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El blog de Hector Grave

La bella cotidianeidad

22 Febrero 2013, 12:34pm

Publicado por Hector Grave

La bella cotidianeidad

 

¿Qué sería de la vida sin el disfrute del momento diario? Cuentan los que suelen padecer el altibajo emocional estacional o con relativa frecuencia que parte del problema radica en la vida cotidiana y la rutina pero hay tantas cosas tan disfrutables, plácidas y cálidas en el “diario” que, depresiones aparte, creo que es un problema como muchos enteramente de perspectiva.

Sin la rutina ni el diario no encontraría el gusto de disfrutar a plenitud un baño. Tampoco habría una batalla campal para bañar niños en la casa incluyendo la exploración del mejor método para resolver el problemón que se ha convertido meterlos en la tina. Sin la rutina no habría juegos con mis niños y me perdería del placer más puro que es verlos crecer. Me perdería también del gustazo que es encontrar un punto ligero de presión en La Reina Gerente del Hogar para explorar si es viable causarle una ligera molestia que termine en una carcajada de los dos (normalmente más mía que de ella, pero sé que le divierte que la moleste porque los ojazos de la Reina Madre Gerente del Hogar no mienten). Sin la rutina no tendría la satisfacción de un día de trabajo bien hecho, o la victoria de sentir el final de un día de trabajo que se esforzó en dejarme maltrecho en cambio y al que naturalmente no se lo permití.

Aquí una brevísima lista de eventos cotidianos recientes con los que no puedo más que sonreír. Ojalá la vida siga siendo tan buena conmigo y me permita acumular muchos más hasta que me dure “la viada” o “el raite”.

 

El chorro del agua mañanero

Es muy cliché esto del placer de bañarse y normalmente tiende a ser ritual más femenino que otra cosa con todo el conjunto de cremas, shampoos, “shower gel” (lo que para mí en realidad es un shampoo con un problemón de identidad porque en realidad quisiera ser jabón), esponjas, estropajos y sus parientes pretenciosos (como tenemos todos) las “loofas” y las sales de baño. No me refiero a esto. Mi lado femenino no da para tanto – gracias Señor – y además qué hueva porque con tanto accesorio el baño se te ha de convertir en un proceso con tareas definidas y un orden específico, lo que según mi entender es trabajo y no placer.

El placer del baño es tomar conciencia del agua que te cae encima, cerrar los ojos y largarte del mundo un rato a hacer nada. Hacer nada implica además de no hacer el no pensar y mi experiencia particular es que únicamente por un brevísimo momento durante el baño es que puedo. Es una maldición a veces no poder dejar de pensar, lo que además creo que es entre otras cosas la mamá del insomnio y otros males que esporádicamente van y vienen.

En mi casa – que es tu casa (lo que por cierto nunca será cierto, pero así se dice) – el gusto del baño viene añadido por un desperfecto que mi negligencia ha impedido que sea reparado. Hace ya como 9 semanas que se madreó la “cebolla” de la regadera (esto de la “cebolla” se lo escuché a un arquitecto en los 80’s y me impactó porque la pendejada esa sí parece cebolla y además se me hizo súper inteligente que algo tan cotidiano tuviera el nombre de algo tan cotidiano). Perdón, divago otra vez. Me regreso.  Como no hay “cebolla”, pues el agua cae en chorro directo estilo manguera del jardín lo que lejos de ser un retroceso es una mejora mayor porque han de saber que en mi casa  - que es tú casa pero en realidad no – no hay absolutamente ni madres de presión del agua, lo que además de subir la no-productividad al 200% a la hora de lavar los trastes refuerza aquél dicho de “moja más una meada de perro” lo que constantemente he pensado, confirmado y vuelto a corroborar. Alguna vez le dije a “Don Señor el que arregla los baños” (no me acuerdo del nombre) que me interesaba un hidroneumático a lo que me respondió con un “pos mire, yo se lo compro y se lo instalo, pero la tubería de estas casas no aguanta la presión, entonces luego se rompen con unos cuatro o cinco años y es un problema mucho muy caro luego repararlo”. Al explicarme por qué no me convenía instalar un hidroneumático “Don Señor el que arregla los baños” me pincheó la tubería y de paso la casa, algo en lo que no reparé sino hasta después, al estar al momento inmerso en la visión del Apocalipsis hidráulico que vaticinó.

Pues resulta que el chorro sin “cebolla” estilo manguera del jardín en mi regadera trae una presión de poca madre. Lo tengo que reparar pero no quiero. Está tan fuerte y saludable que en una de esas si te descuidas sí te anda lastimando por lo que hay que calcularle muy bien la trayectoria y el ángulo con que uno le pone resistencia.

 

Hombres de Acción

El Mateo tiene unos monos de los Avengers en una escala en la que yo nunca tuve monos pero siempre quise. No sé nada de “escalas” ahora que lo pienso, pero para explicarme les diré que cada mono mide más o menos unos 20 centímetros y además gozan de la increíble cualidad de poder permanecer en pie: lo que en mi infancia era impensable en una figura de acción. Así jugamos a “Los Superhéroes” – palabras de Mateo – y en el juego aparecen Hulk, Thor, Capitán América, dos monos de Spider Man, un Iron Man de pilas que camina y en otro tamaño un Hawkeye, un Batman y un Nick Fury. Los villanos están integrados por unos monos del tianguis de los Power Rangers y unos Samurais Robots de plástico con rebaba todavía de peor calidad que los primeros. Es una batalla campal. Juan Pedro se integra al juego apoderándose del Iron Man e integrando lo que en su visión es el Padre del Superheroísmo: Buzz Lightyear. Se dedica fundamentalmente a golpear otros monos con los suyos con un gruñido poderoso incluido para luego preguntarles: “¿etas mien?”  Le dura la dinámica unas 22 repeticiones, lo que creo que es muy adecuado para su edad.

 A mi normalmente me dejan al Hulk, lo que me permite gruñir por la casa y decir estupideces con libertad como “GOLPEEE HUUUULK” y cosas peores. El Hulk es sin lugar a dudas mi mono favorito, salta por toda la casa, patea monos villanos, se cuelga de las paredes y aterriza en las almohadas. Tiene el defecto de hablar más como cavernícola que como Hulk porque no encuentro una mejor manera de interpretarlo, pero Mateo y Juan Pedro no parecen ser exigentes.

Hace unos días jugábamos y Mateo me decía en medio de la complicadísima trama que estaba entre tejiendo algo como que “teníamos que trabajar con el Presidente” a lo que Hulk en mano yo respondí con un “¡OOOH, HULK TRABAJAR CON PEÑA NIETOOOO!”. La Reina Madre Gerente del Hogar me dedicó una risa maravillosa acompañada de unos ojos que palabras más palabras menos me dijeron algo así como “que pendejo estás” lo que con el mono en la mano no estuve en posición de negar.  

 

Entrenamiento en cómo usar calzones

Juan Pedro ya creció y con él crecieron sus pañales y todo lo que cae dentro de ellos. Hace algunos meses se me ocurrió reportar esto como una emergencia que forzosamente tendría que resultar en un entrenamiento intensivo en el uso del baño y de calzones. Como hace algunos meses estaba entrando el invierno fui apabullado por múltiples mujeres donde se me explicó como si fuera yo salido de las hordas barbáricas que en invierno no se les debía de enseñar porque con el frío era más difícil y no controlaban bien  y …..(aquí me perdí en toda la argumentación, porque en mi mente pensé que quizá la reacción se debía a que vivíamos en Helsinki y que el baño como en los ranchos de antes estaba en el centro del patio de la casa a 50 metros del techo más cercano, lo que por lo tanto significaría que además de inhumano soy muy pendejo por haberme atrevido a sugerir el inmediato entrenamiento en uso de calzones de mi retoño). Para cuando volví el acuerdo general era que en cuanto entrara la primavera había que empezar, a lo que todas las mujeres asintieron y yo me fui con las orejas gachas y la cola entre las patas a sentar y a comer papitas.  

Pues no llegó aún oficialmente la primavera pero si se fue el frío por lo que La Reina Madre Gerente del Hogar se armó de valor, me mandó a comprar chonitos al súper y se aventó el tiro. Juan Pedro mostró ser un niño ejemplar para hacer pipí, se llevó ovaciones de pie cada que tuvo éxito y de premio cada vez se llevaba un abrazo de su padre que le decía lo orgulloso que estaba de él. Eso de hacer pipí en el baño se le dio natural, el muchacho tenía talento.

Para lo otro no tuvimos tanta suerte. Juanito no es dado a sentarse mucho tiempo en el baño, lo que interrumpió muchas veces el proceso como es de esperarse (y que por cierto me induce a pensar que no será de los que disfrute la lectura en el trono, pero es todavía muy joven para decir).  Sacamos toda la artillería: sobornos con juegos del Ipad de la Reina Gerente del Hogar, todo el video de “Elmo Popó” por Youtube, simulaciones con un mono de Elmo bebé que casi solito entrenó a Mateo y quien esperábamos tuviera el mismo éxito con Juan. Al final y al día de hoy, después de 10 vigorosos días, Juan Pedro es ya oficialmente un niño en calzones. Para el horroroso recuerdo quedan por ahí un evento escalofriante a medio baño en la tina de mi recámara (debí suponer que el agüita calientita tendría ese efecto) y cierto descubrimiento en el piso del baño de visitas que quiero creer Dios mediante era otra cosa, misterio que nunca será resuelto.

 

Nos está creciendo la familia

Tenemos una minivan buenísima para todo esto de transportar a la tropa. Con sus puertas corredizas automáticas y cajuela como para sarcófagos si le bajas el asiento de atrás, la camioneta es una chulada y – ahora lo acepto – sin lugar a dudas el mejor carro que hemos tenido. Pero no es mía, es de la Reina Madre Gerente del Hogar, quien la disfruta, goza y además se la merece. En cambio su servidor anda por la ciudad y va a su oficina en un carrito cuatro puertas de 4 cilindros con el motor más eficiente (esto es como le dicen en las agencias a los motores más pinchis) que se haya visto. Esto no me provoca conflicto, pero sí me hace suspirar cada que veo una buena pickup con una buena cajuela que en mi prejuiciosa imaginación lo hacen ver a uno muy machín y más intimidante al menos físicamente. Nos paramos en un alto y al lado vi una preciosísima Nissan Frontier y le dije a la Reina: “mira…para cuando tengamos el perro” (ah, porque estoy encaprichado en un perro a pesar de mis alergias, pero eso es tema para otra ocasión). La Reina Gerente del Hogar me puso a raya con un muy sólido y autoritario “¿Y dónde vas a poner a la niña?” a lo que totalmente acorralado no supe responder y le dije “Er…pues atrás, con el perro…” lo que ella con esta ternura que las esposas solo le tienen al bien amado marido me soltó un “eres un idiota” y me sonrió como solo ella sonríe para mí.

 

No, no estamos esperando una niña, ni se aceleren. Además, ¿quién dijo que va a ser niña?

 

 

Héctor Daniel

 

 

 

 

 

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