde está la revista es muy concurrido, simplemente la evito y pretendo no conocerla. Si en cambio hay buen espacio y poca gente, me detengo y le doy una revisada de volada. Si traigo una National Geographic o un Time Magazine en la mano mientras husmeo, mejor: así puedo dar la impresión de que estoy haciendo una investigación de interes científico o periodístico, lo que justifica el TV Notas en mi poder. Lo peor de todo es que a NADIE le interesa excepto a mi. Asi de fuerte es la culpa.
3) Yo SOY Corazón Salvaje
Para el que no lo recuerde, "Corazón Salvaje" fue una telenovela donde Eduardo Palomo hacía de aventurero-marinero-bucanero y enamoraba a Edith González al estilo de las grandes novelas rosas de época que aún se publican en editoriales baratas. Pues bien: YO vi completita la novela. Y eso no es todo: en más de alguna ocasión imaginé que no era Eduardo Palomo quien enamoraba a la guapísima Edith, sino YO. Y para rematar: el tema de Mijares me sigue pareciendo excelente. Punto.
4) Temibles insectos rastreros
Esto ya no es tan secreto en algunos círculos: cuando sale una cucaracha y se me aproxima brinco como niña convulsa para evitar que me toque. La reacción de nena es directamente proporcional al tamaño de la sorpresa que la estúpida me proporcione. Así las reacciones varían entre una simple retirada de la habitación (prefiero quedarme con hambre o con sed que retarla a un duelo, si es que salió en la cocina por ejemplo) o un brinco descarado con grito de Ned Flanders incluido. Si no sabes como grita Ned Flanders, buscalo en You Tube. Ya te imaginarás...este pequeño trauma tiene una explicación perfectamente coherente, pero no me voy a gastar en explicarlo.
5) ¡Eh, Candy!
En los 80's y ya como repetición en televisión, apareció la famosa caricatura-telenovela "Candy Candy". En ella se narraban las aventuras de una niña llamada Candy quien a principios del siglo XX crecía y era pretendida románticamente por unos cuates, entre ellos el más representativo era Antony. Cada episodio la chica lloraba y lloraba. Vi "Candy Candy" completa y me impresioné muchísimo con la muerte de Antony (muere de la manera más estúpida: se da con una rama y cae del caballo). Lo peor fue que una gitana lo había predicho capítulos antes porque en las cartas le salia la Muerte ¡y nadie lo pudo evitar! Todavía me da coraje. El drama de Candy Candy es la telenovela más cursi que ha existido en la historia y si bien era un producto para niñas, yo la vi completita, esperando que algún día fuera feliz con alguno de los pretendientes esos que sobreviven a Antony con los que por algún capricho del libreto nunca cuaja nada. Doblaje al español argentino incluido. ¡Que triste! Y no, nunca lloré. Pero mi primera aproximáción al romance fue aqui. ¡Y qué!
Y aquí mejor le paro porque no estoy sicológicamente listo para narrar el resto. Pero si es que me lees, más vale que reconozcas tus propios trapitos sucios antes de hacerme pedazos la próxima vez que me veas. A nadie engañas: tú has de tener una lista muy parecida a la mía. ¿O no? Mejor no respondas.
Héctor Daniel
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