Accesorios Inútiles
Accesorios Inútiles
El día de hoy llegué a comer a casa con Adrianita La Reina Madre y el Principito y a diferencia de otros días en semanas pasadas reparé en una cajita que guarda un juego de 5 cuchillos para mantequilla con la cabeza de Santo Clós…sí, cuchillos para mantequilla….navideños. Llevan como 2 semanas arriba del horno de microhondas. Antes recuerdo haberlos visto en el cuarto donde tengo mi computadora junto al teclado y a los cables de mi I Pod, y después por insólito que parezca los vi en unos cajoncitos del baño principal donde guardamos los jabones y cremitas de bebé. ¿Qué carajos hacen unos cuchillos de mantequilla navideños en todos estos lugares en mi casa? Mejor pregunta aún: ¿De dónde salieron? La pregunta madre, si es que fueron un regalo: ¿A quién se le ocurre regalar cuchillos para mantequilla? Me detengo y pienso en todos aquellos accesorios nefastos que me rodean. Y eso que llevo 3 añitos de casado. Intento imaginarme cómo será mi casa después de 25 o 30 años de acumular accesorios inútiles para el hogar. Me acongojo. Repasando todo aquello que es estúpido, inútil e impráctico hoy en día rondando por nuestras casas, las de nuestros padres, tías solteronas, abuelas, suegras, veamos pues todo aquello que es nefasto y no tiramos, nomás porque no.
Los portaservilletas: se trata de unos aritos muy coquetones que sirven para meter tu servilleta cuando ésta es de tela…o sea, no sirven para ni madres, pero se ven bonitos y además “visten” la mesa. Bajita la mano puedo afirmar que en la casa de la mamá y de la suegra hay cuando menos un jueguito de éstos, para cuando haya alguna “cena elegante”. Por supuesto que nunca hay de esas cenas, excepto en Navidad si es que en casa son de mucha pompa en las fiestas.
Los cubre rollos de papel de baño: porque seguramente poniéndolos disfrazas de manera efectivísima el rollo de papel descansando arriba del tanque del agua del escusado. Me pregunto: ¿por qué razón es necesario disfrazar el papel de baño, si éste está efectivamente dentro del baño, donde va? Los he visto de todos, de tela cuadriculada, de toalla e incluso unos que parecen latas de galletas de mantequilla holandesas. Estos sí que me agreden un poco la vista y la percepción para ser honesto. Nunca se me había ocurrido comer galletitas mientras estoy en el baño. Ahora no puedo evitar pensarlo.
Las licoreras: éstas mientras más finas, peor. Es curioso que en la cristalería mientras más fina menos probable es que se te antoje usarla. Ya ni se diga si es cristal cortado de algún lugar extraño como Checoeslovaquia, Polonia, Hungría o Transilvania. Cuando te regalan licoreras siempre son bienvenidas, porque se está regalando una fantasía muy masculina: el bar, el country club, el club privado británico donde se fuman puros y se discute política tomando cognac. Y he aquí donde radica el principal problema de las licoreras: para que en verdad luzcan y justifiquen deben llevar estúpido cognac… y yo tomo Cerveza , Jack Daniels y Wyborowa.
Los caminos de mesa: no son manteles. No son manteles individuales. No puedes comer encima de ellos, ni limpiarte los dedos, ni poner encima tu plato o tu vaso…son el adorno más inútil de la historia de las mesas de comedor. Pero se ven chick.
El porta vasos y porta cepillos de dientes Helvex: sí, el mismo que has visto empotrado en la pared de tu baño justo por encima del lavabo por años y años (o en el baño en casa de tus padres, probablemente). El asunto del vaso me parece aún más sorprendente: no conozco a nadie que use un vaso para lavarse los dientes, mucho menos que alguien ponga un vaso ahí para que acumule sarro y vestigios de pasta de dientes que le darán un tono grisáceo horrorosamente falto de pulcritud. E increiblemente estos accesorios aún se instalan...
El juego de té: este es a las mujeres lo que las licoreras a los hombres. Por alguna cuestión nostálgica infantil cuando las chicas van a escoger su “Mesa de Regalos” siempre terminan metiendo un pendejo juego de té. ¡Por favor! ¡No engañan a nadie! Todos sabemos perfectamente que el último servicio de té que sirvieron lo hicieron con sus invitados el muñeco “Ken”, “Barbie”, alguna mona de “Rosita Fresita”, “Rainbow Brite” y si les latían las fiestas de té inter especies alguno que otro pony.
Los candelabros de Frankenstein: sacados directamente de alguna escenografía lúgubre donde el Hombre Lobo, el Dr. Frankenstein o alguno que otro Vampiro habite, tener candelabros en forma de tridente y con facha de antiguos es la cúspide del accesorio-tiliche. Demasiado pesados para tirarlos a la basura, demasiado antiguos como para regalarlos, demasiado anticuados como para usarlos en una velada romántica, estos están condenados a permanecer en un rincón del comedor hasta que entre algún raterillo cliché a tu casa y se los lleve...es decir: nunca.
La sopera: ¿quién que no sea banquetero utiliza una sopera? El concepto es no andar mostrando por ahí la cazuela sucia donde haces la sopa, pero a decir verdad a nadie le importa si está cenando en casa. Usar una sopera implica cocinar la sopa, transportarla a un recipiente del que luego la tendrás que sacar para servirla a otro recipiende de donde la coméras. Esto tiene tanto sentido como agarrar tu carro para ir al sitio de taxis para dejarlo ahí y que te lleven al trabajo.
Los cubre tapas de escusado: suelen ser navideños, pero también los hay de peluchillo, tela extraña setentoide aterciopelada, estilo tapete de perro o en su defecto los hay también bordados. Los navideños son caso aparte, con la cara de Santa Clós sonriendo en la tapa que cuando levantas para sentarte en el baño revela al mismo Santa pero tapándose los ojos. En casa de mi suegra solía haber uno de estos en el medio baño de visitas, solo que cuando levantabas la tapa el Santa Clós solamente se tapaba un ojo…el muy pervertido. Particularmente nefastos son todos aquellos que por volumen impiden que la tapa del escusado y por lo tanto el asiento permanezcan en posición vertical…lo que en los hombres genera todo un acto de acrobacia y equilibrismo sin parangón al tener que orinar con las rodillas ligeramente flexionadas y con una mano deteniendo la postura vertical del asiento y la tapa, con la otra naturalmente ocupada. La otra alternativa es orinar sentado con el asiento y la tapa recargados en tu espalda mientras realizas el trámite, algo que raya en lo indigno aunque estés solito y nadie te vea…porque los niños orinan parados y las niñas sentadas. Y punto….¿y de qué estábamos hablando?
Héctor Daniel
/image%2F1198194%2F20151102%2Fob_0a2579_image.jpeg)